Junts prevé tumbar la senda de déficit pese a salvar a Sánchez con las nucleares

"Cuando se den el golpe, será peor", avisan desde el partido de Puigdemont. Moncloa respira aliviada y vende que la legislatura continúa

La portavoz de Junts, Míriam Nogueras, pasa ante el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero.
EFE

El Gobierno respira con cierto alivio después de que Junts per Catalunya, que vende su ruptura con Pedro Sánchez, le haya permitido salvar una nueva bala en el Congreso de los Diputados. La abstención del partido de Carles Puigdemont en el pleno del jueves permitió que naufragase una enmienda a la ley de Movilidad Sostenible que establecía una ampliación del calendario de vida útil de las centrales nucleares de Almaraz, Ascó y Cofrentes (171 votos a favor, 172 en contra).

Cualquier otro escenario habría supuesto nuevas dificultades para el PSOE, que desde el principio alegó que no había margen para que el Ejecutivo ejerciera su facultad de vetar esta enmienda escudándose en su impacto presupuestario.

A poco más de un mes para las elecciones en Extremadura (21 de diciembre), que inauguran el nuevo ciclo de convocatorias a las urnas, y con la central de Almaraz en el centro del debate político, cualquier maniobra podría haber perjudicado a un candidato (Miguel Ángel Gallardo) que este lunes sorprendía dando por hecho que la vida útil de Almaraz se extenderá.

De hecho, la presidenta extremeña, María Guardiola (PP), no dejó pasar esta oportunidad: “Los socialistas extremeños aplaudiendo la traición a Extremadura con el cierre de Almaraz”, escribió en su perfil de X, adjuntando el vídeo de la votación y su resultado.

A su vez, que la pelota estuviera en el tejado de Junts permitía al PSOE parapetarse de las críticas de su socio de coalición, Sumar, que exigía cumplir con el pacto de Gobierno en lo que al cumplimiento del calendario de cierres se refiere. Sus socios de izquierdas le habían exigido lo propio.

Y el hecho de que ERC haya votado a favor, a pesar de la importancia de la energía nuclear en Cataluña, sumado a que también han logrado los votos para impulsar la ley de Atención a la Clientela del ministro Pablo Bustinduy, les ha permitido esquivar dos derrotas parlamentarias de peso.

El propio Sánchez asistió a la votación, y en el ala socialista del Gobierno recuerdan que quien ha perdido enmiendas es el PP “porque no estaba Feijóo”. “Hemos vivido un momentazo”: “No ha acabado mal la semana”, presumen.

De hecho, fuentes de Moncloa insisten en restar hierro a las tensiones con Junts, después de que presentara 24 enmiendas de totalidad a las normas en tramitación, y anunciara su voto en contra de otra veintena de leyes.

Se resisten a hacer una lectura sobre si hay una “ruptura” efectiva o no, aunque dan por hecho que habrá nuevas derrotas. La estrategia, hoy más que nunca, pasa por vender que los partidos deberían votar en base únicamente al contenido de las iniciativas políticas. Y por hacer “pedagogía” sobre la complejidad parlamentaria. “Es una partida que hay que jugar, no un juego de tronos”, venden.

Distintas fuentes del PSOE venden que la moral está alta, a pesar de haber tenido que digerir las imágenes del fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, declarando desde el banquillo de los acusados en el juicio por presunta revelación de secretos, que ha quedado visto para sentencia este jueves. O de haber tenido que “surfear” la marejada de los vaivenes de Junts.

Que el abogado general de la UE haya puesto objeciones a la ley de Amnistía, pero haya despejado el regreso de Puigdemont, ha contribuido a generar cierto optimismo en sus filas. También en el Ejecutivo.

La portavoz de Junts en el Congreso de los Diputados, Miriam Nogueras.
Europa Press

Junts advierte de que votará contra los objetivos de déficit

En las filas de Puigdemont, sin embargo, aprovechan para arrojar sobre los socialistas un nuevo jarro de agua fría. Esta misma semana, el Ejecutivo puso por fin fecha a la convocatoria del Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF), en el que se sientan las comunidades autónomas, y que se reunirá el lunes para  determinar el reparto de los objetivos de déficit y deuda.

Es el paso previo a la aprobación del techo de gasto en Consejo de Ministros, que después se remitirá al Congreso para votar el reparto de los objetivos de déficit (el techo de gasto no se vota). Hacienda tiene garantizada luz verde en el CPFF, donde ostenta la mayoría, pero no tiene atados los apoyos parlamentarios.

Y es en este contexto en el que fuentes de Junts anticipan que rechazarán los objetivos de déficit: “Vamos a votar que no”, aseguran. Ya lo hicieron en 2024, y empujaron a la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, a retirarlos en un segundo intento, ante la certeza de que volverían a tumbarlos.

La activación de la maquinaria presupuestaria llega meses después del plazo marcado por la Constitución para presentar las cuentas ante la Cámara Baja (último día de septiembre). Y vuelve a visibilizar la minoría parlamentaria del Ejecutivo. “Hace una semana dijimos que no habría Presupuestos”, recuerdan los de Puigdemont.

La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero durante el pleno del pasado 12 de noviembre en el Congreso.
EFE/ ZIPI ARAGON

Hay estupor en sus filas ante el triunfalismo de los socialistas por haber salvado los muebles con la enmienda sobre las nucleares. “Es como el entrenador que celebra que no le hayan metido una goleada”. “Si celebran que una enmienda del PP, de 400, cae, cuando se den el golpe va a ser peor”, advierten.

Desde su delegación en Madrid, intentan contrarrestar el “relato” de que “las nucleares son malas”, y recuerdan que en Cataluña “se depende de ellas”. Además, aprovechan para mandar un recado al PP, al que reprochan no haber buscado sus votos. Ni para ellos ni para el PSOE, afirman, habrá ningún “cheque en blanco” con su firma estampada.

“Si hubieran negociado con Junts, la enmienda no habría quedado así”. Esta negociación no se produjo, y los de Puigdemont acabaron prestando una nueva bombona de oxígeno al Gobierno para superar la semana parlamentaria.

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