En Estados Unidos hay una frase muy conocida en el sector del transporte: “If you bought it, a truck brought it” (si lo compraste, un camión lo trajo). El lema se popularizó en los años setenta y ochenta entre los movimientos sindicales de conductores —especialmente entre el poderoso sindicato Teamsters— como una forma de recordar que, sin los camioneros, parte de la economía del país se detendría.
Alimentos, productos industriales, electrodomésticos, ropa o materiales de construcción recorren miles de kilómetros cada día en camiones que conectan fábricas, puertos, centros logísticos y supermercados.
En ese ecosistema logístico opera Kristy Knichel, CEO de Knichel Logistics, una empresa estadounidense especializada en transporte de mercancías. La compañía coordina el movimiento de productos por todo el país con servicios que combinan camión y ferrocarril.
Desde pequeña dedicada al mundo del transporte
Kristy nació en Pittsburgh (Pensilvania) y comenzó a trabajar desde muy joven en la empresa familiar como coordinadora de transporte intermodal, el sistema que combina distintos medios de transporte —principalmente camión y tren— para mover mercancías de forma más eficiente en largas distancias. Aprendió el negocio desde dentro y pasó por prácticamente todas las áreas de la empresa: operaciones, recursos humanos, ventas o fijación de precios.
En 2007, asumió la presidencia de la compañía y en 2009 se convirtió en su principal accionista. Bajo su liderazgo, Knichel Logistics pasó de ser una pequeña empresa familiar con unos pocos clientes a una firma logística con facturación de decenas de millones de dólares al año, especializada en transporte ferroviario, carga por carretera y servicios logísticos para empresas que mueven mercancías por Estados Unidos, Canadá y México.
Con los años, Knichel se ha convertido también en una figura conocida dentro del sector logístico estadounidense. Participa con frecuencia en asociaciones profesionales del transporte y en encuentros de la industria donde se analizan los retos de la cadena de suministro. En un sector históricamente dominado por hombres, su trayectoria se cita a menudo como ejemplo de liderazgo femenino en el mundo del transporte y la logística.
El negocio de la empresa depende en estos momentos de un factor que no puede controlar: el precio del diésel. El transporte por carretera es uno de los sectores más sensibles a las fluctuaciones del mercado energético. Y con las tensiones de la guerra en Irán y el bloqueo en el Estrecho de Ormuz, el precio del petróleo ha llegado a superar los 100 dólares el barril de Brent y los combustibles se han encarecido a uno y otro lado del Atlántico. El impacto en Estados Unidos ya es visible y se ha trasladado al gasóleo de los camiones.
Para compañías logísticas como la que dirige Knichel, las subidas del combustible afectan directamente a los costes de cada trayecto que conecta fábricas, centros de distribución y puntos de venta. Y ese incremento del diésel termina trasladándose gradualmente a lo largo de la cadena de suministro. Desde alimentos hasta productos electrónicos o materiales de construcción, prácticamente todos los bienes que llegan a tiendas o supermercados dependen en algún momento del transporte por carretera. Y el precio del galón de gasóleo —el galón estadounidense equivale a unos 3,8 litros— ya ronda los 4 dólares.
Para directivas como Kristy Knichel, el desafío consiste en gestionar esa volatilidad sin interrumpir el flujo constante de mercancías que sostiene el negocio. Las empresas del sector suelen responder optimizando rutas y ajustando tarifas para compensar el encarecimiento del combustible.
Pero incluso con esas estrategias, el diésel sigue siendo uno de los factores más determinantes en el coste del transporte. En una economía tan dependiente de los camiones como la estadounidense, cualquier subida del petróleo contagia a la cadena completa de la logística: desde el depósito de un camión hasta el precio final que paga el consumidor.
