DigiCLASS será una de las grandes apuestas del sistema educativo aragonés en materia de innovación durante los próximos años. El proyecto, financiado por el programa Erasmus+, busca crear una plataforma común para evaluar y acreditar la competencia digital en la educación escolar, con un modelo homogéneo que permita medir bajo criterios comparables el nivel tecnológico tanto del profesorado como del alumnado. Aragón será una pieza central en ese despliegue, ya que el Gobierno autonómico participará como socio del consorcio y pilotará las pruebas en centros sostenidos con fondos públicos de la comunidad.
La iniciativa no nace en el vacío. DigiCLASS adapta y amplía la experiencia de Pix, la plataforma francesa de referencia en certificación digital. Y la alinea con DigComp 2.2, el marco europeo de competencias digitales. El objetivo no es solo saber si un estudiante o un docente maneja bien determinadas herramientas, sino establecer un sistema de evaluación que resulte pedagógicamente útil, comparable entre países y capaz de generar acreditaciones con valor más allá del ámbito local. La Universidad San Jorge, además, tendrá un papel relevante en el diseño metodológico, el análisis de necesidades y la coordinación de los pilotos en España.
Un proyecto europeo con Aragón en el centro
La noticia tiene un peso especial para la comunidad porque sitúa a Aragón en una posición de liderazgo dentro de un proyecto con alcance europeo. Según anunció el Gobierno autonómico, la comunidad será la encargada de pilotar en España la implantación de DigiCLASS, una herramienta concebida para evaluar de forma progresiva la competencia digital en primaria, secundaria y Formación Profesional. La intención es que las pruebas se desarrollen en entornos reales de aula, lo que permitirá ajustar el sistema a las necesidades concretas de los centros antes de pensar en una posible extensión más amplia.

Esa dimensión europea es importante. El consorcio de DigiCLASS está formado por entidades de Francia, Italia, Grecia, Bélgica, Austria y España, además de varios socios asociados institucionales de otros países como Luxemburgo, Eslovaquia o Dinamarca. El proyecto arrancó oficialmente el 2 de marzo de 2026 y tiene prevista su finalización el 30 de octubre de 2029, con un presupuesto global de 999.294,40 euros. Es decir, no se trata de una prueba menor ni de una experiencia puntual, sino de un programa de varios años que aspira a influir en la manera en que Europa entiende y certifica la competencia digital escolar.
Qué evaluará exactamente DigiCLASS
La clave de DigiCLASS está en que no se limita a medir destrezas técnicas aisladas. El proyecto investiga qué modelos de evaluación resultan más eficaces para integrar la competencia digital en la enseñanza: diagnósticos, formativos y también certificadores. Eso implica observar no solo si el alumnado sabe usar una herramienta, sino cómo se inserta esa competencia en el currículo, cómo la trabaja el profesorado y qué condiciones del centro favorecen una adopción útil de la tecnología.
En una primera fase, el foco estará puesto en el profesorado y en la integración pedagógica de la tecnología en el aula. Más adelante, será el alumnado quien podrá someterse a esta evaluación y optar a una acreditación reconocible en el espacio europeo. Ahí está uno de los elementos más ambiciosos del proyecto: convertir la competencia digital en una capacidad certificable con validez más amplia, algo especialmente relevante en un contexto donde esas habilidades cuentan cada vez más en la formación y en la empleabilidad futura.
Pilotos en colegios y utilidad para las administraciones
Aragón aportará para los pilotos su red de centros sostenidos con fondos públicos, cubriendo varias etapas educativas. Esa fase práctica será decisiva, porque permitirá comprobar cómo responde DigiCLASS en aulas reales, con docentes y alumnos de perfiles distintos y dentro de la vida cotidiana de los centros. La Universidad San Jorge coordinará en España parte de esa implementación y del análisis posterior, generando informes de tendencias y evidencias de uso.

El proyecto también tiene una vertiente institucional muy clara. DigiCLASS no solo quiere servir a profesores y estudiantes, sino también a las administraciones educativas, que podrán contar con información más precisa para detectar carencias y diseñar políticas mejor ajustadas. Ese es uno de los grandes atractivos de la iniciativa: pasar de la intuición o de diagnósticos desiguales a un sistema más estandarizado y comparable. Además, Aragón coordinará el Comité Pedagógico Internacional, encargado de elaborar recomendaciones de política educativa para el conjunto de la Unión Europea.
Un proyecto que llega en pleno debate sobre la digitalización
El aterrizaje de DigiCLASS coincide, además, con un momento especialmente sensible en Aragón en torno al papel de la tecnología en las aulas. El Gobierno autonómico aprobó recientemente una orden que regula el uso de dispositivos digitales individuales en los centros sostenidos con fondos públicos y que, a partir del curso 2026-2027, limita su presencia por etapas y refuerza el peso de los recursos analógicos. La norma insiste en que la tecnología debe ser complementaria, no sustitutiva, y fija topes concretos de uso en Infantil, Primaria y ESO.
Eso da a DigiCLASS un contexto muy particular. Aragón no está apostando por una digitalización sin límites, sino por una digitalización medida, más controlada y sometida a criterios pedagógicos. En ese marco, un sistema que evalúe la competencia digital de forma rigurosa puede resultar especialmente útil. No para llenar más las aulas de pantallas, sino para saber mejor qué se está enseñando, con qué calidad y con qué resultados reales.
