Desde hace cuatro décadas, la invitación de ciudadanos anónimos al discurso del Estado de la Unión se ha convertido en un ritual cuidadosamente coreografiado. Los presidentes y los líderes del Congreso los sitúan en las tribunas sobre el hemiciclo de la Cámara de Representantes como encarnación de sus prioridades políticas. Anoche, en la intervención de Donald Trump, las mujeres ocuparon un lugar central en ese teatro simbólico. Entre las invitadas había víctimas de abusos, viudas, madres e hijas cuya sola presencia trazaba un mapa de las batallas morales y partidistas que atraviesan Estados Unidos.
Entre las invitadas destacaron varias supervivientes de los abusos cometidos por el financiero Jeffrey Epstein. El congresista demócrata por California Ro Khanna llevó como invitada a Haley Robson, que ha denunciado que fue captada y explotada por Epstein cuando tenía 16 años. “Esto no va de política. Nosotras queremos exponer un sistema de justicia que funciona a dos velocidades”, afirmó el legislador, uno de los impulsores de la ley de transparencia que ha permitido la publicación de millones de documentos vinculados al caso y uno de los más críticos con el Departamento de Justicia. Robson, por su parte, declaró sentirse “honrada” por la invitación.

El líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, invitó a otra denunciante, Dani Bensky, quien en una comparecencia previa al discurso reclamó más investigaciones de los papeles Epstein. “Hay muchos nombres en esos archivos. La Administración tiene que hacerlo mejor”. Las críticas de varias supervivientes se dirigen al Departamento de Justicia por lo que consideran una falta de diligencia en la persecución de posibles cómplices del magnate y por la gestión de la información desclasificada.
También acudieron familiares de Virginia Giuffre, una de las victimas más conocidas de Epstein, fallecida por suicidio en 2025. Los congresistas demócratas Jamie Raskin y Suhas Subramanyam invitaron a Sky y Amanda Roberts, hermano y cuñada de Giuffre, en un gesto de memoria y reivindicación. En la misma línea, el líder demócrata en la Cámara Baja, Hakeem Jeffries, llevó a Marina Lacerda, otra superviviente, subrayando que la lucha por la rendición de cuentas “sigue viva”.
El listado demócrata incluyó asimismo a Annie Farmer, invitada por el congresista Robert Garcia, y a Maria Farmer, Haley Robson o Marijke Chartouni, convocadas por distintos legisladores. Algunas, como Lisa Phillips o Chartouni, acudieron en representación de congresistas que optaron por no asistir personalmente al discurso y participaron en actos alternativos. La estrategia era convertir el palco de invitados en altavoz contra la impunidad de las élites.

La inmigración fue el otro gran eje de las invitaciones femeninas. Schumer sumó a su lista a Raiza Contreras, madre de un estudiante venezolano detenido por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) tras acudir a una vista judicial obligatoria. Según el senador, el joven había entrado legalmente en el país. La presencia de Contreras buscaba poner rostro a las redadas y detenciones que los demócratas consideran indiscriminadas.
En el flanco republicano, la Casa Blanca anunció la invitación de Erika Kirk, viuda del activista conservador Charlie Kirk, asesinado el año pasado. La portavoz presidencial presentó su asistencia como homenaje a una figura del movimiento juvenil de derechas. Trump también cursó invitación a una niña de siete años herida en un accidente presuntamente causado por un camionero indocumentado, reforzando su discurso sobre seguridad fronteriza.
Otra mujer situada en el foco de las cámaras fue Claire Lai, hija del empresario y crítico chino Jimmy Lai, condenado en Hong Kong a 20 años de prisión por un caso de supuesta colusión extranjera. Invitada conjuntamente por el presidente de la Cámara, Mike Johnson, y el congresista republicano Chris Smith, su presencia apuntaba al capítulo de política exterior y a la denuncia de la represión en China.

Desde el ámbito diplomático acudió también la embajadora de Ucrania en Washington, Olha Stefanishyna, quien anticipó que el discurso abordaría la guerra con Rusia. Su figura simbolizaba la continuidad del apoyo estadounidense a Kiev en un momento de fatiga política y presupuestaria.
El deporte, habitual recurso para celebrar la excelencia nacional, tuvo rostro femenino aunque con matices. El presidente de la Cámara expresó su deseo de invitar a la selección femenina de hockey sobre hielo, campeona olímpica en los pasados Juegos. Sin embargo, las jugadoras declinaron por compromisos previos. La eventual ausencia contrastó con la presencia confirmada de varias astronautas de la misión Artemis II de la NASA, entre ellas Christina Koch, única mujer de la tripulación prevista para sobrevolar la Luna, en lo que sería el primer viaje tripulado a nuestro satélite en más de medio siglo.
Así, las tribunas del Capitolio ofrecieron anoche una radiografía de las fracturas del país.En esa escenografía donde cada asiento cuenta, las mujeres fueron un espejo de las disputas que definen la vida pública estadounidense.
