Carmen Farelo llegó a Tailandia en 2023, mediante un acuerdo de colaboración de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV). Pero cuando terminó el periodo acordado, la española eligió quedarse allí. En este país, está construyendo una nueva vida.
“En la carrera, quise irme de Erasmus, pero entre que me imponía respeto y que llegó el COVID…”, cuenta a Artículo14. Sin embargo, mientras cursaba el Máster en Comunicación Transmedia en la UPV, le surgió la oportunidad de optar a una de las becas del Centro de Cooperación al Desarrollo de la universidad. Y esa oportunidad no la dejó escapar.
Junto a otra compañera, presentaron una propuesta de comunicación como para la ONG Colabora Birmania, como Trabajo Final de Máster. Y esta propuesta fue aceptada, llevando a la joven natural de Fuensalida (Toledo) a Mae Sot, una ciudad tailandesa en la frontera con Birmania (a solo 10 km).
“Empecé haciendo tareas para el TFM, pero terminé descubriendo mucho más”

La española comenzó su andadura en Tailandia junto a su compañera, y una beca que apenas iba a durar cuatro meses fue mucho más allá. “Además de las acciones de comunicación, también desarrollamos clases de natación y de recaudación de fondos”, relata Farelo.
Desde el año 2009, Colabora Birmania atiende a la infancia birmana, a los monjes de la zona y, en general, a la mayoría de inmigrantes refugiados en Tailandia procedentes de Birmania. Son más de 500.000 refugiados del país vecino, quienes huyen de la dictadura y de las catástrofes naturales aunque no tengan estatus legal ni derechos reconocidos en Tailandia.
Después de conocer de cerca la labor de esta pequeña ONG, y especialmente a los niños birmanos y birmanas, Carmen decidió quedarse a trabajar con ellos. Trabaja codo con codo con Meri Viladecas, cofundadora de la organización.
En estos momentos, Carmen también es ayudante de proyectos: “Visito los proyectos, gestiono la relación con los directores de las escuelas con las que colaboramos, acompaño a los voluntarios y a los donantes que nos visitan y sigo dando clases de natación del programa Splash For Kids“.ç
Tailandés, birmano e inglés
Ya ha aprendido tailandés y birmano, pero se comunica principalmente en inglés, idioma que enseña a los pequeños a los que atiende. Le hace gracia recordar que nuestro “vale” en español, significa ‘qué’ en birmano. Esto ha llevado a más de una confusión, cuando los niños veían que entre los voluntarios españoles se decían “vale” y no entendían ese “qué” constante para ellos.
Para esta española, es una labor tan dura como apasionante. Pues aunque los niños vivan en condiciones de pobreza (extrema, en algunos casos), sus proyectos en esta ciudad de Tailandia ayuda a que puedan soñar con un futuro.
“Aquí dicen que Tailandia es el país de la sonrisa, pero vivir en Mae Sot es saber que estamos a pocos kilómetros de donde caen bombas. Saber que hay gente pasándolo tan mal tan cerca es duro“, asegura con una expresión triste en la conversación.

Carmen, española en Tailandia: “Ni es una sociedad machista, ni intolerante”
¿Cómo es vivir en este país siendo mujer? La fuensalidana asegura que, desde su punto de vista, la tailandesa “no es una sociedad machista, ni tampoco intolerante”.
“Las caras visibles y las directoras de los colegios y orfanatos que apoyamos suelen ser mujeres”, asegura. Además, la convivencia es buena, con una población dividida entre ateos, budistas, cristianos y musulmanes. Incluso hay un templo chino en Mae Sot.
Además, si bien la comunidad LGTBI+ lleva años integrada, en 2025 se aprobó el matrimonio igualitario en el país. Una gran victoria para las personas de este grupo social.
“Las personas trans, que llaman Tom Boy o Tom Girl, trabajan de azafatas, en estaciones de bus y otros puestos con total normalidad”, afirma Carmen. Opina que “en ciertos aspectos, los tailandeses tienen la mente más abierta que en España“.

“Los extranjeros no pueden comprar casas ni tierras por ley”
Sobre el día a día de esta española, más allá de su labor, también ha realizado algunos breves trabajos complementarios para poder ahorrar algo de dinero. En Tailandia, parece que la vivienda también es un problema.
“En Mae Sot, un trabajador promedio gana unos 10.000 bahts (unos 300 euros al cambio), y el alquiler de la zona ronda los 5.000 bahts“, comenta sobre el alquiler. El precio, de hecho, va creciendo poco a poco, volviéndose más restrictivo. “Hay gente que comparte casa con 10, e incluso 20 personas porque no puede permitirse una casa propia para su familia”, agrega Farelo.
Si alguien apunta a una estancia en Bangkok, capital del país, la situación es aún peor: “Es mucho más caro, los sueldos son de 30.000 bahts pero los alquileres están en un promedio de 20.000 bahts“.
“Es muy difícil vivir con un sueldo tailandés”
Por eso, la joven advierte a quienes quieran buscar trabajo en esta y otras zonas turísticas del países, como las islas del sur. Es muy difícil vivir con un sueldo tailandés. No obstante, asegura que “podrás vivir bien si trabajas para una empresa extranjera, con sueldo extranjero“.
En el país, los extranjeros “no pueden comprar ni casas ni tierras por ley”, según cuenta Carmen. Esta medida protege el patrimonio de los tailandeses, pero dificulta las cosas para los inmigrantes como ella que pretenden hacer una nueva vida allí.

“He aprendido a vivir con la filosofía Sabai Sabai: Relax, todo irá bien”
La vida en Tailandia es muy diferente. La española convive con el picante extremo, con el arroz en prácticamente en cada comida (lo comen por gusto, más allá de la necesidad) y con una calma que ahora está empezando a vivir en su piel.
“Recuerdo que quise volverme en la primera semana, pero ahora me diría a mi misma que tuviera paciencia. He aprendido a vivir con la filosofía tailandesa del Sabai, sabai: relax, todo irá bien“. La calma en el ritmo de vida es parte de la cultura del lugar.
Carmen ha podido viajar por buena parte del país, y asegura que es muy seguro: “Puedes dejar el casco en la moto, o incluso el móvil, entrar a un sitio, volver y ambos seguirán ahí. No me han robado nunca en todo este tiempo“.
No obstante, no todo es perfecto, y reconoce que en Mae Sot existe un lado “oculto” que saben que está ahí: estafadores y traficantes de armas y de personas. Principalmente, debido a la cercanía con la frontera.
“Pero como mujer extranjera, la sensación que tengo es de seguridad total, incluso cuando viajo sola. Si tienes cualquier problema, los tailandeses y los birmanos se pararán a ayudarte aunque no hablen inglés”, comenta la toledana mientras asiente con la cabeza.
¿Y si alguien quiere seguir sus pasos y echar una mano en Colabora Birmania? Basta con ponerse en contacto con ellos. Estudiarán el perfil (sanidad, educación, mano de obra…) y lo enlazarán con el director del proyecto local. “Hemos tenido gente pintando, arreglando paredes, dando clases de informática… Es cuestión de ver qué quieres aportar y cómo encajas en ese momento”.
Carmen insiste en que toda la ayuda que reciben es bienvenida, y que todos los aportes llegan a su destino. Los aportes se pueden hacer desde Bizum (código 13560) o desde la página web de la ONG. “Yo misma compruebo que las donaciones llegan, trabajando aquí con lo que recibimos“, concluye.
*Si eres una española por el mundo y quieres compartir tu experiencia, escríbenos a info@articulo14.es
