Opinión

Señales demoscópicas ante el año electoral

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Se acabaron las navidades y la política vuelve al primer plano. Adornos, turrones y villancicos dejan paso ya a las papeletas y las urnas que protagonizarán este año electoral. Y los partidos ponen en marcha de nuevo su maquinaria con vistas a su próxima cita: 8 de febrero, Aragón. Será la continuación de un maratoniano semestre de elecciones.

El avispero político anda algo agitado desde las autonómicas de Extremadura del 21 de diciembre, porque dieron algunas pistas de por dónde puede ir 2026. Tras un silencio electoral de año y medio, los resultados extremeños –con las particularidades ya señaladas aquí hace unas semanas– confirmaron muchos de los importantes cambios que hemos ido observando en las encuestas.

El más relevante de ellos es el fuerte tirón de Vox. Hace un año, el partido de Abascal se situaba en nuestras estimaciones electorales en el entorno del 14%, por encima del 12,4% que logró el 23J. Pero a lo largo de 2025 ha ido al alza, especialmente desde el verano, hasta situarse en el 19-20%, unos cinco puntos por encima de su histórico resultado de noviembre de 2019.

¿De dónde salen estos nuevos votantes de Vox? La principal vía de entrada es el trasvase de voto desde el PP. En la actualidad, con datos de intención directa, aproximadamente un 15% de los votantes del PP dice que ahora optará por Vox, diez puntos más que hace un año. Traducido a números absolutos, supone una transferencia de 1,2 millones de votantes, que apenas se ve reducida por las 180.000 personas que pasarían de Vox al PP. Resultado: Abascal le roba a Feijóo un millón de votantes.

Los nuevos electores jóvenes son el segundo mayor aporte de apoyos a Vox. Hace un año, algo más de un 20% de los que votarán por primera vez ya tenía decidido hacerlo a Vox, pero ahora son un tercio. Echen la cuenta: si hasta ahora acumulamos algo más de 1,15 millones de nuevos votantes, más de 350.000 se estrenarán con Abascal. Y el volumen va creciendo a medida que se incorporan más jóvenes que alcanzan la mayoría de edad.

Los abstencionistas representan otra fuente importante para la derecha autoritaria, porque Vox moviliza a tantos votantes como el PP o el PSOE. Calculen otros 300.000 votos, en cifras redondas. Y añadan también un movimiento que antes era anecdótico: el trasvase de voto desde la izquierda. Los sondeos nos dicen que cerca de un 4% de los votantes del PSOE ahora elegiría a Vox, cuando hace un año no llegaba al 1%. Estamos hablando de más de 250.000 votos. Obviamente, este salto no es ideológico, sino el reflejo de un sentimiento de protesta frente a la sensación de que hay problemas que no se solucionan. La consolidación o ampliación de este fenómeno será clave en 2026 para las expectativas de Abascal, que ya ha dado alcance a Feijóo en las preferencias del electorado como presidente del Gobierno.

Acto de cierre de la campaña electoral con el presidente de Vox, Santiago Abascal
EFE/Jero Morales

Mayoría de la derecha

Extremadura también confirmó a escala autonómica el otro gran cambio que pronostican las encuestas para el conjunto nacional: una cómoda mayoría de los partidos de la derecha. Pero con una advertencia: cuando más fuerte esté Vox, menos lo estará el PP. Los datos de base de las encuestas apuntaban que el ascenso de la derecha autoritaria alejaba la mayoría absoluta de María Guardiola y así lo han plasmado las papeletas en las urnas.

Por tanto, no se fíen mucho de las estimaciones que frenan a los de Abascal para sostener al PP por encima del 30%. Los microdatos nos dicen que hoy el PP solo tiene una corta ventaja o incluso está prácticamente empatado con el PSOE en el entorno del 28%. Este escenario no se lo creen en el Madrid DF –tampoco muchos de sus votantes más fervientes–, pero los datos dicen que ambos partidos tienen niveles similares de fidelidad de voto e indecisión y no parece que los trasvases desequilibren claramente la situación.

La resistencia del PSOE

El PSOE, mientras tanto, está haciendo gala del Manual de resistencia de Pedro Sánchez. Pasado el shock de julio por el caso Cerdán, los socialistas solo perderían ahora unos tres puntos con respecto a las últimas generales. Si aguantan es sobre todo por la fidelidad de los suyos (dos tercios de sus votantes tienen intención de repetir), el 12% que reciben de Sumar y la movilización de abstencionistas. Quienes piensen que la abstención sufrida por los socialistas en los pueblos en las elecciones extremeñas es un indicio de lo que pasará en las generales seguramente se equivocarán.

EFE/ Jero Morales

En cuanto a los partidos a la izquierda del PSOE, Extremadura demostró que la unidad es más rentable electoralmente que la división. Pero ni en Sumar ni en Podemos se dan por enterados, en vista de la falta de acuerdo para formar lista única en Aragón. En el conjunto nacional, el espacio más a la izquierda no está muy lejos de los tres millones de votos que tuvo en 2023, pero sus líderes mantienen una distancia difícil de superar. Ni bajo la figura de Gabriel Rufián.

Así está el pulso demoscópico en España en este arranque de año electoral. Lo será en Aragón, Castilla y León y Andalucía, pero ¿veremos también unas generales? Pues no está nada claro. Ya lo decía el martes Pilar Gómez en su newsletter de cierre del año: salvo que las cuitas judiciales cambien el panorama, el plan del Gobierno es alargar la legislatura todo lo posible. Y aunque la oposición está “en constante estado de ansiedad”, los socios del Ejecutivo prefieren seguir adelante.

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