En primera persona

Melisa González: “No creo que la visita del Papa vaya a solucionar los problemas migratorios”

Melisa es voluntaria y cree que hacen falta más "hechos" ante la crisis migratoria. Aunque saluda la visita del Papa, teme que no cambiarán mucho las cosas

La visita del Papa León XIV a Canarias ha reabierto el debate sobre cómo se gestiona -y cómo se percibe- la crisis migratoria en el archipiélago. En ese contexto, Melisa González Quintero, quien ha sido voluntaria de Cruz Roja en el puerto de La Restinga, y sigue prestando apoyo a migrantes, atiende a Artículo14 durante la visita papal. 

El pontífice asistió a uno de los principales escenarios de la llegada de migrantes, el muelle de Arguineguín, esto generó cierto debate sobre si el gesto podía traducirse en algo concreto para quienes trabajan en la crisis migratoria. Melisa tiene una opinión clara, y no la esconde. “Personalmente, no creo que la visita del Papa vaya a solucionar los problemas que vivimos aquí”, dice. Valora que se haya dado visibilidad a la situación, aunque le pone un pero importante: “La visita habría tenido más valor si hubiera incluido lugares como La Restinga, que actualmente es uno de los principales puntos de llegada de cayucos, o si hubiera estado más cerca de las zonas y familias que viven esta realidad de forma directa”.

Para Melisa, la clave no es el símbolo sino la presencia. “Para comprender realmente lo que está ocurriendo, hay que estar donde está el problema, escuchar a quienes lo viven cada día”. El veredicto sobre la visita es templado pero firme: “Puede tener un valor simbólico, pero las necesidades que existen aquí requieren respuestas concretas y compromiso continuo, no solo gestos puntuales”.

Melisa González Quintero
Javier Cuadrado

Melisa, que lleva tres años recibiendo cayucos en ese mismo puerto donde de niña veía a sus padres atender a los recién llegados, tiene muy claro lo que significa estar en el lugar adecuado. “Creo que, para comprender realmente lo que está ocurriendo, hay que estar donde está el problema, escuchar a quienes lo viven cada día y atender también a las familias que llevan tiempo sintiéndose abandonadas”. Según dice, la visibilidad ayuda, pero “lo que realmente hace falta son hechos”, zanja.

Políticamente, cree que es una “batalla” que está “contribuyendo a que aumente el rechazo hacia la inmigración”. Asimismo, cree que existe un “racismo“ que siempre ha estado ahí y que, con determinados discursos, “algunas personas se sienten más cómodas expresándolo abiertamente”. Matiza, no obstante, que esa no es la imagen completa. “No toda la sociedad es así, porque también hay mucha gente solidaria y comprometida, pero es evidente que ha crecido la tensión social y que cada vez se escuchan más comentarios y actitudes de rechazo hacia las personas migrantes”.

Las consecuencias de ese clima las pagan todos, subraya. “Al final, quienes sufren las consecuencias son tanto las personas que llegan buscando una oportunidad como las personas que conviven cada día con esta realidad”. La solución, a su juicio, tiene varios frentes: “Hace falta más apoyo y más recursos para gestionar esta situación”, pero también cree que falta “más información y menos utilización política” de un problema tan complejo.

El deterioro del clima social tiene además un impacto sobre los migrantes. “Creo que muchas personas migrantes están sufriendo las consecuencias del aumento de discursos de rechazo y de actitudes racistas que dificultan aún más su integración y su día a día. Por eso es importante abordar esta realidad desde la empatía, el respeto y soluciones reales”, concreta.

Melisa cierra con la convicción que guía cada madrugada en el puerto de La Restinga. “No debemos olvidar que estamos hablando de personas y de derechos humanos. Independientemente de su origen o de cómo hayan llegado, todas las personas merecen ser tratadas con dignidad, respeto y humanidad”. Para ella, defender los derechos humanos no debería ser una cuestión política, sino un principio básico de cualquier sociedad.