Elecciones

Hungría ante el 12 de abril: “No nos sorprendería si las elecciones estuvieran amañadas”

Emilia y Lili, dos jóvenes húngaras relatan el desgaste del gobierno, el peso de la propaganda y la incertidumbre ante unas elecciones clave

Las elecciones del este domingo 12 de abril en Hungría se viven como un momento decisivo. Desde Artículo14 hemos hablado con Lili y Emilia, dos jóvenes húngaras para que nos compartan su visión sobre la situación política del país, el papel del actual gobierno y las expectativas de cambio. Lili lo expresa con contundencia al considerar que podrían ser “el acontecimiento histórico más importante desde nuestro ‘cambio de régimen’ de 1989”, mientras que Emilia subraya que “las personas merecen tener la oportunidad de votar por un cambio cuando es necesario” y que el voto implica que “también somos responsables del futuro de nuestro país”.

Ambas coinciden en que el contexto actual está marcado por un profundo deterioro. Lili describe la situación directamente como “la peor”, afirmando que “nuestra economía, el sistema sanitario y la protección infantil están en un estado horrible”. En la misma línea, Emilia percibe que el liderazgo de Viktor Orbán “ha ido en declive en los últimos años”, señalando problemas estructurales visibles en la vida cotidiana: “Hay muchas zonas pobres, gente pasando frío en invierno, incapaz de pagar alimentos suficientes”.

La crítica al uso del poder y los recursos públicos es otro punto de convergencia. Según Lili, el gobierno “ha robado mucho dinero de los ciudadanos para uso personal”, mientras Emilia denuncia que “el dinero que utilizan para propaganda podría haberse usado para un propósito mejor”. Esta última añade que incluso los fondos europeos “no se están utilizando donde deberían”.

El primer ministro, Viktor Orban, en un acto de campaña
EFE

“Un ‘títere de Putin’ dentro de la UE”

El papel de la propaganda aparece como uno de los elementos centrales en sus relatos. Lili explica que el gobierno “utiliza el miedo a la guerra de las personas mayores”, difundiendo el mensaje de que si gana la oposición “Hungría entrará en la guerra y los jóvenes morirán”. Emilia, por su parte, habla de “propaganda de odio” y de la “difusión del miedo y las mentiras para conseguir votos”. Ambas coinciden en que esta estrategia condiciona la percepción pública, especialmente en un entorno mediático donde, según Lili, “tienen control sobre muchos medios que consume la gente promedio”.

Esa construcción del miedo también se proyecta hacia el exterior. Lili afirma que el gobierno ha creado “innumerables imágenes de ‘enemigos de Hungría’, principalmente ‘Bruselas’”, sugiriendo incluso que “el objetivo final debería ser abandonar la Unión Europea”. Emilia refuerza esta visión al señalar que algunas decisiones políticas, como “negar ayuda europea a Ucrania y comprar petróleo y gas de Rusia”, van “en contra de los intereses de la Unión Europea”.

La relación con Rusia es, de hecho, uno de los aspectos más preocupantes para ambas. Lili sostiene que el gobierno “comparte los mismos valores” con Moscú y advierte que Hungría podría alinearse con Rusia “si eso significa obedecer a Putin”. Emilia recoge una percepción extendida en el país al afirmar que Orbán es considerado “un ‘títere de Putin’ dentro de la UE”, y añade que apoyos internacionales como el de Donald Trump responden a que “comparten ideas similares” y una inclinación hacia el conservadurismo.

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Simpatizantes del partido de Orban en un acto en Torokszentmiklos, Hungría
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“Apenas recibimos atención médica normal”

En el plano interno, las consecuencias sociales de estas políticas son especialmente visibles. Emilia describe un sistema sanitario donde, pese a las contribuciones, “apenas recibimos atención normal”, con esperas de “varios meses o casi un año” y hospitales en “condiciones horribles”. Lili también menciona problemas graves en la gestión institucional, denunciando que “han dado indultos a terroristas y pedófilos conocidos”, lo que alimenta la percepción de impunidad.

Ante este panorama, el deseo de cambio es común. Lili reconoce que la situación requerirá “años y años de duro trabajo para estabilizarse”, pero insiste en que “incluso una pequeña esperanza de cambio es mejor que seguir en este desastre”. Emilia, que votará por primera vez, afirma con claridad que lo hará “por un cambio” y espera que “después de 16 años el sistema de Hungría cambie”.

Ese cambio, según Emilia, debería implicar que quienes hayan abusado de su poder “sean llevados ante la justicia” y que el nuevo gobierno priorice “la sanidad, la educación y las infraestructuras públicas”. Lili, por su parte, encuentra esa posibilidad en el liderazgo opositor, destacando que “Péter Magyar, que antes formaba parte de Fidesz, se posicionó en contra de sus valores” para impulsar una alternativa.

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El líder de la oposición húngara, Peter Magyar, en un acto de campaña en Budapest
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Sin embargo, la incertidumbre sigue presente. Lili admite que “ni siquiera nos sorprendería si las elecciones estuvieran amañadas”, reflejando un clima de desconfianza que contrasta con la insistencia de Emilia en la importancia de participar: todos los ciudadanos deberían “ver lo que está pasando en el país y pensar si la situación actual es buena o no”.

Como resume Emilia, se trata de construir un futuro en el que la gente pueda “vivir cómodamente y verse viviendo en su país”, una aspiración que, para Lili, pasa por recuperar unos valores que hoy percibe en riesgo dentro de Hungría y de Europa.

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