La crisis interna del Partido Laborista británico dio este jueves un salto cualitativo con la dimisión de Wes Streeting como ministro de Sanidad. Se trata del primer miembro del gabinete de Keir Starmer que abandona el Gobierno en plena tormenta por el liderazgo del primer ministro, debilitado tras los malos resultados laboristas en las elecciones locales y regionales de la semana pasada. Aunque Starmer insiste en que no piensa dimitir, el movimiento de Streeting ha abierto con más fuerza el debate sobre quién podría sucederle si la presión interna termina por forzar una contienda.
Streeting anunció su renuncia tras afirmar que había perdido la confianza en Starmer como líder. En su comunicado, responsabilizó al primer ministro de la impopularidad del Ejecutivo y criticó la falta de rumbo político del Gobierno. El exministro sostuvo que el partido necesita un debate amplio sobre su futuro, con el mayor número posible de candidatos, aunque evitó confirmar si él mismo pretende competir por el liderazgo.

Starmer respondió con una carta en la que lamentó la marcha de Streeting y trató de contener el impacto político. El primer ministro afirmó que el exresponsable de Sanidad seguirá teniendo un papel importante en el Partido Laborista y defendió que el Gobierno debe demostrar que puede resolver los problemas que sus adversarios aprovechan electoralmente. También admitió que los resultados de la semana pasada fueron “extremadamente duros”, pero insistió en que los rivales del laborismo son ahora más peligrosos que nunca, en una posible referencia al avance de Reform UK, el partido de Nigel Farage.
La situación de Starmer es delicada porque la dimisión de Streeting se suma a otras señales de desgaste. En los últimos días también han dejado sus cargos cuatro secretarios de Estado, mientras más de ochenta diputados laboristas han pedido al primer ministro que dimita o establezca un calendario para su salida. Además, los once sindicatos afiliados al Partido Laborista han dado por hecho que Starmer no liderará la formación en las próximas elecciones generales, previstas para 2029.
El relevo, en todo caso, no sería automático. Si Starmer no dimite, cualquier aspirante debe activar el proceso interno reuniendo el apoyo del 20 % del grupo parlamentario laborista, lo que equivale actualmente a 81 diputados. Después, el candidato necesita otro respaldo dentro del partido: el 5 % de las organizaciones locales laboristas o el apoyo de tres organizaciones afiliadas, entre ellas al menos dos sindicatos. Solo entonces el Comité Ejecutivo Nacional validaría las candidaturas, fijaría el calendario y organizaría una votación preferencial entre militantes, afiliados sindicales registrados y diputados.

Los candidatos
En ese escenario, Streeting parte como uno de los nombres más visibles. A sus 43 años, representa el ala más centrista o derechista del laborismo y su paso por Sanidad le ha dado una fuerte proyección pública. Su estilo directo y su perfil mediático lo convierten en un posible contendiente serio. Sin embargo, también genera reservas entre sectores progresistas del partido, que desconfían de su orientación política. Su dimisión puede interpretarse como una forma de acelerar el debate sucesorio, aunque aún no se sabe si dispone de los avales necesarios.
Otra posible aspirante es Angela Rayner, exviceprimera ministra y figura influyente entre la militancia tradicional y los sindicatos. Rayner acaba de ser exonerada por la Hacienda británica en relación con una controversia fiscal que la obligó a dimitir del Gobierno en septiembre de 2025. Esa resolución elimina uno de los principales obstáculos para un eventual regreso a la primera línea. De ala izquierda moderada, Rayner ha mostrado en el pasado interés por concurrir a unas primarias si llegaban a convocarse, aunque por ahora no ha oficializado ningún movimiento.

También aparece en las quinielas Andy Burnham, alcalde de Mánchester y político popular entre votantes laboristas. Su principal problema es institucional: no es diputado en Westminster. Para disputar el liderazgo tendría que conseguir antes un escaño en la Cámara de los Comunes, previsiblemente mediante una elección parcial, y después reunir los apoyos internos exigidos. Esa dificultad no impide que su nombre circule, especialmente entre quienes buscan una alternativa con experiencia de gobierno y fuerte implantación fuera de Londres.
Un perfil distinto es el de Shabana Mahmood, actual ministra del Interior. Aunque no ha anunciado ninguna candidatura, su nombre también se menciona como posible opción en caso de que el proceso interno se abra. Mahmood, de 45 años, ha ganado peso político por su imagen de dirigente firme y eficaz, especialmente desde Interior, donde ha impulsado una línea dura en inmigración y asilo. Ese posicionamiento puede darle atractivo entre sectores del ala derecha laborista que consideran necesario disputar terreno a los conservadores y a Reform UK en asuntos de seguridad y control migratorio. Al mismo tiempo, esa misma dureza puede provocar resistencias entre los sectores más progresistas del partido, que podrían verla como una candidata demasiado alejada de la sensibilidad tradicional laborista.
Otros nombres, como Ed Miliband, aparecen con menor fuerza. El actual ministro de Energía ya lideró el Partido Laborista entre 2010 y 2015, pero ha descartado públicamente volver a presentarse al liderazgo. Mientras tanto, Starmer conserva apoyos relevantes: la ministra de Economía, Rachel Reeves, ha advertido de que una disputa interna podría sumir al país en el caos, y un centenar de diputados laboristas ha firmado una carta de respaldo al primer ministro.
La clave está ahora en la aritmética interna. Si nadie reúne los 81 avales necesarios, la dimisión de Streeting será un golpe político grave, pero no necesariamente decisivo. Si algún aspirante lo consigue, el Partido Laborista entrará en una batalla por su liderazgo que, al estar el partido en el Gobierno, sería también una disputa por Downing Street.
