El dinero nos infunde miedo. Nos encanta, pero evitamos mirarlo a los ojos por si nos delata lo poco que nos enseñaron a manejarlo y, menos aún, a ganarlo en cantidad suficiente. Lo sabe la financiera Andrea Redondo, que ha hablado sobre ello con decenas de miles de mujeres y se ha hartado de escuchar esa retahíla de excusas que ya conocemos: “Los números no es lo mío”, “las matemáticas se me indigestan” o “las inversiones son cosa de hombres”. “No son más que falsas creencias y autosabotajes que nos alejan de una buena calidad de vida, seguridad, tranquilidad, libertad y nuestros propios sueños”, nos avanza con su último libro bajo el brazo, Dinero a todo color.
Con esta hoja de ruta financiera, la autora, fundadora de El Club de Inversión, nos enseña cómo “ser, tener y hacer más”. Lo ha escrito inspirada en la vida de su tía Carmen, una mujer que cuando empezaba por fin a tomar las riendas de su vida, dejando atrás un cúmulo de adversidades, fue diagnosticada con un cáncer metastásico. Murió tres días antes de cumplir los 60. Con esa lección de no aplazar y después de alcanzar su libertad financiera por mérito propio, Redondo nos explica cómo poner en orden nuestra economía doméstica y cómo dar los primeros pasos en el mundo de las finanzas. Lo ha escrito de manera tan digerible que nos habla de los fondos de emergencia desde el seguro del trasero de Jennifer Lopez o de la gestión emocional y caótica del dinero poniendo como ejemplo a Carrie Bradshaw, protagonista de Sexo en Nueva York.
Hablas de “esclavitud económica” en pleno siglo XXI. ¿La falta de educación financiera acentúa la desigualdad estructural que afecta a las mujeres?
Hemos avanzado mucho, pero en los estratos más bajos es necesario incidir mucho más porque quedan grandes brechas. Es importante educar y romper con esas creencias tan limitantes con las que han crecido muchas generaciones de mujeres. Es hora de superar los mitos sobre invertir: que es solo para ricos, extremadamente arriesgado o demasiado complejo.
En el libro desmontas muchas excusas habituales para no ocuparnos del dinero. ¿Cuál es la que más te encuentras y cuál esconde más miedo?
La falta de tiempo por la carga de los cuidados, la rigidez horaria o la escasez de horas para formarse, emprender y crear redes profesionales. Todo esto impide prosperar económicamente. Pero a veces hay que dar un paso atrás para avanzar dos pasos más. Si no, tarea tras tarea acabamos en esa carrera de la rata de la que no salimos. Es necesario delegar, priorizar nuestro tiempo para darle la vuelta a nuestra vida.
Muchas mujeres dicen “no me gustan los números” o “no es lo mío”. ¿Eso es una preferencia real o el resultado de asociar el dinero al poder masculino?
A esas mujeres les diría que esto no va de números, sino de decisiones y elecciones que mejorarán nuestra vida. Las matemáticas son tremendamente sencillas. También la economía. Si la enfocamos pensando en la seguridad y la libertad que nos aportará, lo entenderemos mejor.
Asumimos sin rechistar que la compra emocional es patrimonio femenino y pones como ejemplo a Carrie Bradshaw. ¿Es un mal espejo?
Es un caso claro de una gestión emocional y caótica del dinero. Cada vez que Carrie Bradshaw cometía lo que yo llamo una aberración financiera, les pedía a mis amigas que, por favor, no hicieran lo mismo y, además, les explicaba cómo consumir de forma racional y sostenible sin comprometer su futuro, gracias a una planificación financiera inteligente. Carrie gastaba de forma compulsiva para reducir su estrés o la ansiedad, sin valorar si realmente esa compra era necesaria. Puede parecer una caricatura, pero hay muchas mujeres sin el control de sus finanzas y a quienes se les escurre el dinero entre las manos sin saber adónde ha ido a parar. Pero no se trata de que te culpes por lo que has hecho en el pasado, sino de que veas cómo mejorar tu situación de cara al futuro.

¿Qué primer paso debería dar cualquiera de las Carrie que lean estas líneas?
La autonomía financiera exige, antes de nada, un cambio de mentalidad y también salir de deudas, para, posteriormente, empezar a ahorrar. No hablo de privación, sino de expandir tus recursos y centrarte en aquello que es de verdad importante y prioritario para ti. Tienes que sanear las finanzas, ver qué entra, qué sale y cuánto te queda. Ahorrar en lo que no te aporta y tratar de aumentar los ingresos. Cada una de nosotras ahorrará y después invertirá de una manera distinta, según sus circunstancias y sueños. El primer ahorro consiste en alcanzar un colchón de emergencia. Si no, inviertes antes de tiempo. Aconsejo paciencia.
¿Cómo calculamos ese colchón de emergencia?
Este colchón de seguridad, de entre tres y doce meses de gastos, es lo que te permite gestionar los golpes de la vida sin que tus planes descarrilen y sin tener que recurrir a más deuda. Es un dinero que tenemos apartado para poder utilizar en caso de imprevistos. Nos permite dormir mejor por las noches sabiendo que no estamos financieramente desprotegidas si se produce cualquier eventualidad.

¿Qué precio pagaré si no tomo decisiones financieras?
El precio me lo mostró mi tía Carmen, mi musa. No podemos aplazar las decisiones. Cuanto antes actuemos, mejor. Cuanto antes aprendamos habilidades, antes veremos que el tiempo se pone de nuestro lado. Las decisiones financieras empiezan por liberarse de cargas y de gastos que no aportan y por formarse adecuadamente para conseguir mayores ingresos. Aún nos cuesta reconocer que queremos más libertad, más tiempo, más ingresos. En el libro desmonto cada excusa con ejemplos reales de mujeres en situaciones difíciles que han avanzado igual.
Uno de los grandes miedos es el riesgo. ¿Nos han enseñado que el riesgo financiero es biológicamente masculino?
Es verdad que evolutivamente ha sido así, pero no es malo que la mujer sea más reflexiva, más racional a la hora de invertir. Demos, por tanto, la vuelta a ese prejuicio.
Hay una abrumadora oferta de plataformas, libros, tutoriales, gurús… para aprender a invertir. ¿Por dónde empezamos?
Es cierto, pero hay que rascar bien para saber qué información es fiable. Me fiaría más de aquellos divulgadores financieros que crearon su patrimonio antes de crear sus plataformas. Se nota en la calidad de sus contenidos. Ante la posibilidad real de estafa, hay que actuar con sentido común. Desconfiar de quienes contacten contigo proactivamente, antes de que tú lo solicites, y también de todas aquellas inversiones que prometen rentabilidades garantizadas o muy elevadas. Hay excepciones, pero lo más inteligente es huir de estas promesas.
