Análisis

La UE mira a Hungría mientras Orban juega sus últimos cartuchos

Tras 16 años de poder absoluto y con Trump y Putin haciendo campaña por él, el primer ministro se ve acorralado por el avance de la oposición

Orban
Ursula von der Leyen y Viktor Orban
KiloyCuarto

Viktor Orban, el principal saboteador de Europa, podría caer por primera vez en 16 años. Una pequeña revolución que Donald Trump y Vladimir Putin están haciendo todo lo posible por evitar. El primer ministro, en el cargo desde hace 16 años y en campaña para mantenerse en él, ha gastado millones de forints al servicio de su único tema de campaña: atacar día y noche a Zelenski, presunto aliado del líder de la oposición Peter Magyar.

A creer al inquebrantable jefe del Gobierno, el dúo, patrocinado por la Unión Europea, pondría a Hungría en peligro de una guerra inminente. Así se alimenta Viktor Orban, impulsado por la retórica del “enemigo público número uno”, a falta de buenas noticias.

Viktor Orban, primer ministro de Hungría
EFE

Su balance, es cierto, no es nada halagüeño. Hungría acumula superlativos negativos: el país más corrupto, uno de los más pobres y, sin duda, el más liberticida de la Unión Europea. Lo está pagando caro: 18.000 millones de euros de fondos europeos están actualmente congelados debido a los ataques sistemáticos del poder al Estado de derecho. El partido político de Viktor Orbán, el Fidesz, se ha apoderado de la administración pública, la justicia y las grandes universidades, ha domesticado gran parte del panorama mediático y ha vampirizado la economía, practicando el “capitalismo de amiguismo”.

Los húngaros siempre han sido conscientes del amiguismo estatal practicado por Orbán, pero no percibían realmente sus consecuencias. Hoy ven que el país no gana nada con ello. Al contrario, otras naciones los han alcanzado o superado: Polonia, Eslovaquia o Rumanía. Una humillación suprema para este Estado, aún traumatizado por el Tratado de Trianon de 1920: Hungría perdió entonces dos tercios de su territorio y más de tres millones de ciudadanos, relegados a la condición de minorías dispersas por los Estados vecinos. En las manifestaciones del Fidesz, todavía se esgrimen mapas de la “Gran Hungría” y la bandera de Transilvania, la antigua provincia húngara que ahora pertenece a Rumanía.

A medida que se acercan las elecciones legislativas de este 12 de abril en Hungría, la campaña electoral se desarrolla en un clima marcado por las sospechas de injerencias extranjeras. Según varios medios internacionales, Rusia habría intentado influir en las elecciones para apoyar al primer ministro saliente, Viktor Orban. Al mismo tiempo, otras potencias políticas, en particular las cercanas a la administración Trump, multiplican las muestras de apoyo a Budapest.

El primer ministro húngaro muestra al Primer Ministro húngaro, Viktor Orban
EFE

Los servicios de inteligencia rusos habrían planeado una operación destinada a influir en la opinión pública húngara. Esta estrategia habría consistido en simular un intento de asesinato contra Viktor Orbán, sin llegar a llevarlo a cabo. El objetivo habría sido provocar un repunte del apoyo popular a favor del primer ministro, que se encuentra en dificultades en las encuestas frente a su oponente, Peter Magyar.

Las sospechas de injerencia rusa no se limitarían a este episodio. De hecho, Moscú también habría enviado un equipo a Budapest para intervenir directamente en la campaña electoral. Esta operación habría sido supervisada por Serguéi Kirienko, colaborador cercano del presidente ruso Vladímir Putin. Entre los métodos mencionados se incluiría, en particular, la difusión en las redes sociales de vídeos falsos generados por inteligencia artificial, destinados a influir en la opinión pública húngara.

Otras acusaciones se refieren al intercambio de información confidencial procedente de reuniones europeas. El ministro de Asuntos Exteriores húngaro se habría puesto en contacto regularmente con su homólogo ruso, Sergei Lavrov, durante las pausas de las reuniones de la Unión Europea para informarle del contenido de los debates. El interesado ha desmentido rotundamente estas acusaciones. Viktor Orbán ha denunciado “las escuchas a un miembro del Gobierno” y denuncia “un grave ataque contra Hungría”.

En los pasillos de las instituciones europeas, estas revelaciones no son ninguna sorpresa. No se comunica ni se comparte nada confidencial cuando están presentes representantes del Gobierno de Viktor Orbán. La presidenta de la comisión sobre injerencias extranjeras del Parlamento Europeo lo confirma. La desconfianza hacia los representantes húngaros ya está muy arraigada en ciertos debates delicados. La proximidad política entre Viktor Orbán y Moscú constituye un punto débil para la Unión Europea, ya que limita el intercambio de información estratégica entre los Estados miembros. De ahí la idea de eludir a Hungría en ciertos asuntos estratégicos, pero se trata de una opción difícil de llevar a cabo en un sistema que a menudo exige la unanimidad.

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El presidente ruso, Vladimir Putin saluda al primer ministro húngaro, Viktor Orban en Moscú
Efe

A pesar de estas tensiones, el Gobierno húngaro sigue teniendo un gran poder dentro de las instituciones europeas. Budapest sigue bloqueando, por ejemplo, un préstamo de 90 000 millones de euros destinado a apoyar a Ucrania, lo que pone de manifiesto la capacidad del primer ministro para influir en decisiones importantes a nivel europeo.

Rusia no es la única potencia extranjera activa en Hungría. De hecho, la influencia conservadora estadounidense también es cada vez más visible. El vicepresidente estadounidense J.D. Vance hará campaña en Budapest, mientras que el secretario de Estado Marco Rubio estuvo allí recientemente. La capital húngara también acogió una edición del “CPAC Hungary”, la versión europea de la reunión conservadora estadounidense que se ha convertido en un foro trumpista.

En un mensaje de vídeo difundido el sábado pasado, Donald Trump calificó además a Viktor Orban de “tipo formidable”. El presidente estadounidense, que ya había mostrado su apoyo a Orban en las redes sociales el mes pasado, declaró que había sido un líder fuerte que había demostrado al mundo entero lo que se puede lograr cuando se defienden las fronteras, la cultura, el patrimonio, la soberanía y los valores.

Budapest se perfila ahora como un punto de encuentro para varias figuras de la extrema derecha europea. La francesa Marine Le Pen, el italiano Matteo Salvini o el español Santiago Abascal participaron en una concentración de este tipo en Budapest. La Hungría de Viktor Orbán se ha convertido en la antena MAGA del Viejo Continente y en la capital de la extrema derecha europea. Si Orban gana las elecciones, las tensiones europeas podrían conducir a una “exclusión parcial” de Hungría de la Unión Europea.

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