Linda Alahmad habla de su historia con cautela. Antes de contar su experiencia como refugiada siria en España, insiste en algo: sabe que su camino no fue el más duro. “Yo me siento mimada”, dice, al comparar su situación con la de otras mujeres que no tuvieron sus mismas oportunidades. Ella pudo salir de Siria de forma legal, junto a su familia, gracias a una situación económica estable y a su trabajo como cantante. Pero muchas otras mujeres, recuerda, tuvieron que separarse de sus hijos para conseguir papeles o cruzar el mar con bebés en brazos.
Esa conciencia atraviesa toda la conversación. Alahmad no quiere que su historia eclipse otras más duras. Sin embargo, haber tenido más opciones no convirtió el exilio en algo fácil. “No fue fácil, es muy duro, porque al final no es elección”, explica. Para ella, salir de Siria fue una decisión obligada por la guerra y por la necesidad de buscar “un lugar seguro” para sus hijos.
Nacida en Homs y criada durante gran parte de su vida en Damasco, Alahmad recuerda que antes de la guerra tenía una vida tranquila: familia, casa, trabajo y amigos. Pero al mirar atrás desde sus catorce años fuera de Siria, matiza esa idea. La experiencia del exilio cambia también la forma de entender lo que antes parecía normal.
Primero se trasladó a Líbano y después llegó a España, donde vive desde hace nueve años. Para ella la adaptación es “como dejar a la persona que eras” y “empezar a conocerte desde cero”.

“Las mujeres tienen una gran capacidad de adaptación”
Uno de los momentos que mejor resume esa dificultad ocurrió en un centro de salud, durante una visita con uno de sus hijos. Por una confusión con el idioma y con el edificio, estuvieron esperando durante una hora en la planta equivocada. Su hijo, frustrado, le reprochó que no supiera manejar la situación. Para ella fue un golpe muy duro. “Me sentí como si yo fuera un bebé frente a mi hijo”, recuerda.
Aun así, decidió responderle desde su lugar de madre. Le explicó que, aunque no dominaba el idioma, no conocía bien el sistema español y se sentía perdida, había conseguido sacarlo de un conflicto bélico. “He podido traerte fuera de la guerra”, le dijo. Después, según cuenta, su hijo le pidió perdón y le reconoció que apreciaba su esfuerzo. “Yo soy su madre, no puede perder la confianza de su madre”, admite. “Tiene que aceptar”. Al recordar aquel episodio, concluye que fue “una lección muy fuerte” para los dos.
Para Alahmad, son precisamente son “esas cosas, esos detalles pequeñitos, que nadie habla sobre ellas”, lamenta. Sin embargo, asegura que “casi todas las mujeres pasan por esas experiencias”, obligadas a sostener a sus familias mientras ellas mismas aprenden a desenvolverse en una sociedad nueva.
“Lo más duro fue tener que ser fuerte delante de mis hijos, mientras yo misma me sentía perdida”, afirma. Durante años sintió que vivía dos vidas: “Una vida con mis hijos en el presente y otra conectada con lo que pasa en Siria”. El idioma fue una de las mayores barreras, pero también una necesidad. Sabía que era “la única ventana para conectar con el mundo aquí”.
A partir de esa experiencia, Alahmad sostiene que las mujeres refugiadas desarrollan una gran capacidad de adaptación. “Las mujeres tienen una gran capacidad de adaptación y superar dificultades, más que los hombres”, asegura. Considera incluso que “la experiencia de las mujeres refugiadas debería estudiarse”, porque en los conflictos ellas cargan con muchas formas de violencia: como madres, compañeras, trabajadoras y supervivientes.

La música: “Mi forma de sobrevivir”
Hoy, Linda Alahmad continúa construyendo su vida en España a través de la música. Para ella, la voz no es solo una herramienta artística, sino una forma de resistencia. “La música, como todas las artes, siempre ha sido un refugio para muchas personas”, explica. En su caso, la voz “ha sido y sigue siendo una parte inseparable” de su camino personal, “en sus momentos dulces y amargos”.
También la define como “mi forma de sobrevivir” y “el único puente que me ha ayudado y me sigue ayudando a cruzar entre el pasado y el presente”.
Su trabajo musical actual está marcado por la mezcla de culturas. Forma parte de un grupo con músicos de distintos países y entiende la fusión como algo que va más allá del sonido. “Cuando decimos fusión, no significa solo fusión musical, significa fusión de todo, de todas las culturas”, señala. Además, imparte talleres de música con mujeres de diferentes orígenes, una experiencia que le ha permitido descubrir nuevas formas de solidaridad entre mujeres.
“Siria no es un lugar en el que se puede vivir”,
Al hablar de Siria, Alahmad reconoce que la posibilidad de volver es una pregunta difícil. Considera que el país actual ya no es el mismo que al inicio de la revolución y que la violencia, el dolor y la división social siguen presentes. “La justicia aún no se ha logrado y la sociedad sigue muy fracturada”, afirma.
También se muestra crítica con los discursos que plantean el retorno de los refugiados. Según explica, muchos sirios viven una paradoja: por un lado apoyan a la nueva autoridad, pero por otro saben que Siria todavía no es un lugar seguro . “Muchos refugiados viven una contradicción”, resume. Para ella, el sentimiento predominante es el desencanto: “La cantidad de violencia y de deformación que sufre el país es insoportable”.
Insiste especialmente en la ausencia de un proceso real de justicia transicional. Como ejemplo, recuerda que el pasado marzo se conmemoró el denominado “Marzo Negro”, en referencia a la masacre cometida en la costa siria contra miembros de la comunidad alauita, un episodio que, según denuncia, sigue sin rendición de cuentas. También señala que se acerca el primer aniversario de la masacre ocurrida en Sueida, una provincia de mayoría drusa, donde tampoco se ha juzgado a los responsables.
Alahmad subraya que organizaciones internacionales como Naciones Unidas y Amnistía Internacional han publicado informes que documentan violaciones de derechos humanos y ataques contra la población civil, y que algunos de estos hechos podrían constituir crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

La cantante pone especial atención en la situación de las mujeres. Asegura que “los conflictos siguen continuando y la violencia afecta a las mujeres en primer lugar”, una violencia que, según enumera, se manifiesta en “asesinatos sin rendición de cuentas”, despidos laborales y secuestros. Por eso rechaza la idea de que el regreso sea una opción real para muchas refugiadas. “Siria, en su situación actual, no es un lugar en el que se puede vivir”, sostiene.
Más allá de la inseguridad física, expresa también una profunda decepción política y social. “El sentimiento de decepción acompaña a todo aquel que realmente salió en busca de justicia y libertad”, asevera. A su juicio, “el nuevo gobierno no está realmente centrado en el ciudadano sirio”, ni dentro ni fuera del país. Su mayor preocupación, sin embargo, es que muchas de las violencias actuales queden invisibilizadas. “La mayor decepción es el silencio de muchos activistas que se consideran feministas y su negación de la cadena de violencia”, denuncia.
En el Día Mundial del Refugiado, la historia de Linda Alahmad recuerda que el exilio no termina al llegar a un país seguro. A lo largo de la entrevista vuelve una y otra vez a ellas: a las madres que tuvieron que separarse de sus hijos, a las mujeres que atravesaron el mar buscando refugio, a quienes siguen viviendo la violencia y la incertidumbre. “Siempre las mujeres en las guerras y los conflictos pagan más de todo”, concluye.

