A lo largo de la última década, España ha avanzado en la reducción de la brecha salarial entre hombres y mujeres. Un indicador clave de la desigualdad laboral y económica entre los géneros. Según los datos de la Encuesta Anual de Estructura Salarial recogidos en el último informe del Instituto de las Mujeres, en 2023 la ganancia media anual de ellos fue de 30.372,49 euros, frente a 25.591,31 euros para ellas. Lo que supone que las mujeres percibieron de media 4.781,18 euros menos al año. Esta diferencia equivale a una brecha salarial del 15,74%. Es decir, por cada euro que gana un hombre, una mujer percibe aproximadamente 84 céntimos.
Si comparamos estos datos con los de 2013, cuando la brecha era del 23,99%, observamos que en diez años la brecha retributiva se ha reducido en cerca de un 35% en términos relativos. Y pasa de casi 24 puntos a poco menos de 16. Este descenso refleja avances en políticas de igualdad salarial. Aunque la persistencia de una diferencia significativa indica que aún quedan retos por abordar para alcanzar la plena equidad en la retribución.
El estudio, elaborado por las investigadoras María José Carretero y Julia Nogueira, reconoce que durante los periodos de contracción económica la diferencia de sueldo entre sexos se incrementa. Así, en el año 2013, cuando el país atravesaba uno de los peores momentos derivados de la crisis, la ratio fue la más elevada del siglo XXI. De igual modo, aunque con menor agresividad, gracias a los ERTE y las medidas del Estado, durante los años de pandemia -2020 y 2021- el porcentaje frenó su caída y se mantuvo prácticamente inamovible. Hubo que esperar a los dos años siguientes, en los que la actividad se recuperó y expandió, para volver a un ritmo mucho más acelerado.
Brecha por franjas de edad
Si se aprecia el desequilibrio por tramos de edad, se observa que aumenta de forma progresiva entre los 25 y los 59 años. Así, el análisis señala que hay “una progresiva ampliación de las desigualdades retributivas a lo largo del ciclo laboral”. No obstante, en el último tramo de edad, la brecha vuelve a reducirse. La mayor disparidad se registra con la entrada al mercado laboral. Entre los 20 y los 24 años, momento en el que no existen distinciones por experiencia o el desarrollo de la carrera y a pesar de que las mujeres alcancen niveles formativos superiores a los hombres, la brecha se sitúa en el 16,02%.
En este sentido, Nogueira ha declarado durante la presentación del diagnóstico que “existe una brecha horizontal: ellas se decantan por unos estudios que están peor remunerados que los que escogen ellos”. Las mujeres están sobrerrepresentadas en educación, actividades sanitarias y de servicios sociales y actividades de los hogares como empleadas de personal doméstico. Al mismo tiempo, están infrarrepresentadas en profesiones bien pagadas como las finanzas, la tecnología o la ingeniería.
Por edades, desde 2013 se observa una reducción en todos los grupos, salvo en el tramo de 60 a 64 años, donde se ha registrado un ligero aumento. Los descensos más significativos se han dado entre los 45 y los 59 años, aunque estos siguen siendo los grupos con las brechas más elevadas. Por otro lado, el grupo de 25 a 29 años también muestra una disminución destacable.
Tipo de jornada y empleador
Atendiendo al tipo de jornada, la reducción de la brecha salarial se observa principalmente en los empleos a 40 horas. En cambio, en los trabajos a tiempo parcial, la divergencia retributiva no muestra una tendencia definida. Y varía significativamente. Este factor influye directamente en la diferencia general en la retribución que existe entre hombres y mujeres. Según datos de la EPA, los contratos a tiempo parcial son asumidos en casi un 75% por mujeres.
“Los varones se acogen a este tipo de jornadas al principio para compaginar sus estudios. En cambio, las mujeres lo hacen a lo largo de su carrera, porque a los 40 años, por ejemplo, sacrifican su empleo para cuidar a los hijos“, sostiene Nogueira.
En cuanto al pagador, el informe también atribuye severas diferencias. Mientras entre los trabajadores del sector público el desequilibrio se reduce al 8,12%, entre los profesionales de empresas privadas el desfase se dispara hasta el 23,5%. Es decir, la disparidad salarial es casi tres veces superior en favor de este último. El estudio lo atribuye a “un mayor grado de reglamentación y transparencia retributiva y menores posibilidades de discrecionalidad” en los contratos fijados por la administración.
Por comunidades autónomas
Al igual que en el conjunto del Estado, la brecha salarial sigue presente en todas las comunidades autónomas. Aunque registra grandes diferencias dependiendo del territorio. Los promedios más altos se registran en Navarra (20,68%), Asturias (20,06%) y Murcia (19,15). Mientras que los más bajos corresponden a Canarias (4,74%), Baleares (8,67%) y Extremadura (11,91%). Con todo, la ratio de la peor posicionada multiplica por más de cuatro la proporción de la mejor.
Como consecuencia de una trayectoria profesional reconocida económicamente en inferioridad, la mayor de las disforias se registra con la salida del empleo. Es decir, en la pensión de jubilación. Para evitar el factor de los pagos a las mujeres que no participaron a lo largo de su vida en el mercado laboral, el documento segrega entre contributivas y no contributivas. Así, considerando solo la primera, la brecha salarial se dispara hasta el 31,1%. Por ello, la directora del Instituto de las Mujeres, Cristina Hernández, ha destacado que “hay que trabajar para que cuando seamos viejas no seamos pobres”.
Por su parte, la ministra de Igualdad, Ana Redondo, que defiende que las políticas progresistas están detrás de la reciente reducción de la disparidad salarial entre sexos, ha vaticinado que habrá que esperar 20 años para lograr finalmente la paridad total. Pero concluye que “no estamos dispuestas a esperar tanto” y ha emplazado a todos los agentes sociales para que se convierta en una realidad lo antes posible.
