Asignatura pendiente

Por qué Europa no consigue acabar con el cambio horario

La Unión Europea quiso eliminarlo en 2021, pero sus gobiernos no se ponen de acuerdo. Mientras discuten qué opción conservar, Bruselas ya ha organizado los ajustes de reloj hasta 2031

A las tres de la madrugada del próximo domingo volverán a ser las dos. El reloj nos regalará una hora más de sueño. Los teléfonos móviles harán el trabajo automáticamente y millones de europeos repetirán el ritual de preguntarse si ahora se duerme más o menos. La Unión Europea lleva ocho años intentando acabar con esta ceremonia sin encontrar aún el momento.

Bruselas negocia tratados comerciales, regular la inteligencia artificial y discutir el futuro de sus fronteras, pero algo tan simple como las agujas del reloj se le resiste. En 2018, el entonces presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, anunció su intención de poner fin al cambio horario con una frase: “Se nos acaba el tiempo”. Han pasado ocho años y ese tiempo no se ha agotado. La paciencia de los ciudadanos, sí.

La iniciativa nació con un respaldo fuerte. Una consulta pública organizada por la Comisión recibió 4,6 millones de respuestas y el 84% de los participantes se manifestó a favor de dejar de adelantar y retrasar los relojes. Sin embargo, siete de cada diez respuestas procedían de Alemania. No era, por tanto, una encuesta representativa de toda Europa, aunque reflejase bien el malestar ciudadano. En 2019, el Parlamento Europeo aprobó una propuesta para acabar con el cambio estacional en 2021. La noticia se recibió con júbilo, pero la falta de acuerdo entre los Estados miembros ha impedido hasta ahora su aplicación.

Falta de acuerdo

El principal obstáculo para suprimir los ajustes estacionales es la falta de consenso entre los Estados miembros sobre qué horario debería mantenerse durante todo el año. La propuesta de la Comisión Europea deja a cada país libertad para establecer su hora oficial, pero exige una coordinación que evite distorsiones en el funcionamiento del mercado interior.

Las preferencias responden a intereses diferentes. Mantener el horario de verano permitiría disfrutar de más horas de luz al final de la jornada laboral, una circunstancia valorada en países con una importante actividad turística y comercial. El horario de invierno, por su parte, favorece una mayor coincidencia entre el amanecer y el inicio de las actividades escolares y laborales, además de ajustarse mejor a los ritmos biológicos.

El horario de verano propicia la actividad comercial después de la jornada laboral
Europa Press

La decisión tiene también otro alcance. Una elección descoordinada podría multiplicar las diferencias horarias entre países vecinos y complicar la planificación del transporte ferroviario y aéreo, las operaciones comerciales y las comunicaciones. Por ello, el Consejo de la Unión Europea considera necesario evaluar las repercusiones de cualquier modificación y alcanzar un acuerdo suficientemente amplio entre los gobiernos.

En estas circunstancias, la Comisión Europea publicó el pasado 18 de marzo las fechas de inicio y finalización del horario de verano entre 2027 y 2031. El documento, recogido en el Diario Oficial de la Unión Europea, contempla dos ajustes anuales durante ese periodo, el último de ellos el 26 de octubre de 2031. Se trata de una previsión administrativa obligatoria mientras continúe vigente la normativa actual, no de una decisión que impida modificarla antes.

En España, la controversia presenta una particularidad histórica. En marzo de 1940, durante la dictadura de Franco, el Gobierno adelantó una hora el reloj oficial de la Península, que hasta entonces seguía el meridiano de Greenwich. La modificación terminó consolidándose y explica que nuestro país comparta actualmente huso horario con países de Europa Central, pese a encontrarse geográficamente mucho más al oeste.

Portugal, situado en una longitud similar, mantiene una hora menos. Esta diferencia ha suscitado el debate sobre la conveniencia de recuperar un horario más próximo al solar, especialmente en las regiones occidentales de España, como Galicia, donde el desfase resulta más acusado.

La mejor opción para nuestra salud

A esta discusión se suman las consecuencias para la salud. La Sociedad Española de Sueño defiende la eliminación de los ajustes estacionales y recomienda mantener de forma permanente el horario de invierno. Según esta organización científica, favorece una mayor sincronización entre el reloj biológico, la exposición a la luz natural y el comienzo de las actividades cotidianas.

Muchos ciudadanos tienen problemas para conciliar el sueño durante los días posteriores, ya que se trastocan las rutinas

Los cambios horarios, especialmente el adelanto de primavera, pueden provocar alteraciones transitorias del sueño, dificultades de concentración y una peor adaptación de los ritmos circadianos. Sus efectos son más relevantes en determinados grupos de población, como los niños, las personas mayores y quienes presentan problemas de descanso.

Ha perdido también peso el argumento energético que justificó la extensión de esta práctica durante las crisis del petróleo del siglo pasado. La propia Comisión Europea reconoció en 2018 que los estudios disponibles apuntaban a un ahorro limitado. La evolución de los sistemas de iluminación, la climatización y los hábitos de consumo ha reducido la relevancia de las ventajas que se atribuían tradicionalmente al horario estacional.

A pesar de todo, la normativa europea continúa vigente. Este domingo, 25 de octubre, a las tres de la madrugada volverán a ser las dos en la España peninsular y Baleares; en Canarias, los relojes pasarán de las dos a la una. La jornada tendrá oficialmente 25 horas y el horario de invierno se mantendrá hasta el 28 de marzo de 2027, cuando habrá que adelantar nuevamente los relojes.

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