Brutal. Es la palabra que más se repite en estos días. La está empleando todo el mundo para describir la tragedia de los trenes de Adamuz (Córdoba). Tengo la sensación de que el término brota de nuestros labios, se eleva, rasga el aire, toma consistencia y retumba. Tras pronunciarlo ya no se puede vocalizar nada más. El impacto de las imágenes, el número de fallecidos, los heridos y los desaparecidos nos vuelven a sacudir. España ya lleva demasiadas catástrofes seguidas.
En esta ocasión, al menos, parece que la cooperación institucional está funcionando. Aunque sea sólo por ahora se agradece que el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, salga a decir que la coordinación con el Gobierno central está siendo buena. “Lo importante son las víctimas”, comentó en una de sus comparecencias. Siempre lo han sido, a pesar de que a los políticos se les olvida. Puede que, al final, sí que hayamos aprendido algo de los errores de la fatídica dana. La gestión de la crisis está siendo diferente.
Eso se desprende de la foto en la que aparece Moreno con el jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, detrás. El primero habla de “lealtad”, el segundo reconoce que esta existe y destaca la colaboración entre ambos: “Unidad en el dolor y unidad en la respuesta”. Hace tanto que no ocurría algo así que nos extraña. Los dos hablan y copan el protagonismo. Aparecen también los ministros Óscar Puente, María Jesús Montero y Fernando Grande-Marlaska. Estos tres últimos en silencio.

No hubo reproches en la ‘zona cero’. Hubo comunicación. Esa es la manera de dar respuesta a una desgracia de semejante magnitud. Y con la visita de los Reyes ayer se completó la estampa. Felipe VI destacó “la voluntad de todas las administraciones de arrimar el hombro”. Los monarcas hablaron con varios vecinos que colaboraron en atender a los afectados por el siniestro y fueron a ver a algunos heridos al Hospital Universitario Reina Sofía. Muestras de humanidad. Todos juntos, todos a una, todos somos Estado. La verdad, algo consuela.
Las pocas críticas que se escucharon pasaron, como los que las hicieron, bastante desapercibidas. Así se logró escenificar la unidad que la sociedad necesita y demanda en estas situaciones. Ya hemos comprobado la grandeza de la solidaridad ciudadana, ahora toca saber si nuestros dirigentes son capaces de estar a la altura. El sufrimiento seguirá siendo el mismo, pero por una vez puede que nos ahorremos la indignación de ver cómo se tiran los trastos a la cabeza.
Menos Vox
Ahora toca guardar luto. Se han cancelado las reuniones previstas en La Moncloa para hablar de Ucrania, se han anulado entregas de premios, fiestas, ruedas de prensa y viajes internacionales. No se puede pensar en la campaña de Aragón. Lo han comprendido todos, salvo Vox. El partido ‘outsider’ de Santiago Abascal que no guarda un minuto de silencio por una mujer asesinada por su pareja y tampoco por esto.
En casos así, al observar la reacción de unos y otros, siempre me viene a la cabeza un texto del director de cine Fernando León de Aranoa. “Probaron a desplazar el centro hacia uno de los lados y les quedó bien, pero ya no era el centro. Trataron entonces de juntar los extremos, pero quedaron torcidos. Al enderezarlos, el centro volvió a inclinarse hacia la derecha, de modo que tiraron de él con fuerza hacia el otro lado, desequilibrando el total. Confundidos, se alejaron unos pasos de la pared para entender el conjunto. Decidieron entonces que era la pared la que estaba torcida, de modo que la demolieron y erigieron otra”.
El accidente de Angrois
La pieza se titula ‘Geometría política’ y da cuenta de lo complicados que son los partidos. Sé que ahora están haciendo verdaderos esfuerzos por mantener las formas y que se van a desesperar hasta que se conozcan los resultados de la investigación. Muchos han recordado el accidente del Alvia de Santiago hace 13 años, en la curva de Angrois. Fueron otras las circunstancias. No hay que especular ni lanzar bulos. Los expertos determinarán las causas y entonces sí se podrán exigir responsabilidades o culpar a la fatalidad del destino que llevamos escrito. Pero puede que no sepamos lo que pasó hasta dentro de un año y la tregua política no va a durarnos tanto tiempo. Por eso tenemos que aprovechar este instante en el que parece que nos entendemos. No queremos gritos cuando nos sentimos atenazados por la angustia.


