La inmigración en España se ha convertido en uno de los fenómenos sociales y demográficos más singulares del continente europeo. No solo por su volumen, sino por la estrategia política adoptada en los últimos años, que sitúa al país en una posición claramente diferenciada respecto a sus vecinos. Mientras gran parte de Europa endurece sus políticas migratorias, España avanza en la dirección contraria.
Esa singularidad quedó reflejada recientemente en un reportaje del The New York Times, que retrataba a España como un país que regulariza a inmigrantes incluso cuando su llegada ha sido irregular. Una imagen que el Gobierno celebró, pero que también evidencia hasta qué punto la inmigración en España se ha convertido en una excepción dentro del mundo occidental.
Un crecimiento demográfico que rompe la tendencia europea
Desde la pandemia, la inmigración en España ha sido el principal motor del crecimiento poblacional. Entre 2021 y 2025, el país ha ganado cerca de dos millones de habitantes, pasando de 47,4 a 49,1 millones, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Un dato llamativo en un país con una de las tasas de natalidad más bajas del mundo y una población cada vez más envejecida.
Mientras otros Estados europeos pierden habitantes o se estancan, España lidera el crecimiento demográfico en números absolutos dentro de la Unión Europea. Solo países pequeños o muy específicos, como Malta o Luxemburgo, presentan incrementos proporcionales mayores. La inmigración en España explica casi por completo esta anomalía estadística.
¿Cuántas personas de origen extranjero viven en España?
A comienzos de 2025, más de 9,4 millones de personas residentes en España habían nacido en otro país. Esta cifra incluye tanto a extranjeros como a quienes ya han adquirido la nacionalidad española. Marruecos encabeza la lista de países de origen, seguido de Colombia, Venezuela, Rumanía y Ecuador.

Sin embargo, diversos estudios coinciden en que estos datos no reflejan toda la dimensión real de la inmigración en España. Un informe de Funcas amplía el foco al incluir a las segundas y terceras generaciones, hijos de inmigrantes nacidos ya en territorio español. Con ese enfoque, la población de origen extranjero alcanzaría el 24,3 % del total: prácticamente una de cada cuatro personas.
España, a la cabeza de Europa en inmigración
Las cifras de Eurostat refuerzan esta idea. En número absoluto de residentes nacidos en el extranjero, España se sitúa ya en los primeros puestos de Europa y está muy cerca de superar a Francia, solo por detrás de Alemania. En porcentaje sobre la población total, roza el 20 %, integrándose en el grupo de países con mayor peso migratorio del continente.
Este crecimiento acelerado convierte a la inmigración en España en un fenómeno estructural, no coyuntural. No se trata solo de llegadas puntuales, sino de un cambio profundo en la composición social del país.
Regularización, irregularidad y falta de planificación
Uno de los elementos más controvertidos de la inmigración en España es el volumen de personas en situación irregular. Frente a las cifras oficiales del Gobierno, Funcas estima que a comienzos de 2025 había alrededor de 840.000 personas sin regularizar. El informe apunta a una escasa planificación de la política migratoria y a la ausencia de una estrategia clara sobre volumen y perfil de los flujos.

Un dato especialmente relevante es el origen de esta inmigración irregular: cerca del 90 % procede de Hispanoamérica. Este factor diferencia a España de otros países europeos y explica en parte la rapidez de los procesos de regularización.
Natalidad, envejecimiento y presión demográfica externa
El Ejecutivo justifica la regularización masiva por la crisis demográfica. Con una tasa de fertilidad de 1,24 hijos por mujer, España se sitúa a la cola de Europa. En 2024 se registró el peor dato histórico de nacimientos, apenas 318.000, y una cuarta parte correspondieron a madres extranjeras.
Al mismo tiempo, los países de origen de buena parte de la inmigración en España presentan tasas de natalidad muy superiores. Marruecos, Argelia o Venezuela duplican la española, y en África subsahariana las cifras son aún más elevadas. Las proyecciones de la ONU anticipan un crecimiento masivo de población en regiones cercanas a Europa y una pérdida sostenida en el continente europeo.
Opinión pública y consecuencias políticas
La inmigración en España no solo plantea retos económicos o sociales, sino también políticos. Encuestas recientes reflejan que casi la mitad de la población considera que hay demasiados inmigrantes en el país. Este rechazo es especialmente alto en áreas urbanas industriales donde la concentración migratoria es mayor.

En este contexto, partidos con un discurso duro contra la inmigración, como Vox, son los únicos que mejoran resultados en las encuestas. Aunque no existe una relación automática entre inmigración y voto, el fenómeno está claramente influyendo en el clima político.
La inmigración en España se ha convertido así en uno de los grandes ejes del debate público: un fenómeno que explica el crecimiento del país, pero que también tensiona la cohesión social y redefine el mapa político.
