La caída de Nicolás Maduro no ha terminado en un exilio dorado, sino en una celda estadounidense. Más exactamente, en el Metropolitan Detention Center (MDC) de Brooklyn, una prisión federal difícil, deteriorada y célebre por alojar a algunos de los presos más famosos del sistema penal estadounidense. Allí, en uno de los entornos carcelarios más severos de Nueva York, permanecerán el mandatario venezolano y su esposa, Cilia Flores, tras su captura en Venezuela y su traslado relámpago a Estados Unidos.
El MDC no es una cárcel cualquiera. Es un centro de detención preventiva diseñado para internos de alto riesgo y causas federales significativas y muy seguidas por la opinión pública. Por sus pasillos han pasado figuras como Ghislaine Maxwell, la polémica socia de Jeffrey Epstein, el rapero R. Kelly, y más recientemente Sean “Diddy” Combs. En sus celdas han estado también el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández y Genaro García Luna, exzar de la seguridad mexicana. Hoy conviven allí Ismael “El Mayo” Zambada, histórico líder del cártel de Sinaloa, y ahora también el hombre que durante más de una década ha gobernado Venezuela con puño de hierro.

La importancia del Distrito Sur de Nueva York
Tras ser capturado durante una operación militar estadounidense en Caracas, el mandatario fue trasladado primero en el portaviones Iwo Jima y después en avión hasta la base aérea de la Guardia Nacional en Stewart, en Newburgh. Ese primer contacto con suelo estadounidense sirve para fijar la jurisdicción judicial en el Distrito Sur de Nueva York, uno de los más poderosos y experimentados del país en causas de narcotráfico, crimen organizado y conspiraciones internacionales. Desde allí, el traslado continuó en helicóptero hasta Manhattan, entre un despliegue visible de fuerzas federales y policía local, antes de ser conducido a dependencias de la DEA para el proceso de ingreso formal.
El contraste es brutal. De los salones del Palacio de Miraflores a un centro penitenciario que durante años ha sido denunciado por sus malas condiciones, problemas estructurales, deficiencias médicas y aislamiento extremo. Según fuentes citadas por la prensa estadounidense, tanto Maduro como Flores serán recluidos bajo Special Administrative Measures (SAM), un régimen reservado a presos considerados especialmente sensibles. Implica vigilancia constante, comunicaciones restringidas y, posiblemente, aislamiento incluso entre ellos.

Los próximos pasos: huellas, fotos y datos biométricos
Antes de llegar al MDC Brooklyn, han pasado por un proceso nada fácil y muy del imaginario común gracias a las películas de Hollywood. A ambos se les ha tomado huellas, fotografías y datos biométricos, fueron sometidos a controles médicos y registrados en los sistemas federales. Flores permaneció más tiempo bajo observación médica en un hangar de la base aérea, según fuentes de seguridad. En el MDC serán registrados de nuevo, a la espera de su comparecencia ante un tribunal federal en Manhattan, prevista para los próximos días, donde enfrentarán cargos por narcotráfico.
Para Maduro, entrar en el MDC es un golpe más que psicológico. Las cárceles de Estados Unidos eran lo que más temían los narcos de los 90 y hoy él ha entrado en una. El venezolano, está precisamente ahí no por crímenes contra su propio pueblo. Está acusado por Washington de haber vivido durante años rodeado de millones de dólares provenientes de alianzas con cárteles, queda ahora confinado en una institución que simboliza la cara más áspera del poder judicial federal.
El MDC de Brooklyn se convierte así en una pieza más de un tablero mucho mayor. La antesala judicial de un juicio histórico, el símbolo físico del colapso de un régimen y el inicio de una nueva fase de presión, reconfiguración y disputa por el futuro de Venezuela. Para Nicolás Maduro y Cilia Flores, la revolución terminó en una celda, bajo luz artificial, lejos del poder que durante años creyeron inexpugnable.


