Una sala de reuniones repleta de hombres trajeados. Las compañías petroleras más importantes del mundo se dieron cita el viernes con Donald Trump para tratar el futuro de Venezuela. Diecisiete empresas en total, entre ellas la española Repsol, y una sola mujer CEO: la máxima responsable de Marathon Petroleum, Maryann T. Mannen. Una imagen que dio la vuelta al mundo y evidenció la escasez de mujeres líderes en el sector energético y lo mucho que queda por hacer por la igualdad de género en las altas esferas.
Marathon Petroleum Corporation es una compañía estadounidense muy relevante en el negocio del petróleo y sus derivados. Fundada en 2009 tras la escisión de Marathon Oil, ha crecido hasta convertirse en el principal refinador de crudo del país. Su sede está en Findlay, Ohio, y es un componente destacado del índice S&P 500 en Wall Street.

Se trata de una empresa que no se dedica a la extracción de crudo —actividad típica de los grandes majors como Exxon Mobil o Chevron—, sino a su transformación en gasolina, diésel y otros productos derivados. Además, comercializa estos productos a través de una amplia red de estaciones de servicio y participa en operaciones de transporte y logística. Su sistema de refinación tiene una capacidad total superior a los 2,9 millones de barriles diarios.
Por ese peso estratégico, la Casa Blanca la incluyó en el listado de las compañías más significativas del sector. La Administración Trump busca inversión privada para reactivar la producción de crudo en el país latinoamericano, que posee las mayores reservas de crudo del mundo, pero cuya industria ha sufrido un colapso productivo tras años de mala gestión y sanciones prolongadas.
La lista de empresas invitadas incluyó nombres como Chevron, Exxon Mobil, ConocoPhillips, Halliburton, Valero, Shell, Trafigura, Vitol, Repsol, Eni y Tallgrass Energy. El mensaje del presidente fue claro: quiere que el sector privado invierta hasta 100.000 millones de dólares para revitalizar la industria petrolera venezolana. Y solo una mujer estaba presente con el poder suficiente como para hablar cara a cara con el presidente estadounidense: la CEO de Marathon Petroleum desde 2024, Maryann T. Mannen.

El ascenso de Mannen representa un hito en una industria históricamente dominada por ejecutivos masculinos. No ha llegado a la cima por sorpresa. Fue nombrada presidenta y consejera delegada de Marathon Petroleum en enero de 2024, tras haber ocupado desde 2021 los cargos de vicepresidenta ejecutiva y directora financiera, una posición clave en la toma de decisiones de la compañía. Desde ese mismo año forma parte también del consejo del socio general de MPLX LP, la filial de infraestructuras y logística del grupo.
Antes de su etapa en Marathon, desarrolló una larga carrera en el sector energético internacional. Entre 2017 y 2021 fue directora financiera de TechnipFMC, una de las grandes firmas mundiales de ingeniería y tecnología para la industria del petróleo y el gas. Previamente había ocupado ese mismo puesto en FMC Technologies, donde trabajó durante más de tres décadas y fue escalando posiciones desde 1986 hasta convertirse en una de las ejecutivas financieras más influyentes del sector. Este recorrido la sitúa entre el reducido grupo de mujeres que lideran empresas energéticas de gran escala en Estados Unidos, y más aún una que opera el mayor sistema de refinación del país.
Su presencia en el encuentro de la Casa Blanca no solo refleja la importancia de Marathon Petroleum en un contexto marcado por la volatilidad del mercado, los cambios regulatorios y las tensiones geopolíticas. Su papel, como máxima responsable de la mayor refinadora del país, resulta clave en un sector estrechamente ligado a la seguridad energética global, donde las decisiones estratégicas tomadas en foros de este nivel pueden tener repercusiones de amplio alcance.
Una mujer al frente de Marathon Petroleum pone además en valor el liderazgo femenino en un mundo donde las decisiones económicas de mayor calado siguen concentrándose, en su mayoría, en manos de hombres. No existe una expresión asentada equivalente a “hombres de negocios”, una ausencia lingüística que refleja hasta qué punto el poder corporativo continúa asociado en el imaginario colectivo a figuras masculinas. Imágenes como la de la reunión de Trump con las grandes petroleras, con una representación femenina mínima, subrayan el camino que aún queda por recorrer.


