La periodista libanesa Amal Khalil pasó sus últimas horas atrapada bajo los escombros de un edificio alcanzado por un bombardeo israelí en el sur del Líbano. Herida, consciente durante parte del tiempo y sin acceso inmediato a equipos de rescate, su muerte se ha convertido en un símbolo del deterioro de la seguridad para los periodistas en Oriente Medio. El relato de sus últimos momentos, reconstruido a partir del testimonio de la fotoperiodista Zeinab Faraj desde el hospital, transmite una escena marcada por la impotencia y la sensación de abandono.
Faraj, que resultó herida en el mismo ataque, fue una de las últimas personas en tener noticias de Khalil. Desde el hospital, relató cómo, tras el impacto, ambas quedaron sepultadas bajo los restos del edificio. “La oía respira, estaba viva”, explicó al medio The National. Durante horas, los equipos de emergencia no pudieron acceder al lugar. “Seguíamos llamando, intentando que alguien viniera. Pero nadie podía llegar”, añadió.
El ataque se produjo en una zona donde varios periodistas cubrían los enfrentamientos entre Israel y Hizbulá. Khalil, conocida por su cobertura sobre el terreno, estaba trabajando cuando el bombardeo impactó directamente en el edificio en el que se encontraba. Según el relato de Faraj, la situación se volvió rápidamente crítica: “Intentaba hablar, pero cada vez le costaba más”. La espera fue agónica.La imposibilidad de que la Cruz Roja y otros equipos de rescate accedieran a la zona marcó el desenlace. “Sabíamos que el tiempo se agotaba”, señaló Faraj. Finalmente, cuando los equipos lograron llegar, ya era demasiado tarde.
La muerte de Khalil no solo ha conmocionado a la comunidad periodística libanesa, sino que ha provocado una fuerte condena internacional. Organizaciones de derechos humanos, asociaciones de prensa y varios gobiernos han denunciado el ataque, reclamando una investigación independiente. La percepción de que los periodistas están siendo cada vez más vulnerables en las ofensivas israelíes ha ganado fuerza tras este episodio.
La periodista y colaboradora de La Vanguardia Helena Pelicano ha cubierto la última fase de la guerra entre Israel y Hizbulá desde territorio libanés. De entrada, la reportera subraya el impacto que ha tenido la muerte de la informadora libanesa entre sus colegas. “La muerte de Amal Khalil y el ataque también a su compañera ha sido un golpe muy fuerte para toda la comunidad de periodistas en el Líbano”, explica a Artículo 14.
Pelicano describe como vivieron los colegas de profesión las horas críticas en las que Khalil permaneció atrapada bajo los escombros: “durante el tiempo en que ella estuvo bajo los escombros, en los grupos de WhatsApp todos los compañeros estaban realmente muy ansiosos”. Esa angustia colectiva, vivida en tiempo real, deja huella entre los reporteros, especialmente los de la comunidad chiita que trabajan para medios afines a Hizbulá.
“Se ha visto que ahora los periodistas que están más vinculados a ciertos medios sienten que pasan a ser un objetivo directo”, afirma. Para Pelicano, el ataque que acabó con la vida de Khalil no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia más amplia en la que la prensa pierde progresivamente su protección en zonas de conflicto. La situación es todavía más frágil para los periodistas freelance, que en muchos casos trabajan sin seguro ni apoyo de los medios para los que colaboran.
“Se ha extendido mucho esta sensación de que ya no hay líneas rojas”, añade. Según explica la reportera, la experiencia en Gaza -se estima que 246 fueron asesinados por el ejército israelí- ha influido en la percepción de los periodistas que cubren el frente libanés. “Todo el mundo es muy consciente de que los periodistas de medios como Al Jazeera en Gaza han sido objetivos militares y que ahora ese patrón se está repitiendo en Líbano”.
“De cara a la seguridad de cuando nos planteamos ir al sur, la sensación de inseguridad es mucho mayor”, señala Pelicano, donde los periodistas de medios internacionales tampoco se sienten seguros. Y aclara: “antes había una sensación de que había ciertas normas, ciertas zonas seguras, pero estos asesinatos han sido claramente un antes y un después”.
La situación sobre el terreno sigue siendo extremadamente volátil incluso tras el alto el fuego de 10 días, que expira este domingo. Pelicano, que regresó a su base habitual en Jerusalén tras el alto al fuego, describe un escenario de incertidumbre permanente. “Hay una sensación de no saber hasta dónde se puede llegar”, explica. La línea del frente es difusa. “Es tan complicado saber en qué punto están las tropas israelíes que realmente se está convirtiendo en un riesgo a la seguridad de los periodistas bastante grande”, añade.
Mientras continúan las peticiones de investigación y justicia para Khalil, su nombre se suma al de otros periodistas muertos en el conflicto. Durante la ofensiva israelí contra Hizbulá, el Comite to Protect Journalists (CJP) elevó a 9 los periodistas muertos en Líbano tras siete semanas de ataques, mientras que un recuento más amplio desde octubre de 2023 eleva la cifra a 15 periodistas.
