Al menos 30 mujeres migrantes han sido agredidas sexualmente en Ceuta. Mujeres que cruzaron la frontera huyendo, en muchos casos, de la violencia en sus países de origen. No quieren causar problemas ni tampoco ser devueltas, solo quieren ser protegidas. Casi un mes y medio después de la entrada masiva en Ceuta, la situación de las mujeres y las niñas que cruzaron la frontera continúa marcada por una lucha por preservar su propia integridad física y sexual.
La Fiscalía actualizó este viernes los datos sobre la violencia sexual sufrida por las mujeres migrantes y confirmó que se han abierto más de 30 procedimientos por agresiones sexuales desde la entrada masiva de los días 30 y 31 de julio. El 40% de las víctimas son niñas migrantes no acompañadas.

La fiscal general, Teresa Peramato, y la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, mantuvieron este viernes una reunión en la que ambas han coincidido en señalar a las niñas como el colectivo en una situación de mayor vulnerabilidad.
Asimismo, el Gobierno comunicó a la Fiscalía que dispone de 500 plazas en la Península para acelerar el traslado de menores desde Ceuta. El objetivo, según trasladó Rego, es realizar esas derivaciones “en el menor tiempo posible”, garantizar unas condiciones adecuadas de atención y bienestar y aliviar la presión que soporta la ciudad autónoma.
Hogares y refugios improvisados
Muchas llegaron a la ciudad autónoma buscando una vida mejor y han terminado durmiendo durante semanas en espacios improvisados y dependiendo de la ayuda de vecinos y voluntarios. En Sidi Embarek, un barrio de Ceuta llegó a acoger a unas 350 mujeres y niñas, una movilización vecinal de la que informó este medio. Una situación similar ocurrió en en el campo de fútbol del colegio Reina Sofía en el barrio de El Príncipe, donde algunos vecinos comenzaron a hacerse cargo de menores a las que veían deambular desorientadas por las calles.

Primero se acercaron para preguntarles qué necesitaban, adónde iban o con quién estaban. Después empezaron también a vigilar quién se aproximaba a ellas, conscientes del riesgo al que estaban expuestas. Lo que inicialmente parecían situaciones aisladas comenzó a repetirse hasta que los propios vecinos tomaron conciencia de la extrema vulnerabilidad en la que se encontraban muchas de estas niñas.
Expuestas a los agresores
La violencia sexual estuvo presente prácticamente desde el primer momento y se muestra con las cifras ofrecidas por la Fiscalía. Las mujeres y niñas son dependientes en muchos casos de la solidaridad de los ceutíes y de las ONGS como EAPN-Ceuta (Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en Ceuta) o la ONG Luna Blanca.

Muchas huyen de matrimonios forzosos, del maltrato o incluso de violaciones sufridas dentro de sus propias familias. Otras temen las consecuencias que tendría volver después de haber escapado de entornos familiares violentos. Entre ellas hay casos de mujeres de 18 años que no están en los protocolos de las menores, pero están en la misma situación de vulnerabilidad que ellas.
La fiscal jefa de Ceuta, Silvia Rojas, relataba a El País a comienzos de septiembre de la particular vulnerabilidad de estas víctimas. Entonces la Fiscalía registraba prácticamente una agresión sexual al día desde el inicio de la crisis. Rojas señalaba además otro problema que dificulta conocer la dimensión real de lo ocurrido, y es que no todas las víctimas denuncian por la situación administrativa irregular de muchas de ellas.
Un dispositivo específico para mujeres y niñas
Ante esta situación, la Ciudad Autónoma reforzó durante agosto sus mecanismos de prevención con un servicio itinerante de calle frente a las agresiones sexuales a través del Centro Asesor de la Mujer. El dispositivo se desplazó por zonas de ocio, espacios comerciales y lugares en los que permanecían mujeres y niñas migrantes para facilitar información, detectar posibles situaciones de riesgo y ofrecer asistencia.

La medida se sumó a otros recursos destinados a atender a las víctimas. El centro de crisis 24 horas de Ceuta había atendido hasta comienzos de septiembre a 12 mujeres desde la entrada masiva, nueve de ellas menores.
Casi un mes y medio después de cruzar la frontera, muchas continúan esperando una solución. Ahora, mientras esperan saber si podrán ser trasladadas a la Península, su petición sigue la misma por la que cruzaron la frontera: no volver a la vida de la que huyeron.

