1. Remendar el tejido feminista
Algunas figuras políticas y decisiones tomadas en los últimos años, han resquebrajado la estructura feminista. A esas heridas, se suma al desgaste que las activistas sufrimos en las redes sociales, donde somos maltratadas por las plataformas digitales, que nos invisibilizan y nos dejan desprotegidas frente a los ataques organizados. Es fundamental dedicar tiempo y esfuerzo a recomponer la urdimbre de nuestro tejido, para que vuelva a ser fuerte y resistente. Solo así lograremos que nuestro trabajo sea efectivo y podremos superar la ola reaccionaria que tenemos encima.
2. Transmitir lo positivo que supone el avance de las mujeres para toda la ciudadanía
Muchos hombres se sienten atacados por las ideas feministas. Algunos por desconocimiento y, otros, porque los algoritmos se aprovechan de su miedo mostrándoles solo contenidos alarmantes porque ganan dinero con ello. Ya existen infinidad de libros, estudios e informes que demuestran los beneficios que las ideas feministas suponen para todas las personas, la cultura, la economía y el planeta. Tenemos que hacer un esfuerzo extra para hacer llegar estos lemas.
3. Conquistar a las nuevas generaciones
La juventud tiene más información que nunca sobre feminismo y cree en la igualdad entre hombres y mujeres. La quieren para sus compañeras y familiares, la disfrutan ellos mismos, pero no se sienten identificados con el feminismo por la distorsión a la que se ha sometido el término. Desmentir, hilar fino, visibilizar los matices, resaltar lo positivo y buscar el entendimiento, deben ser nuestras estrategias.
4. Liberar el entorno digital
Comunicar con estereotipos o titulares alarmantes y vacíos no está alineado con los valores feministas, que priman el cuidado y el equilibrio. Las plataformas digitales no son territorios neutrales, no creen en la igualdad ni protegen a las mujeres, sino que permiten la propagación de bulos y que se comentan delitos. En lugar de combatir siendo parte del fango, podemos salirnos de él y desmontar el espejismo de que en el espacio digital existe libertad. Revelar los trucos, deshacer sus artimañas, alumbrar las zonas oscuras y trabajar para lograr que ese nuevo espacio de convivencia sea libre de verdad.
5. Contar con las mujeres en el desarrollo de la tecnología
Los dueños de las grandes plataformas tecnológicas son hombres. En el sector STEM las mujeres siguen siendo una minoría. Tan solo el 20% de los puestos de liderazgo en la industria tecnológica están ocupados por mujeres y la mitad de las trabajadoras en tecnología abandonan el sector a los 35 años. La falta de paridad en el sector tecnológico provoca que estereotipos de género estén presentes en la tecnología que vertebra nuestras vidas. Es fundamental contar con mujeres en su desarrollo para eliminar los sesgos y asegurar un futuro igualitario.
6. Que los hombres se impliquen en la igualdad
Necesitamos que nuestros compañeros sean parte activa del cambio. Cuando se imparten charlas de igualdad en empresas o en instituciones públicas muy pocos hombres asisten. Quizás porque piensan que no va con ellos, o porque no se sienten interpelados, pero sin su participación activa no podemos equilibrar la balanza. La buena voluntad no es suficiente, el conocimiento es fundamental para identificar lo que no funciona y saber cómo cambiar.
7. La coeducación
Es importante integrar en el programa educativo una visión feminista y transversal, que visibilice los logros y la perspectiva de las mujeres, que comunique sin estereotipos sexistas, que utilice un lenguaje inclusivo y que plantee modelos de relación entre hombres y mujeres más justos. De nada sirve realizar una charla para el alumnado cada 8 de marzo si el resto de los días se imparten contenidos sexistas. Tampoco es justo que la decisión de hacer pedagogía feminista dependa de la voluntad y el conocimiento individual del profesorado.
8. Detener el odio
La espiral de odio en la que estamos inmersos crece más cada día. Lo vemos en los medios de comunicación, en las redes sociales, en el Congreso de los Diputados y en el Senado, en las contiendas bélicas entre países, en la falta de entendimiento y en el individualismo extremo. La cultura del zasca constante para aparecer en tuits y titulares nos abotarga, ya es imposible distinguir entre realidad y reality show. Necesitamos proyectos que nos enamoren y con los que queramos comprometernos a largo plazo. El odio distrae y paraliza. El amor es lo que verdaderamente engancha y moviliza.
