Tienen uno de los negocios que más rápido crece del mundo, están recibiendo miles de millones de dólares, las grandes tecnológicas compiten por utilizar sus modelos y, aun así, ahora son sus propios responsables quienes piden bajar el ritmo. Si la carrera de la inteligencia artificial (IA) empieza a perder velocidad, ¿qué ocurre con las acciones que más han subido?
JPMorgan calcula que las grandes tecnológicas invertirán cerca de 800.000 millones de dólares este año y más de un billón en 2027. Ese dinero ha alimentado el crecimiento de fabricantes de chips, centros de datos, empresas eléctricas y proveedores de equipos. Si una parte de ese gasto se retrasa, también pueden cambiar las expectativas que la bolsa ha colocado sobre estas compañías.
A partir de aquí, la diferencia está en qué parte del negocio depende de que la carrera siga acelerándose y cuál puede salir favorecida si el desarrollo avanza algo más despacio.
Los primeros perdedores
Nvidia aparece en el primer grupo y fue también una de las primeras en recibir el golpe en Bolsa. Sus acciones cayeron un 3,4% el lunes, después de que las llamadas a ralentizar el desarrollo de la IA abrieran la posibilidad de que también se retrasara parte de la enorme inversión necesaria para entrenar modelos cada vez más potentes. El castigo, sin embargo, se ha ido diluyendo durante la semana y Nvidia ha recuperado prácticamente todo lo perdido, hasta volver a situarse ligeramente por encima del nivel al que había cerrado el viernes anterior.
El temor del mercado se explica por las cantidades de chips que exige cada salto tecnológico, ya que el último gran modelo de OpenAI necesitó alrededor de 100.000 GPU para ser entrenado y Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, ha señalado que su sucesor podría requerir un grupo de chips cuatro veces mayor.

Si esa siguiente generación se retrasa, también puede hacerlo parte de la demanda de los equipos más avanzados y caros necesarios para desarrollarla, un efecto que iría mucho más allá de Nvidia y alcanzaría a Oracle, CoreWeave, Amazon, Microsoft y Alphabet, que proporcionan la enorme potencia informática que requiere la IA, pero también a fabricantes como ASML, Infineon y Soitec, cuyo negocio depende, en distinta medida, de que siga aumentando la inversión necesaria para producir chips cada vez más potentes.
El impacto también llegaría a otro eslabón de la cadena: los centros de datos. Estas instalaciones necesitan obra, suelo, electricidad y enormes cantidades de energía, por lo que una menor velocidad en el desarrollo de nuevos modelos podría reducir o retrasar parte de las inversiones previstas.
En España, esa exposición aparece en compañías como ACS, a través de Turner y su actividad en la construcción de grandes complejos; Merlin Properties, que ha convertido los data centers en una de sus áreas de crecimiento; y Solaria, cuya estrategia también se ha vinculado al suministro energético y al desarrollo de proyectos relacionados con este tipo de infraestructuras.
Ahora bien, de aquí no se desprende que la inversión en infraestructura vaya a desplomarse. JPMorgan señala que más del 70% de la capacidad de centros de datos actualmente en construcción ya está alquilada y que los ingresos de las principales plataformas en la nube crecían a un ritmo medio del 44% interanual en el primer trimestre de 2026. Hay, por tanto, una demanda real detrás de buena parte de las inversiones que ya están en marcha.
Los posibles ganadores
Una desaceleración no tiene por qué ser negativa para todos. De hecho, los primeros que podrían beneficiarse son precisamente los propios laboratorios. OpenAI y Anthropic gastan cantidades enormes cada vez que entrenan una nueva generación de modelos, de modo que si alargan la vida comercial de los actuales antes de lanzar los siguientes pueden espaciar esos desembolsos y disponer de más tiempo para obtener ingresos con la tecnología que ya tienen.
Esto es especialmente importante para Anthropic, que se prepara para salir a bolsa y tendrá que demostrar no solo que sus ingresos crecen con rapidez, sino también que ese crecimiento puede traducirse en beneficios.
La compañía espera encadenar un segundo trimestre consecutivo con beneficio operativo ajustado, mientras sus ingresos anualizados alcanzaron unos 65.000 millones de dólares en julio. Anthropic aspira a salir al Nasdaq con una valoración superior a los dos billones de dólares, una cifra que obliga a justificar expectativas de crecimiento muy elevadas.

En cuanto a OpenAI, la compañía ha aplazado por ahora sus planes de cotizar y está explorando nueva financiación privada a valoraciones de entre 1,2 y 1,5 billones de dólares, según Morningstar.
Esa misma presión por seguir invirtiendo es la que puede cambiar el equilibrio entre las grandes tecnológicas, porque Microsoft y Alphabet aparecen en los dos lados de la historia. Una menor necesidad de capacidad informática puede reducir parte del negocio que obtienen de la infraestructura, pero también rebajar la velocidad a la que necesitan seguir gastando para mantenerse en la carrera. Si OpenAI y Anthropic reducen el ritmo al que lanzan nuevos modelos, Microsoft, Alphabet y Meta disponen además de más tiempo para sacar rendimiento a las inversiones que ya han realizado, mejorar sus propios sistemas y reducir la distancia con los laboratorios que hoy marcan el ritmo del sector.
La reacción del mercado ha ido precisamente en esa dirección. Mientras han surgido dudas en las empresas de semiconductores como Nvidia, Meta acumula una subida de alrededor del 5,3% en la semana y Alphabet avanza cerca de un 2,5%, muy por encima del 0,3% que gana el Nasdaq. Microsoft, en cambio, apenas se mueve, con un avance próximo al 0,4%.
En el caso de Alphabet, además, el argumento no depende solo de que sus rivales frenen. Morningstar considera que la compañía está construyendo un negocio de IA de extremo a extremo, con capacidad para monetizarla a través de búsquedas, publicidad, nube, sus propios chips y servicios como Waymo. Eso significa que una desaceleración de los modelos punteros no elimina necesariamente su oportunidad de crecimiento, porque una parte importante del valor puede venir de utilizar la tecnología en negocios que ya generan ingresos.
Meta, por su parte, también podría beneficiarse de un entorno en el que la carrera deje de depender exclusivamente de quién desarrolla antes el siguiente gran modelo y pase a importar más quién consigue integrar la IA en servicios con cientos de millones de usuarios.
¿Entonces hay que comprar?
La respuesta depende de qué parte de la cadena se esté mirando. Los fabricantes de chips y las compañías más ligadas a nuevas infraestructuras son las que más dependen de que continúe el fuerte crecimiento del gasto. Microsoft, Alphabet y Meta combinan ese riesgo —porque también están invirtiendo cantidades enormes— con la ventaja de disponer de más tiempo para recuperar terreno. OpenAI y Anthropic pueden mejorar sus cuentas si consiguen gastar menos sin frenar sus ingresos. Y el software puede beneficiarse si unos modelos más baratos aceleran la adopción empresarial.
Por eso el posible frenazo no significa necesariamente que vaya a salir dinero de la IA. Puede significar que empiece a cambiar de sitio.

