Elecciones en Hungría

Crecen las sospechas de injerencia rusa por la exintérprete de Putin que supervisa las elecciones en Hungría

La participación de Daria Boyarskaya y sus vínculos previos al Kremlin genera inquietud sobre la transparencia en la supervisión internacional de los comicios

En las elecciones parlamentarias en Hungría, de este domingo 12 de abril, la atención internacional no solo se centra en el resultado político, sino también en las condiciones en las que se desarrollará el proceso electoral. Por ese motivo, la misión de observación de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) ha cobrado especial relevancia, al igual que las controversias surgidas en torno a una de sus integrantes, Daria Boyarskaya.

La OSCE confirmó a finales de febrero el despliegue de una misión completa de observación electoral en el país, compuesta por más de 200 expertos. Entre ellos, 18 observadores a largo plazo comenzaron su labor en marzo, mientras que el resto se incorporará en los días previos a la votación. Su cometido abarca desde el seguimiento de la campaña hasta el recuento final de los votos, pasando por la financiación de los partidos, la cobertura mediática y la posible difusión de desinformación.

Esta decisión llega tras meses de presión por parte de organizaciones civiles húngaras. El colectivo aHang impulsó una campaña para garantizar una supervisión exhaustiva como la realizada en 2022, reuniendo más de 64.000 firmas que fueron entregadas a la Oficina de Instituciones Democráticas y Derechos Humanos (ODIHR), dependiente de la OSCE. En aquella ocasión, la organización ya había considerado necesario un despliegue amplio de observadores, argumentando preocupaciones sobre el contexto político y mediático.

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El presidente ruso, Vladimir Putin saluda al primer ministro húngaro, Viktor Orban en Moscú
Efe

¿Conflicto de intereses?

Sin embargo, la presencia de Boyarskaya en el equipo ha generado inquietud entre diversos sectores. La asesora, que trabaja para la Asamblea Parlamentaria de la OSCE, cuenta con una trayectoria previa como intérprete en reuniones de alto nivel del presidente ruso, Vladímir Putin, incluyendo encuentros con líderes internacionales como Donald Trump o Barack Obama. Este pasado ha sido interpretado por algunos como un posible conflicto de intereses, especialmente en un clima político marcado por las tensiones entre Rusia y la Unión Europea.

Las dudas se intensificaron tras informaciones publicadas por medios europeos que apuntan a una posible estrategia del Kremlin para influir en organismos internacionales. Investigaciones periodísticas anteriores ya habían señalado intentos de integrar perfiles cercanos a Moscú en estructuras como la OSCE, lo que podría facilitar el acceso a información sensible.

A ello se suma el hecho de que Boyarskaya fue declarada persona non grata en Polonia en 2022 por motivos de seguridad nacional, y retenida en Lituania en 2023 al intentar cruzar la frontera. Aunque no existe evidencia pública de que haya colaborado con los servicios de inteligencia rusos, su historial ha alimentado las sospechas.

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El primer ministro húngaro, Viktor Orban, observa a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo
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Transparencia

Desde la OSCE, no obstante, se rechazan las acusaciones. La propia Boyarskaya ha afirmado que cumple estrictamente las normas de la organización, que prohíben a sus empleados recibir instrucciones de gobiernos nacionales. Además, el secretario general de la Asamblea Parlamentaria, Roberto Montella, ha defendido su designación y ha asegurado que cuenta con su plena confianza. Según fuentes oficiales, una revisión externa realizada en 2023 no encontró pruebas que respalden las sospechas en su contra.

Pese a ello, organizaciones de derechos humanos en Hungría han expresado su preocupación por el posible efecto disuasorio que su presencia podría tener. Según informa Euronews, Márta Pardavi, copresidenta del Comité Helsinki húngaro, ha advertido de que activistas, periodistas y miembros de la oposición podrían mostrarse reticentes a compartir información sensible con una figura percibida como cercana al Kremlin. En una carta dirigida a responsables de la OSCE, Pardavi solicitó que Boyarskaya fuera apartada de cualquier función relacionada con la misión electoral.

El contexto político en Hungría lo complica aún más. El primer ministro Viktor Orbán, en el poder desde hace más de una década, mantiene una relación ambigua con Rusia y ha sido criticado por su postura frente a Ucrania. Su gobierno ha sido acusado de restringir el espacio para la sociedad civil y los medios independientes, lo que ha incrementado la importancia de una observación internacional rigurosa.

Con la misión ya en marcha, la OSCE se enfrenta al reto de garantizar la transparencia y la confianza en su labor.