El Tribunal Correccional de París ha sentenciado al exsenador Joël Guerriau, de 68 años, a cuatro años de prisión, de los cuales 18 meses serán de cumplimiento efectivo, por haber drogado a una diputada con el objetivo de intentar abusar sexualmente de ella. La pena se completa con cinco años de inhabilitación, la prohibición de contactar con la víctima y el pago de 9.000 euros de indemnización, incluidos 5.000 euros por daños morales.
La ejecución de la pena no será inmediata, ya que Guerriau anunció, a través de sus abogados, que recurrirá la sentencia. Esta circunstancia contrasta con la petición de la Fiscalía, que había reclamado una condena más severa en cuanto al tiempo de encarcelamiento efectivo.
MDMA en su copa de champán
Los hechos juzgados se remontan al 14 de noviembre de 2023. Aquella noche, Guerriau, entonces senador del partido centroderechista Horizons, invitó a cenar a la diputada Sandrine Josso, de la formación centrista MoDem, para celebrar su reelección. Según quedó acreditado en el juicio, el exsenador le ofreció una copa de champán que contenía MDMA sin que ella lo supiera.
Josso relató que el sabor de la bebida le resultó extraño y que, poco después, comenzó a experimentar mareos, palpitaciones y náuseas, además de dificultades para mantenerse en pie. Alarmada por esos síntomas y por el comportamiento que describió como inusual de su anfitrión, decidió marcharse de forma precipitada. Consiguió tomar un taxi y acudir a un hospital, donde se le practicó un análisis de sangre que reveló una concentración muy elevada de MDMA, superior incluso a la que suele utilizarse con fines “recreativos”, según precisó el presidente del tribunal.

El juicio
Durante el proceso, el fiscal Benjamin Coulon fue tajante al afirmar que “la verdad es que envenenó intencionalmente a la señora Josso con fines sexuales”. Para la acusación, resultaba “evidente” que Guerriau había cometido el delito de administrar una sustancia sin el conocimiento de la víctima para alterar su juicio y facilitar una agresión sexual, una infracción castigada en Francia con hasta cinco años de prisión y una multa de 75.000 euros.
El exsenador, sin embargo, negó de forma reiterada cualquier intención sexual. Defendió que se trató de un “acto involuntario” y explicó que atravesaba una etapa de depresión y estrés debido a su décima campaña electoral. Según su versión, otro senador —al que no identificó— le habría entregado una bolsita con un polvo que creyó simplemente euforizante. Ese polvo, afirmó, estaba en una copa que utilizó por error para servirle champán a su antigua amiga. En el tribunal pidió perdón a Josso por lo sucedido.
La defensa insistió en que no existían pruebas que demostraran que Guerriau colocó deliberadamente la droga en la bebida y denunció lo que consideró un “clamor mediático” que habría equiparado este caso con otros de gran repercusión.

Las secuelas de Sandrine Josso
Ante el tribunal, Sandrine Josso describió la noche como una auténtica pesadilla cuyas consecuencias, aseguró, todavía arrastra. Enumeró problemas de hipervigilancia, trastornos del sueño y agotamiento, además de dolencias físicas como ciática recurrente, hernia discal y la pérdida de cuatro dientes, que atribuyó a la tensión constante sufrida tras los hechos. “Logré escapar, pero viví una noche de horror, con palpitaciones y temblores en todo el cuerpo”, contó en una entrevista con Artículo14.
El caso tuvo además un impacto que trascendió lo personal. Fue uno de los primeros en situar en el centro del debate público francés el fenómeno de la sumisión química, un año antes de que este concepto alcanzara proyección internacional con el caso de Gisèle Pelicot, drogada durante años por su marido, que la violaba y la ofrecía a decenas de desconocidos. “Es necesaria una ley ambiciosa contra la sumisión química, y mi tarea con esta misión es hacerla posible”, prometió a este periódico.
Una ley contra la sumisión química
Josso ha convertido desde entonces esta lucha en una de sus prioridades políticas. Durante el juicio expresó su deseo de que “salga a la luz la verdad” y de que el proceso tenga un valor pedagógico para concienciar sobre una práctica que, según ella, avanza con demasiada lentitud en Francia. En varias intervenciones públicas reclamó una “auténtica política de Estado para frenar esta violencia, mediante la educación” y una voluntad política real.
A raíz de la conmoción generada por este y otros casos, el Gobierno francés anunció medidas como el reembolso de los análisis médicos destinados a detectar la sumisión química, vigente desde el 1 de enero en varias regiones piloto. Además, la Agencia de Seguridad del Medicamento pidió a los laboratorios que modifiquen el aspecto, el olor o el sabor de productos susceptibles de ser utilizados con este fin para limitar su uso indebido.
