Elecciones en Francia

La ciudad sin apenas migrantes que vota a Le Pen

La proximidad de Calais y la narrativa difundida por el Agrupación Nacional habrían creado en los habitantes de Henin-Beaumont un temor infundado

Le Pen

Henin Beaumont La líder ultra Marine Le Pen abraza a una simpatizante tras votar en Henin Beaumont, al norte de Francia Efe

La ciudad de Hénin-Beaumont (situada en el norte de Francia, en la región del Pas-de-Calais) descansará este domingo mientras el resto de los franceses acuden a votar a las urnas, porque su destino ya está escrito: la primera ronda de las elecciones legislativas tuvo un apoyo tan aplastante por la candidata del partido Agrupación Nacional (RN), que ya no hace falta votar de nuevo. Y se trata nada más y nada menos que de Marine Le Pen, líder del partido y rostro de la ultraderecha francesa.

Con apenas 26.035 habitantes, Hénin-Beaumont es una comuna pequeña y plana, con su plazuela para celebrar el mercadillo local y un par de iglesias bonitas y bien mantenidas. En el centro del pueblo, coronada por una tímida bandera francesa, se halla la sede del Agrupación Nacional. Está a escasos pasos de la alcaldía u ‘hotel de ville’, cuya puerta principal se encontraba forrada con papeles que indicaban los resultados de esa primera ronda electoral. La candidata socialista, Samira Laâl, se llevó un 26% del voto y Dorian Lamy, del partido de Macron, un mísero 7,58%. La ganadora fue Le Pen con ese 58% que cerró las urnas y eliminó la necesidad de volver a votar.

Y ganó sobre una plataforma clara y de carácter identitario, que prometía, entre otras cosas, frenar la inmigración ilegal en Francia y limitar la inmigración legal en todas esas zonas, apelando a la xenofobia de los votantes. Así lo cree Julien, 38, dependiente de una tienda de deportes. “Es ignorancia. Han vendido al electorado la historia de que pronto habrá una invasión de personas, hombres, de etnias diferentes, que van a robarles sus ciudades y sus vidas. Han recurrido al miedo de los vecinos, con una estrategia de información muy buena”.

Temer al inmigrante

Según Julien, la campaña del RN ha servido para perpetuar una narrativa en la que el inmigrante es un enemigo, sobre todo si es de raza no blanca. “La gente en esta zona está muy involucrada en la política, y escuchan a sus líderes con atención. A lo largo de los meses, puede que de los años, les han convencido de que hay que temer al inmigrante y de que la solución es ponerle obstáculos a la inmigración”.

En efecto, el RN ha prometido implementar medidas que incluyen la deportación de extranjeros que hayan cometido delitos y la abolición del “droit du sol” (derecho de suelo), restringiendo la ciudadanía automática solo a aquellos nacidos de al menos un padre francés. Además, proponen imponer condiciones estrictas de asimilación, dominio del idioma y respeto a las leyes y costumbres francesas para obtener la nacionalidad, con la justificación de que un inmigrante no integrado es por definición una persona que puede provocar violencia.

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Una de las calles del centro de Hénin-Beaumont

Asimismo, el RN quiere endurecer las condiciones para la reunificación familiar y limitar la ayuda médica estatal para inmigrantes indocumentados a emergencias vitales. También buscan reinstaurar el delito de residencia ilegal, facilitar la deportación de inmigrantes indocumentados y establecer una política de preferencia nacional que priorice a los ciudadanos franceses en el acceso a vivienda, empleos y beneficios sociales, excluyendo a ciudadanos con doble nacionalidad de ciertos puestos estratégicos.

Una narrativa innecesaria

Y sin embargo, la inmigración no es un problema en Hénin-Beaumont ni sus ciudades vecinas, Arras y Lens (donde también ganó el RN en la primera vuelta y, en el caso de Lens, con tanta mayoría que no hace falta segunda). Las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos indicaron que, en 2020-2021, la región de Pas-de-Calais contaba con un 2,1% de población inmigrante. Una cifra muy baja frente al 20% de París o el 31% de Saint-Denis, dos circunscripciones donde va ganando la izquierda.

“En Hénin-Beaumont hay muy pocos inmigrantes, son una comunidad pequeña y bastante excluida. No se ven muchos por las calles, deben haber menos de un 20%”, afirma Julien. El último censo accesible al público, de 2015, indica que solo 951 de los ciudadanos han venido de fuera. Y sin embargo, Hénin-Beaumont ha votado por una plataforma altamente anti-inmigratoria, contra una amenaza que no se le aplica necesariamente.

“El motivo es Calais, donde está el gran problema de los campamentos. Miles de inmigrantes esperan acampados su oportunidad de cruzar el Canal de la Mancha para desembarcar en Inglaterra. Y la gente de Hénin-Beaumont y Arras, que al fin y al cabo pertenecen a la misma región que Calais, teme que el problema se desborde y les alcance”, opina Julien.

Temor problemático que ha generado fuerte xenofobia y creado una cultura de discriminación. Hassan, conductor de ambulancias para el hospital local, explicó que, a pesar de haber nacido en Hénin-Beaumont, enfrenta grandes obstáculos debido a su origen argelino. “La gente no es amable, no me sonríen ni me saludan como a los que sí son blancos. Por suerte existe una pequeña comunidad argelina en la ciudad, si no me habría sentido muy solo”.

Según Hassan, de 42 años, esta actitud se manifiesta sobre todo a la hora de encontrar empleo. “Es muy difícil alquilar un local o apartamento en Hénin-Beaumont si tienes nombre extranjero. Cuando volví de Argelia tras irme unos años, soñaba con abrir un restaurante. Pero encontré demasiadas trabas tanto para buscar inversores como para tener un local, y de momento he tenido que rendirme”.

No es el único. “Nos pasa a todos. Si algún extranjero crea su negocio o abre una tienda, le resulta muy difícil encontrar clientes y salir adelante. Conozco a varias personas a las que, de la noche a la mañana, les plantaron un árbol frente a la puerta de la tienda, o les empezaron a colocar cubos de basura, impidiendo que la gente entrase y sobre todo que los coches aparcasen. Es esa clase de ambiente”, explica, antes de añadir que, como conductor de ambulancia, recibe muchas menos propinas que sus compañeros blancos.

“Es una lástima, porque la historia de la ciudad es bastante multicultural”, indica Hassan. El pasado de Hénin-Beaumont estuvo marcado por la industria minera, que dominó la economía local desde el siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Pero el cierre de las minas en la segunda mitad del siglo XX llevó a una crisis económica y social. Desde entonces, la ciudad ha ido intentando reconvertirse, diversificando su economía y mejorando infraestructuras. “Inmigraron italianos, hubo islamistas, como mi abuelo que trabajó como campanero en la iglesia. Después hubo polacos cuando se necesitaba mano de obra”, explica Hassan.

Marine Le Pen llegó a Hénin-Beaumont en 2007, cuando decidió establecer allí su base política. Su estrategia fue centrarse en las zonas deprimidas económicamente para captar el descontento de los votantes.

Su presencia en Hénin-Beaumont se fue consolidando a través de esa campaña para la protección de la identidad nacional, la seguridad y la crítica a la inmigración y la globalización. Y en 2014, Steeve Briois, uno de sus principales aliados en el partido, fue elegido alcalde, en una victoria crucial para Le Pen.

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