Contracrónica

Julio Iglesias ya no es de todos, ahora solo es del PP

La figura del cantante, que fue un icono de la campaña de Aznar en 1996, se convierte en munición política

Julio Iglesias.

Los tiempos de reacción en política guardan una relación proporcional al beneficio o al perjuicio de un asunto. Cuando se dice, por ejemplo, aquello de que “la noche electoral va a ser muy larga” quiere decirse que el candidato de turno está calculando la distancia desde alguna ventana al suelo, lo que sea para evitar las amargas explicaciones en público. Un tiempo de reacción largo. En cambio, cuando sucede lo contrario, cuando los políticos salen raudos a por los micrófonos, es que hay ganas de aprovechar las circunstancias.

Tres ministras del Gobierno acudieron ayer a toda velocidad a comentar las denuncias por abusos sexuales de extrabajadoras de Julio Iglesias. La primera fue la ministra de Igualdad, Ana Redondo, que anduvo en diciembre desaparecida y sin agenda oficial en pleno goteo de casos de acoso sexual en el PSOE. No así ayer, cuando Redondo salió a pedir que se investiguen “hasta el final” las acusaciones de agresión sexual que pesan sobre el cantante.

Momento Suárez

Lo hizo, por cierto, en un día precisamente en que el Ministerio de Igualdad dio a conocer que Ana Redondo mantuvo el pasado diciembre un encuentro con la mujer que denunció haber sido víctima de agresiones sexuales por parte del expresidente del Gobierno Adolfo Suárez cuando ella tenía 17 años y él 51.

También la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, se hizo eco de los “escalofriantes testimonios de las extrabajadoras de Julio Iglesias”, mientras que la ministra portavoz, Elma Saiz, pidió no blanquear a la ultraderecha que niega la violencia de género.

Sobre la mesa ya hay un debate en paralelo, el de si conviene retirar honores al famoso cantante, distinguido entre otros títulos, con la Medalla de Oro en las Bellas Artes, nombrado Hijo Predilecto del Ayuntamiento de Madrid y laureado con la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid. PSOE y Más Madrid fueron quienes azuzaron el debate a nivel local.

Un icono del PP

La dirección nacional del PP, por su parte, optó por mantenerse de perfil, probablemente sin ánimo de dar más combustible al incendio desatado en torno a Julio Iglesias. En la retina de muchos todavía están presentes las imágenes del cantante participando en la campaña de José María Aznar en las elecciones generales de 1996 y pidiendo para él la “mayoría absoluta”.

Subido a un escenario en el campo de Mestalla, dijo el artista que había tomado la decisión de arropar a Aznar “con el alma y con la cabeza” porque después de trece años con el mismo Gobierno “un país no crece si no tiene un cambio; se apoltrona, se adocena, se acostumbra”.

Aznar y Julio Iglesias en el campo de Mestalla en un mitin en febrero de 1996
Efe

Ya lo escribió Julio Peyró en El español que enamoró al mundo: “Cabe decir que en política no le ha faltado valentía a Julio Iglesias para pronunciarse aunque cabrá también matizar que de la valentía ha hecho un uso espaciado, y por lo general cuando su fortuna ya era insumergible (…) No padeció bajo el poder de Felipe González. Con Aznar hizo política, con Zaplana hizo negocios y con Reagan, en fin, cantó villancicos”.

El perfil bajo de la dirección nacional del PP contrastó —y completó el cuadro de un asunto definitivamente politizado— con la defensa cerrada de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que usó sus redes para decir que su gobierno “jamás contribuirá al desprestigio de los artistas” y “menos al del cantante más universal de todos: Julio Iglesias”. “Las mujeres violadas y atacadas están en Irán, con el silencio cómplice de la ultraizquierda“, añadió.

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