A menos de tres semanas del inicio de la ofensiva estadounidense-israelí contra Irán, el coste de la guerra ya se está disparando hasta alcanzar niveles que obligan a la Casa Blanca a afrontar una realidad incómoda. Al entrar en su tercera semana y sin visos de desescalar, esto ya no es una operación militar breve y controlada. De duración indefinida, sin un límite máximo claro y sin una salida clara, EE UU debe hacer un esfuerzo financiero.
El presidente Donald Trump ha defendido ahora una posible solicitud de gasto de 200.000 millones de dólares para financiar la campaña militar, una cifra que aún no ha llegado formalmente al Congreso, pero que ya está encontrando resistencia en el Capitolio. El líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer, la ha calificado de “absurda e inaceptable”. Incluso dentro de las filas republicanas hay inquietud tanto por la magnitud de la solicitud como por la falta de detalles que la respaldan.
La cifra es exagerada hasta para un país con los recursos de Estados Unidos. Supone casi una cuarta parte del presupuesto anual de Defensa, solicitada de un solo golpe, para una guerra que al menos oficialmente aún no tiene un plazo definido.
El secretario de Guerra, Pete Hegseth, ha dejado clara esa ambigüedad. No hay, según dijo este jueves, un “plazo” para poner fin a la guerra. Al mismo tiempo, sugirió que la campaña militar se está intensificando. Hegseth asevera que está por llegar lo que podría ser el “mayor paquete de ataques hasta la fecha” y señala que ya se han alcanzado más de 7.000 objetivos en todo Irán.
El secretario de Guerra defendió la cifra de los 200.000 millones. “Se necesita dinero para acabar con los malos”, ha justificado Hegseth.

Según recoge The Guardian, los analistas del Center for Strategic and International Studies estiman que la guerra consume aproximadamente 500 millones de dólares al día. Solo en sus primeros seis días, los responsables del Pentágono comunicaron a los legisladores que la ofensiva ya había superado los 11.000 millones de dólares, cifras que parecen abarcar principalmente el armamento, no el gasto operativo total. Al final de la segunda semana, las estimaciones habían superado los 18.000 millones de dólares. El contador sigue corriendo. Y eso sin tener en cuenta el impacto económico más amplio.
Las subidas del petróleo
Los precios del petróleo se han disparado, llegando en un momento dado a los 118 dólares por barril, ya que el estrecho de Ormuz -un paso crítico para la energía mundial- se ha convertido en un cuello de botella. Para una Administración que ya se enfrenta a presiones económicas internas, el momento no podría ser peor.

La Casa Blanca se ha apresurado a tranquilizar a los mercados y a los consumidores. Trump, por su parte, ha tratado de transmitir confianza. “Esto terminará pronto”, ha manifestado, sin ofrecer una hoja de ruta sobre cómo o cuándo podría suceder. Al mismo tiempo, ha sido categórico en las botas sobre el terreno: “No vamos a enviar tropas a ningún sitio”. Intentando así distanciarse de las largas guerras de Afganistán e Irak.
Petición en el Congreso
Pero, incluso sin tropas sobre el terreno, la carga financiera aumenta a un ritmo que está empezando a redefinir el debate político en Washington. El Congreso de EE UU es ahora la siguiente parada inevitable. A diferencia de conflictos anteriores, la Administración Trump parece estar preparándose para solicitar una enorme suma por adelantado. “No se puede simplemente venir aquí con una factura y decir “pagan esto””, explicó a The New York Times, la senadora republicana Lisa Murkowski.

Trump hizo estas declaraciones frente a la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, la primera mujer en acceder al cargo. En su particular estilo, no pudo por menos referirse a otra guerra (la Segunda Guerra Mundial) y en particular, al ataque de Pearl Harbor.
Al ser preguntado por periodista japonés por qué no avisó a sus aliados del ataque a Irán, el magnate republicano explicó que era clave el “factor sorpresa”.
“No conviene dar demasiadas señales. Al entrar en acción -y lo hemos hecho con gran contundencia-, no se lo contamos a nadie, porque buscábamos el factor sorpresa”. Pero no se quedó ahí. Trump prosiguió en el Despacho Oval. “¿Y quién sabe más de sorpresas que Japón? ¿Por qué no me avisaron de lo de Pearl Harbor?”, bromeó ante una Takaichi desconcertada. “Saben más de sorpresas que nosotros”, zanjó el mandatario estadounidense.
