La decisión de Donald Trump de autorizar ataques militares contra Irán sin la aprobación previa del Congreso ha reabierto una vieja herida constitucional en Estados Unidos. Una vez más, la Casa Blanca ha invocado las prerrogativas del comandante en jefe para justificar el uso de la fuerza en el exterior, mientras que los legisladores, especialmente los demócratas, insisten en que la facultad de llevar al país a la guerra no reside en el Despacho Oval, sino en el Capitolio.
El debate se intensificó después de que bombardeos coordinados entre Estados Unidos e Israel comenzaran la madrugada del sábado. Poco después, Trump se refirió a la operación en un mensaje en vídeo como “guerra”, una caracterización que encendió aún más las alarmas en el Congreso. Para muchos legisladores, el propio término subraya la gravedad de la decisión y la ausencia de autorización parlamentaria.
Los líderes demócratas en la Cámara de Representantes ya habían iniciado los trámites para forzar una votación sobre una resolución de poderes de guerra relativa a Irán. Los ataques han acelerado ese esfuerzo. El texto ordenaría al presidente poner fin al uso de las Fuerzas Armadas contra Irán salvo que el Congreso lo autorice explícitamente, en un intento de reafirmar el papel legislativo en la supervisión de los conflictos armados.

Al frente de la iniciativa se encuentra el líder demócrata en la Cámara, Hakeem Jeffries, quien ha condenado el comportamiento de Irán, citando violaciones de derechos humanos, ambiciones nucleares y apoyo al terrorismo, pero ha insistido en que deben respetarse los procedimientos constitucionales. “En ausencia de circunstancias excepcionales”, señaló, la Administración debe solicitar autorización para el uso preventivo de la fuerza militar que constituye un acto de guerra.
La propuesta ha encontrado un aliado inesperado en el campo republicano. El representante Thomas Massie ha calificado los ataques como “actos de guerra no autorizados por el Congreso” y copatrocina la resolución junto al demócrata Ro Khanna. Otro republicano, Warren Davidson, también ha mostrado su respaldo. En el Senado, el republicano libertario Rand Paul ha afirmado que se opondrá a “otra guerra presidencial”, alineándose con los demócratas que exigen una votación.
Sin embargo, el camino legislativo es incierto. Los republicanos controlan ambas cámaras y varias figuras destacadas han defendido la actuación del Ejecutivo. El líder de la mayoría en el Senado, John Thune, elogió los bombardeos y sugirió que deberían servir para propiciar “un cambio de liderazgo y de régimen” en Teherán. El senador Roger Wicker, presidente del Comité de Servicios Armados, calificó la operación de “decisiva y necesaria” para frenar las capacidades nucleares y balísticas iraníes.
Entre los demócratas también hay matices. El líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, ha apoyado la celebración de una votación, aunque evitó condenar frontalmente los ataques. Su principal reproche fue la falta de información previa al Congreso y a la opinión pública sobre la justificación legal de la operación.

El marco constitucional es claro sobre el papel. El artículo I de la Constitución otorga al Congreso la potestad de declarar la guerra. Sin embargo, desde la Segunda Guerra Mundial, cuando Franklin D. Roosevelt solicitó una declaración formal, ningún presidente ha recurrido a ese mecanismo, optando en su lugar por autorizaciones más amplias o interpretaciones expansivas del poder ejecutivo. La Resolución de Poderes de Guerra de 1973, aprobada tras Vietnam, pretendía limitar esa tendencia y reforzar la supervisión legislativa.
En la práctica, tanto administraciones republicanas como demócratas han bordeado esos límites. La actuación de Trump se inscribe en ese patrón de expansión del poder presidencial en materia militar, mientras el Congreso lucha por hacer valer sus competencias.
Si la resolución prospera, es casi seguro que el presidente la vetará. Superar ese veto exigiría una mayoría cualificada de dos tercios en ambas cámaras, un escenario improbable en el actual clima político. No obstante, incluso una votación simbólica podría reconfigurar el debate y evidenciar un malestar bipartidista ante el uso unilateral de la fuerza.
Más allá del pulso inmediato con Irán, lo que está en juego es el equilibrio institucional. Como advirtió el senador demócrata Chris Coons, así “no es como una democracia entra en guerra”. La cuestión de fondo es si el Congreso recuperará su papel constitucional o seguirá cediendo terreno ante un Ejecutivo cada vez más expansivo.
