La generación que viene

Andrea, Elmira y Rafaella debaten sobre el 8M: “El género no limita lo que podemos hacer”

Son estudiantes y no piensan igual sobre el 8M y lo que significa. Solo una de ellas reconoce que acude a la manifestación aunque las tres siguen viendo machismo

El feminismo continúa siendo uno de los grandes debates sociales de nuestro tiempo, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Con motivo del 8M, Día Internacional de la Mujer, Artículo14 pregunta a Andrea, Elmira y Rafaella sobre el significado del feminismo, la igualdad entre hombres y mujeres y el simbolismo del 8M.

Aunque comparten la convicción de que la igualdad plena aún no se ha alcanzado, sus perspectivas revelan matices sobre el movimiento feminista y sobre cómo deben abordarse los retos pendientes. Elmira señala como referente a Malala Yousafzai, a quien admira por su defensa del derecho de las niñas a la educación y por su lucha global por los derechos de las mujeres. Rafaella tiene como referente a Emma Watson, una actriz que también se le conoce por defender la igualdad. Y Andrea pone de ejemplo a su madre, quien se encarga “tristemente” de todas las tareas del hogar.

La conversación con el periódico comienza abordando los límites dentro las relaciones de pareja. ¿Consientes que tu pareja te mire el móvil? A ninguna le parece bien que lo hagan “sin motivo”. Elmira defiende que la base de una relación es la “confianza” y coincide con Andrea en que, aunque escucharía la a su pareja sobre cómo vestir, tendrían la decisión final. Rafaella, con un tono firme ,dice que “no consideraría su opinión en cuenta porque yo elijo que ponerme en base a mis gustos y a mi comodidad”.

Las tres jóvenes coinciden en que, pese a los avances de las últimas décadas, la igualdad entre hombres y mujeres todavía no es una realidad completa. Andrea lo explica a partir de ejemplos que, a su juicio, reflejan que las mujeres siguen enfrentando barreras estructurales. “Por supuesto que no”, afirma, citando casos como la ausencia de categorías femeninas en determinadas competiciones deportivas.

Rafaella comparte una visión similar, aunque la sitúa especialmente en el ámbito laboral. “Creo que ha mejorado mucho a lo largo de los años, pero aún hay mucha desigualdad”, sostiene. En su opinión, uno de los ejemplos más claros es la brecha salarial y el reconocimiento profesional: “En el sector laboral aún las mujeres son menos remuneradas y reconocidas que los hombres a pesar de hacer el mismo trabajo”.

Elmira, por su parte, considera que los avances legislativos han sido importantes, pero subraya que el cambio social es más lento. “Se han conseguido muchos avances, pero todavía no se ha llegado a una igualdad total porque aunque las leyes cambien, las mentalidades son difíciles de cambiar”, explica. Para ella, la igualdad real requiere “trabajo, educación y conciencia social”.

El feminismo como debate generacional

También coinciden en que el feminismo sigue siendo un concepto sujeto a interpretaciones diversas. Para Andrea, el feminismo consiste en lograr que las mujeres ocupen el lugar que les corresponde en la sociedad. “Para mí el feminismo es que la mujer tenga el lugar que le corresponde en el mundo, un lugar sentado a la par del hombre”, afirma, rechazando la idea de que se trate de una lucha por la superioridad femenina.

Elmira comparte esa definición centrada en la igualdad. “El feminismo es la lucha por la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres, sin que el género limite lo que podemos hacer”, explica. A su juicio, el objetivo fundamental del movimiento sigue siendo garantizar que hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades en todos los ámbitos de la vida.

 

Rafaella introduce una dimensión más comunitaria del feminismo. “Para mí es más que una manera de pensar, es una comunidad donde las mujeres encuentran la fuerza para reclamar el respeto que merecen”, señala, subrayando el papel del movimiento como espacio de apoyo colectivo frente a las desigualdades.

El debate sobre el 8M

La celebración del 8 de marzo genera también distintas posiciones entre las jóvenes. Andrea, por ejemplo, reconoce que el movimiento feminista la representa, aunque no participa en las manifestaciones. “¿Iría al 8M? No, no lo creo”, admite, pese a considerar que el feminismo tiene un impacto importante en la sociedad y en la visibilidad de las reivindicaciones de las mujeres.

Elmira adopta una postura similar. Aunque apoya la igualdad entre hombres y mujeres, no suele acudir a las protestas del 8M. En su opinión, parte del feminismo contemporáneo ha perdido su foco. “Respeto a quienes participan, pero siento que el feminismo actual a veces es un poco radical y ha perdido su centro”, afirma. Al mismo tiempo, insiste en que el movimiento sigue siendo necesario y recuerda que en muchas partes del mundo las mujeres continúan sin disfrutar de derechos básicos.

Rafaella, en cambio, sí ve en el 8M un espacio de reivindicación importante. “Me gustaría mucho ir, creo que sí me representa porque es una forma de manifestar y darle voz a todas esas injusticias que se viven día a día”, explica, destacando la dimensión colectiva de las movilizaciones feministas.

Política y protección de las mujeres

Todas expresan dudas sobre el papel de la política en la protección de las mujeres frente a la violencia o la discriminación. Andrea considera que la política no protege lo suficiente a las víctimas, mientras que Elmira cree que se han producido avances, aunque todavía existen deficiencias en los procesos y en la sensación de seguridad de muchas mujeres. Ambas muestran una gran preocupación y “miedo” ante escándalos de acoso en instituciones públicas.

Rafaella comparte una visión crítica similar. “No lo creo”, responde cuando se le pregunta si la política protege adecuadamente a las víctimas de violencia machista, y muestra enfado ante los casos de acoso: “Me genera asco cómo hay personas que usan el poder para intimidar a las mujeres”, afirma.

El machismo en la vida cotidiana

Más allá del debate político, las tres jóvenes coinciden en señalar que el machismo sigue presente en la vida cotidiana. Andrea lo observa incluso en su entorno familiar. Explica que en su casa las responsabilidades domésticas recaen principalmente en su madre, a pesar de que ambos padres trabajan. “Mi mamá trabaja y cocina, limpia y hace el trabajo de los dos, mientras que mi papá solo trabaja”, relata, como ejemplo de roles tradicionales que aún persisten.

Elmira también identifica comportamientos machistas en su entorno, aunque muchas veces se presenten de forma sutil. “Muchas veces está normalizado y no siempre se hace con mala intención”, señala, poniendo como ejemplo comentarios que siguen asignando determinadas tareas o actitudes a hombres o a mujeres.

Rafaella, por su parte, afirma haber crecido en un entorno especialmente marcado por el machismo. “Vengo de un país muy machista donde en la política hombres deciden por los derechos que pueden o no tener las mujeres”, explica. Entre las frases que ha escuchado en su entorno menciona comentarios estereotipados como que “las mujeres conducimos mal”.

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