Irán sigue bajo una situación de represión masiva por parte del régimen de los ayatolás, con masacres a escala nacional y una fase de aparente “calma” impuesta mediante el terror y un apagón informativo casi total. Tras días de violencia extrema, el régimen parece haber recuperado el control visible de las calles.
Desde finales de diciembre de 2025 se desarrollan protestas en todo el país que el régimen ya no interpreta como disturbios aislados, sino como parte de un complot extranjero. La respuesta ha sido tratarlas como una guerra interna: despliegue masivo de fuerzas de seguridad, uso sistemático de fuego real, detenciones en masa y cortes casi totales de internet y las comunicaciones.
Las cifras de muertos en Irán
Organizaciones de derechos humanos y medios internacionales manejan estimaciones muy dispares, que van desde varios miles de muertos hasta cifras superiores a los 10.000 o incluso 12.000 víctimas. Gran parte de las víctimas son jóvenes, muchos menores de 30 años, con impactos de bala en cabeza y torso.

Decenas de miles de personas han sido detenidas en cuestión de días. BBC Persian habla de una brutalidad “sin precedentes”, mientras que otros medios describen la represión como coordinada, sistemática y diseñada para aplastar cualquier posibilidad de continuidad de la revuelta. La activista iraní Mediss Tavakkoli, exiliada en España, sigue los acontecimientos desde el exilio mientras intenta, sin éxito, contactar con su familia en Irán.
-La información que llega desde Irán es cada vez más alarmante ¿Cómo describiría la situación actual?
-La situación es cada vez más complicada. Las noticias que llegan son desgarradoras, van más allá de lo que una persona puede imaginar. Incluso quienes llevamos años denunciando a este régimen no podíamos prever este nivel de violencia. No es solo represión. Es algo completamente distinto, una brutalidad sin límites.
-Desde fuera da la impresión de que el régimen está consiguiendo sofocar las protestas en la calle.
-Sí, exactamente. Están consiguiendo reducir la visibilidad de las protestas, pero no porque la gente haya dejado de resistir, sino porque han impuesto el terror. Hay un informe emitido incluso por la televisión estatal iraní en el que personal del sistema médico reconoce que se vieron desbordados por la cantidad de cadáveres. Hablan de grandes salas, como las de la prisión de Kahrizak, completamente llenas de cuerpos.

-¿Qué ocurre con las familias de las víctimas?
-Lo que ocurre es inhumano. El régimen obliga a las familias a ir a identificar los cuerpos ellas mismas. Y además les cobra. Existe algo que llaman literalmente “el precio de la bala”. Hoy en día están exigiendo alrededor de 1.000 euros por cada bala utilizada para matar a una persona. Si alguien fue asesinado con cinco disparos, la familia tiene que pagar unos 5.000 euros para recuperar el cuerpo.

Y no acaba ahí. Cuando entregan el cadáver, arrestan a un familiar -el padre o un hermano- y obligan a enterrar el cuerpo en una localidad lejana, en una tumba ya usada, para evitar funerales públicos.
-Además de la violencia física, sigue el apagón informativo. ¿Qué se sabe del estado de las comunicaciones?
-Desde el 8 de enero el país está prácticamente incomunicado. La gente dentro de Irán no puede llamar al exterior; en algunos casos ellos pueden contactarnos de forma muy limitada, pero nosotros no podemos llamarles. Todas las comunicaciones están monitorizadas. Tenemos información de que empresas tecnológicas chinas, como Huawei, están cooperando con el régimen para mantener este apagón a cambio de enormes sumas de dinero.
-Los medios estatales justifican la violencia acusando a los manifestantes de terrorismo.
-Ese es el argumento de siempre. Dicen que los manifestantes son terroristas, que están vinculados a Estado Islámico o financiados por Israel. Es la fórmula que utilizan para matar sin consecuencias. Obligan a personas detenidas a hacer confesiones falsas en televisión. Uno de los detenidos, por ejemplo, era un restaurador muy conocido en Rasht, con más de un millón de seguidores en Instagram, que ayudaba a cientos de huérfanos. No tenía ninguna vinculación política ni extranjera. Salió a protestar por dignidad, por democracia. Eso es todo.
-¿Qué se sabe de los detenidos?
-Las cifras son enormes. Han detenido a tanta gente que han tenido que liberar a presos comunes -incluso condenados por delitos graves- para hacer sitio en las cárceles. Es algo que no tiene precedentes. Todo apunta a que preparan ejecuciones masivas, como las de hace décadas, pero a una escala mucho mayor.

El propio ministro de Justicia apareció en televisión anunciando que ejecutarán rápidamente a muchos de los detenidos “sin piedad”, para demostrar que el régimen no será derrotado. Lo dicen abiertamente, sin esconderse.
-¿Cómo imagina el “día después”, si el régimen consigue mantenerse?
-Sería un país incluso más cerrado que Corea del Norte. Sin internet, con ejecuciones masivas, con un nivel de control absoluto. Yo ahora mismo no sé si mi familia está viva, si alguien ha sido arrestado o está en una lista de ejecución. El régimen actúa así porque siente que tiene luz verde internacional. Cree que no habrá consecuencias reales. Pero incluso si logra sobrevivir, será imposible gobernar un país tras una masacre de esta magnitud.
-La situación económica también parece crítica.
-Es catastrófica. Hay escasez de productos básicos, los precios suben cada día. Hoy una botella de agua puede costar diez veces más que en España, cuando los salarios no tienen comparación. Incluso antes de estas protestas, la carne, la leche o el queso ya eran más caros en Irán que en Europa. La gente simplemente no puede vivir.
-Defiende la intervención militar internacional. ¿Por qué?
Porque ya estamos siendo masacrados por nuestro propio gobierno. Dime una sola guerra en la historia en la que en una semana hayan muerto decenas de miles de personas como está ocurriendo aquí. ¿Quién podría hacernos más daño que nuestro propio régimen? Esto no es solo un problema iraní. Es un problema para la democracia y para la humanidad. Si el régimen elimina a su población, no se detendrá ahí. Es como un cáncer. El mundo debe entenderlo antes de que sea demasiado tarde.


