Hay bromas que terminan cuando se apaga la pantalla. Y hay otras que dejan algo mucho más difícil de borrar: la idea de que una mujer está fallando cuando ya no tiene tiempo, energía o deseo para satisfacer a su pareja.
Eso es precisamente lo que preocupa alrededor del nuevo fenómeno conocido como bitch wife. El término, que podría traducirse de forma aproximada como “puta esposa”, se ha convertido en protagonista de publicaciones en redes, especialmente en X, donde hombres comparten memes y fotografías para presentar a sus parejas como mujeres amargadas, quejicas o sexualmente poco disponibles. El patrón suele repetirse: ella aparece absorbida por el cuidado de los hijos mientras él fantasea con otras mujeres supuestamente más jóvenes, atractivas y dispuestas a satisfacerle.
El fenómeno, según recoge la información analizada, ha ganado visibilidad en los últimos meses y ya empieza a encontrar eco fuera de Estados Unidos. Pero para Isidora Pasarin, psicóloga especialista en género y violencia, reducirlo a un simple trend sería precisamente parte del problema.
Cuando el humor sirve para humillar
“No podemos banalizar este nuevo movimiento de redes sociales ni nombrarlo como un simple e inocente ‘trend’”, advierte Pasarin. Para la psicóloga, detrás de estas publicaciones existe una lógica mucho más profunda: la valoración de las mujeres en función de su capacidad para satisfacer sexualmente al hombre.
La mujer deja de ser presentada como una persona con deseos, cansancio, necesidades y límites propios para convertirse en una especie de servicio que debe estar disponible. Y cuando deja de estarlo, aparece la etiqueta: bitch wife.
El problema se vuelve todavía más evidente cuando esas mujeres son madres. Muchos de los contenidos que circulan presentan a esposas agotadas por la crianza, sin deseo sexual o centradas en sus bebés como si estuvieran cometiendo una falta contra sus maridos. “Se catalogan estas mujeres como bitch wife cuando su atención está orientada al cuidado de los hijos y no a su marido”, explica Pasarin. Y ahí aparece una de las cuestiones centrales: la ausencia de corresponsabilidad en los cuidados.
El hijo como rival de la pareja
Hay una idea especialmente peligrosa escondida en este fenómeno. La llegada de un hijo convierte a la madre en responsable de dos personas, el niño y el marido. La maternidad exige tiempo, presencia, adaptación física y emocional. Sin embargo, en estos memes el bebé aparece casi como un enemigo que “roba” a la mujer al hombre. Ella ya no cocina para él, no está disponible para él, no tiene relaciones sexuales con él como antes. Y, en lugar de preguntarse cómo repartir los cuidados o cómo acompañar a su pareja en esa nueva etapa, el relato la convierte en culpable.
La evidencia citada en la información sobre el fenómeno recuerda que el posparto puede tener un impacto considerable sobre el deseo sexual: un estudio de 2020 observó que entre el 39% y el 59% de las madres analizadas presentaban un deseo sexual clínicamente bajo durante el primer año después del parto.
Es decir, lo que para internet puede convertirse en un meme puede estar relacionado, en la vida real, con un proceso físico y emocional complejo. Y Pasarin introduce una pieza más: el agotamiento. Cuando una mujer sostiene buena parte de la crianza, dispone de menos tiempo para sí misma y, al mismo tiempo, debe responder a las demandas emocionales de su pareja, el deseo difícilmente puede sobrevivir intacto.
La culpa como mecanismo de control
Aquí es donde el bitch wife deja de ser solamente un insulto. Si una mujer escucha repetidamente que es fría, quejica, aburrida o que ya no satisface a su marido, puede acabar interiorizando la idea de que el problema está en ella. “La estamos destruyendo psíquicamente”, sostiene Pasarin, porque el mensaje que recibe es que su valor depende de su capacidad para satisfacer las necesidades de los demás.
Y esa culpa puede tener consecuencias todavía más graves. La psicóloga alerta de que este discurso puede favorecer una sensación de obligación sexual: si ella cree que debe recuperar el deseo para salvar su relación, puede terminar manteniendo relaciones sexuales que realmente no desea. El consentimiento no desaparece porque exista una pareja, un matrimonio o una historia compartida.
La narrativa del bitch wife, además, introduce otra idea especialmente dañina: que si el hombre no recibe suficiente sexo en casa, su infidelidad queda de alguna manera justificada. El problema deja de ser la decisión del hombre de engañar y pasa a ser la supuesta incapacidad de la mujer para “estar a la altura”.
Una hermandad masculina construida sobre la humillación
Pasarin señala otro elemento que explica la fuerza del fenómeno: su dimensión colectiva. Muchos de estos contenidos se comparten entre hombres, bajo códigos de humor y complicidad. La burla crea un espacio donde la responsabilidad individual se diluye: no soy yo quien está humillando a mi pareja, simplemente estoy participando en el meme.
La información analizada describe precisamente esa frontera difusa entre humor y misoginia, especialmente en X, donde este tipo de publicaciones pueden alcanzar una gran visibilidad. Pero la risa también funciona como escudo. Quien cuestiona el contenido puede ser acusado de no entender el chiste. Y así, lo que en otro contexto sería reconocido como una humillación se presenta como entretenimiento.
El peligro empieza cuando ella intenta dejar de ser la “mala esposa”
Quizá la consecuencia más silenciosa del bitch wife no esté en el meme que se publica, sino en lo que puede provocar en quien lo recibe. Pasarin relaciona este fenómeno con los mandatos del amor romántico: la mujer que debe agradar, sostener la relación, cuidar, comprender, mantener el deseo y conseguir que su pareja continúe eligiéndola.
“Nadie quiere ser la ‘puta esposa’”, explica. Y precisamente por eso, una mujer con una autoestima vulnerable puede intentar por todos los medios no parecerse a esa caricatura. Ahí aparece uno de los mecanismos clásicos de la violencia machista: la anulación de la subjetividad femenina. Ella deja de preguntarse qué quiere y empieza a preguntarse qué necesita hacer para no perderle.
Y quizá convenga darle la vuelta al meme. La pregunta no debería ser por qué ella ya no desea como antes, sino qué está ocurriendo en una relación cuando una mujer está tan agotada que ya no tiene espacio ni siquiera para desear.
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