Las elecciones autonómicas del próximo 8 de febrero en Aragón estarán marcadas por un elemento singular: las principales candidaturas de la izquierda están encabezadas por mujeres. Pilar Alegría lidera la opción del PSOE, Marta Abengochea la de Sumar e Izquierda Unida mientras que María Goicoechea será la cabeza electoral de Podemos. Una división que podrá tener consecuencias electorales
El Partido Socialista de Aragón afronta la cita electoral con Pilar Alegría como candidata a la presidencia autonómica. Su candidatura se ve condicionada por la incapacidad del resto de fuerzas situadas a la izquierda del PSOE para concurrir en una lista conjunta, una circunstancia que la propia Alegría ha lamentado públicamente al considerar que una candidatura unitaria habría sido “positiva” para maximizar opciones frente a sus adversarios políticos.
Alegría ha permanecido distanciada de la política autonómica aragonesa debido a su incorporación al Gobierno de Pedro Sánchez en 2021, aunque ahora busca ahora recomponer su posición reforzando su agenda y multiplicando los actos en todo el territorio de la comunidad. Sin embargo las expectativas no son altas: según el sondeo de SyM Consulting para elecciones, el PSOE tendría un 24,5% de apoyo con 18 escaños, lejos del 39,5% que le dan al PP.

Más allá del PSOE, el escenario es aún más complejo. La llamada izquierda alternativa llega a estas elecciones fracturada en al menos tres candidaturas distintas: Izquierda Unida–Movimiento Sumar, Podemos y Chunta Aragonesista. Los intentos de construir un frente amplio similar al de Unidas por Extremadura han fracasado pese a las negociaciones de última hora y los contactos cruzados entre direcciones autonómicas. El resultado es una oferta electoral dispersa que puede penalizar la representación parlamentaria del bloque progresista en su conjunto.
Marta Abengochea será la cabeza de lista de la coalición IU–Movimiento Sumar. Desde esta formación se reivindica que el acuerdo alcanzado representa la “unidad real y posible”, y se defiende como una alianza destinada a reforzar un proyecto de izquierdas centrado en la defensa de los servicios públicos, los derechos sociales, la vivienda y el equilibrio territorial.
Abengochea ha subrayado que el objetivo es ensanchar el espacio político de la izquierda alternativa y ofrecer una propuesta coherente frente a las políticas del Gobierno autonómico del PP.
Movimiento Sumar, por su parte, logra así cumplir uno de sus principales objetivos estratégicos: concurrir a unas elecciones autonómicas de la mano de un aliado relevante, pese a su débil implantación territorial en Aragón. La coalición con IU permite a Sumar mantener presencia y evitar quedar relegado. No obstante, esta alianza no ha sido suficiente para integrar al resto de actores progresistas.
Podemos concurrirá en solitario con María Goicoechea como candidata a la presidencia de Aragón. Goicoechea, respaldada por un amplio porcentaje de la militancia del partido, representa una apuesta clara por un perfil feminista y de izquierda nítida.
Desde Podemos se justifica la decisión de presentarse en solitario como una respuesta a la negativa del resto de formaciones a aceptar su propuesta de reproducir el modelo de Unidas por Extremadura. El partido morado sostiene que su candidatura es “imprescindible” para ofrecer una alternativa claramente diferenciada del PSOE, al que acusa de no haber sabido dar respuesta a problemas como la vivienda o la precariedad, y de haber generado desafección entre parte del electorado progresista.
A esta fragmentación se suma la decisión de Chunta Aragonesista de concurrir también por separado. Su candidato a la presidencia será el diputado nacional Jorge Pueyo, por lo que la formación ha descartado integrarse en una candidatura unitaria y ha criticado los vetos cruzados y las dinámicas impuestas desde Madrid. Esta decisión refuerza la idea de que, en Aragón, la izquierda alternativa no puede consolidar una estabilidad de alianzas, a diferencia de lo ocurrido en otros territorios.
Las mujeres lideran buena parte de las candidaturas de izquierdas, pero esa pluralidad de liderazgos no se traduce en cohesión política. Esto podría traducirse en la dispersión del voto podría facilitar una mayoría de derechas o, al menos, limitar la capacidad de la izquierda para influir en la gobernabilidad.



