El acoso contra Rita Maestre: cuando la violencia machista llega hasta la puerta de casa

La portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento de Madrid denuncia que su dirección fue difundida en anuncios falsos de servicios sexuales

La portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento ha denunciado acoso machista en su domicilio
KiloyCuarto

Hay muchas formas de intentar expulsar a las mujeres del espacio público. Algunas no pasan por el debate político ni por la confrontación de ideas, sino por la intimidación y la humillación. Una de ellas consiste en sexualizarlas, convertirlas en objeto de burla o de deseo forzado y transformar su vida cotidiana en un escenario de hostigamiento.

Eso es lo que ha denunciado la portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre. Durante cerca de un año, según ha explicado, la dirección de su vivienda fue difundida en internet en anuncios falsos de prostitución. El resultado: hombres que acudían a su casa creyendo que habían concertado una cita. Llamadas al timbre de madrugada. Desconocidos que aparecían en la puerta de su domicilio buscando pagar por sexo.

La campaña denunciada encaja además en una práctica conocida en internet como doxing: la difusión maliciosa de datos personales —como la dirección o el teléfono— con el objetivo de intimidar, hostigar o facilitar ataques contra una persona. En este caso, el mecanismo va todavía más allá. La difusión de la dirección se combina con una campaña de difamación sexualizada que utiliza anuncios falsos para exponer a la víctima a situaciones de acoso en su propia casa.

Buscan disuadir la participación pública de las mujeres

Desde una perspectiva feminista, ataques como el denunciado por Maestre responden a mecanismos bien conocidos de violencia contra las mujeres en el espacio público. No se trata únicamente de difundir datos personales, sino de hacerlo a través de anuncios falsos de prostitución, un recurso que introduce un elemento de sexualización destinado a humillar y desacreditar a la víctima. En lugar de dirigirse a sus ideas o a su actividad política, el ataque se centra en su reputación sexual, una estrategia frecuente en el acoso contra mujeres que participan en la vida pública.

La publicación de la dirección en anuncios sexuales tiene además un efecto concreto: provocar que hombres desconocidos acudan al domicilio creyendo que han concertado una cita. Esto introduce un componente de intimidación sexual y un riesgo potencial que rara vez se utiliza contra hombres en política. De este modo, el acoso no se queda en internet, sino que invade el espacio más íntimo de la víctima, su propia casa, transformando el hogar —que debería ser un lugar de seguridad— en un escenario de hostigamiento.

La edil de Más Madrid, Rita Maestre.
EFE

Este tipo de prácticas también cumplen una función disuasoria. Al convertir la vida privada en un terreno de acoso, envían el mensaje de que participar en política o intervenir en el debate público puede tener un coste personal elevado. Diversas investigaciones sobre violencia contra las mujeres en política han documentado precisamente este patrón, señalando que los ataques dirigidos contra ellas incorporan con mucha más frecuencia elementos sexualizados o referencias a su vida privada que los que reciben sus colegas masculinos.

Fallarás, Santaolalla…

En España, periodistas y analistas como Cristina Fallarás o Sarah Santaolalla han denunciado repetidamente campañas de acoso machista en redes sociales y en su domicilio particular. Insultos sexuales, amenazas y campañas de descrédito que buscan disciplinar a las mujeres que participan en el debate público y recordarles que su presencia sigue siendo cuestionada. En especial si defienden ideas feministas.

La violencia digital se ha convertido en uno de los mecanismos más eficaces para intentar silenciar voces femeninas. No siempre adopta la forma de amenazas explícitas. A veces se expresa a través de campañas de insultos; otras, mediante la difusión de rumores o ataques coordinados en redes sociales. Y en casos como el denunciado por Maestre, mediante estrategias que combinan exposición pública, sexualización y acoso fuera de internet.

Cuando la participación de las mujeres en política o en el debate público se responde con campañas de acoso de este tipo, el problema no afecta únicamente a las víctimas directas. También revela hasta qué punto la presencia de las mujeres en la vida pública sigue generando reacciones que buscan desacreditarlas, intimidarlas o empujarlas hacia el silencio.

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