Cuando la nieve cubre Sierra Nevada, el macizo granadino se transforma en uno de los paisajes más espectaculares del sur de Europa. Aunque muchos asocian el invierno en esta zona exclusivamente al esquí, lo cierto es que el senderismo invernal se ha consolidado como una alternativa cada vez más popular para quienes buscan naturaleza, tranquilidad y vistas únicas sin necesidad de experiencia técnica. Eso sí, la clave está en elegir bien las rutas: sencillas, bien trazadas y alejadas de zonas de riesgo.
Caminar con nieve: una experiencia accesible
Practicar senderismo con nieve no implica necesariamente adentrarse en la alta montaña ni enfrentarse a desniveles extremos. En cotas medias y entornos controlados, como los alrededores de Pradollano o los valles del Dílar, es posible disfrutar de paseos seguros incluso para quienes se inician. La nieve compactada, los caminos amplios y la cercanía a núcleos habitados aportan un plus de tranquilidad, ideal para una primera toma de contacto con la montaña invernal.
Pradollano: el punto de partida perfecto
El entorno de Pradollano, junto a la estación de esquí, ofrece varias opciones ideales para senderistas principiantes. Más allá de las pistas, existen caminos amplios y senderos suaves que serpentean por la zona, permitiendo caminar sobre nieve sin afrontar pendientes pronunciadas ni tramos técnicos.

Una de las mejores formas de descubrir estos paisajes es a través de paseos circulares de corta duración, perfectos para adaptarse a las condiciones del día. Además, en esta área es habitual encontrar rutas con nieve bien pisada, lo que facilita el avance con botas impermeables y bastones. Para quienes buscan mayor comodidad y seguridad, las rutas con raquetas de nieve son una excelente opción, ya que permiten caminar con estabilidad y sin esfuerzo extra, incluso cuando la nieve está más blanda.
La Vereda de la Estrella y el valle del Dílar
Aunque más conocida en otras estaciones, la Vereda de la Estrella cuenta con tramos accesibles en invierno si se elige bien el recorrido y la cota. Su trazado suave y prácticamente horizontal la convierte en uno de los caminos históricos más agradecidos de Sierra Nevada. En invierno, el paisaje nevado del valle aporta un encanto especial, con vistas abiertas y sensación de inmersión total en la naturaleza.

Muy cerca, los senderos que discurren junto al río Dílar son otra alternativa ideal. Aquí el terreno suele ser más protegido del viento y el desnivel es moderado, lo que permite caminar con calma, disfrutando del sonido del agua y del contraste entre el blanco de la nieve y el bosque. Son rutas especialmente recomendables para salidas de medio día y para quienes prefieren evitar zonas expuestas.
La Chorrera del Dílar: belleza discreta y sin masificación
Menos conocida que otras rutas del parque, la Chorrera del Dílar es una opción perfecta para quienes buscan tranquilidad. El recorrido hasta este entorno combina senderos sencillos con paisajes muy fotogénicos, donde la nieve y el agua conviven creando escenas de gran belleza.

En invierno, esta ruta mantiene un nivel de dificultad bajo siempre que se eviten días de nevadas intensas. Es ideal para caminantes noveles que desean explorar Sierra Nevada sin multitudes y sin asumir riesgos innecesarios.
Consejos básicos para disfrutar sin riesgos
Para practicar senderismo con nieve de forma segura es fundamental consultar la previsión meteorológica, evitar días de viento fuerte o nevadas recientes y no salirse de los senderos marcados. El equipamiento también marca la diferencia: botas impermeables con buena suela, ropa térmica por capas, bastones, protección solar y agua son imprescindibles incluso en días fríos.
Además, es recomendable informar a alguien del itinerario y ajustar la ruta a la duración de las horas de luz, más cortas en invierno.

