Caso Leticia Talavera: “Nuestra esperanza es que se haga justicia”

Este jueves se celebran las vistas de los recursos contra la condena de Antonio Pastor, sentenciado a once años y medio por matar a Leticia Talavera. Hablamos con una de sus mejores amigas

Leticia, en varias imágenes y junto a sus padres
Leticia, en varias imágenes y junto a sus padres
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“Ayer estaba mejor, como con más fuerza, más ganas”, cuenta Aroa. Este miércoles se sentía distinta: “Como si tuviera el cuerpo encogido”. “Es muy difícil prepararte para algo desconocido”.

Aroa es una de las mejores amigas de Leticia Talavera, enfermera de 37 años, madre de dos hijos y estudiante de Psicología. Le gustaban las motos, el deporte y estar con su familia. Su marido, Antonio Pastor, capitán en activo del Ejército de Tierra, la estranguló en noviembre de 2023 delante de su hija pequeña. Leticia murió dos días después. Pastor fue condenado a once años y medio de prisión. Este jueves, tres magistrados del Tribunal Superior de Justicia de Madrid escucharán los recursos presentados por la familia y la defensa. Aroa espera que haya un cambio positivo.

Un veredicto que la familia no podía creer

El jurado popular consideró probado que Antonio mató a Leticia con intención. Pero cinco de sus nueve miembros aceptaron que pudo sufrir un episodio disociativo y no dieron por probado que el asesinato estuviera motivado por el deseo de Leticia de separarse. Ella llevaba tiempo intentando hacerlo. Dos días antes de morir, le había contado a Aroa que vivía una “auténtica pesadilla”.

Leticia con sus padres
Leticia Talavera con sus padres
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Carmen, la madre de Leticia, recuerda la reacción de la familia: “No nos lo creíamos”. También cuenta que, tras el veredicto, desde Fiscalía se oyó: “No doy crédito a lo que ha pasado en esta sala”. Aroa recuerda que el fiscal explicó qué le había sorprendido: nunca había visto a un jurado aceptar la explicación del psiquiatra de la defensa frente a la de los peritos designados judicialmente.

La sentencia reconoció la agravante de discriminación por razón de género, pero aplicó también una eximente incompleta por alteración psíquica y otras atenuantes. La condena quedó muy por debajo de los 27 años que solicitaban las acusaciones. Para la familia, esa respuesta no encaja con el contexto de violencia machista que rodeó a Leticia.

Le habló a su amiga de insultos, humillaciones y de una convivencia que la estaba desgastando. También le contó que había tratado de grabar algunas escenas para dejar constancia de lo que ocurría. Cuando Antonio se dio cuenta, levantó la mano. No llegó a pegarle, pero Aroa entendió que su amiga tenía miedo. Leticia no quería denunciarlo ni perjudicar su carrera profesional. Quería que la dejara tranquila y poder marcharse. Le preocupaba qué ocurriría con sus hijos.

La violencia machista ante el jurado

El caso ha reabierto el debate sobre lo que se pide a un jurado popular en los asesinatos machistas. Sus integrantes tuvieron que valorar informes médicos enfrentados y, además, interpretar dinámicas de control, violencia psicológica y riesgo asociado a una ruptura. La ley excluye algunos delitos del jurado cuando considera que sus pruebas requieren conocimientos técnicos. En estos casos, quienes deliberan deben comprender conceptos especializados y evitar que los estereotipos sobre las víctimas condicionen su valoración.

Altamira Gonzalo, jurista especializada en violencia de género, no plantea el caso como un motivo para eliminar los jurados populares. Sí advierte de que sus integrantes no están al margen de los prejuicios sociales: “En este tipo de delitos hay muchos prejuicios y muchos estereotipos”. Sobre la sentencia, la describe como “una sentencia de comprensión” hacia el acusado.

Lo que sigue removiendo a Aroa

Esta vista devuelve a Aroa a las semanas del juicio. Vuelve a las declaraciones enfrentadas, a la tensión de los interrogatorios y a la actitud agresiva del abogado. “Revuelve mucho”, dice. Por eso, estos días no son solo la espera de una decisión: cada escrito la lleva de nuevo a la sala y a lo que allí escuchó sobre el asesinato de su amiga. “Vamos a seguir peleando. Llegaremos donde haga falta”.

Leticia, con Carmen, su madre
Leticia, con Carmen, su madre
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La causa sigue presente en las gestiones cotidianas. Aroa cuenta que la familia no puede acceder a sus cuentas bancarias porque Antonio no firma los documentos necesarios. Él permanece en una prisión militar, cobra su sueldo y estudia Matemáticas. Aunque está encarcelado, su firma sigue siendo necesaria para que la familia pueda resolver esos asuntos.

Aroa y Carmen piensan en los niños y en el tiempo que necesitan para crecer. Quieren que puedan decidir por sí mismos, cuando tengan edad y madurez, qué relación desean tener con su padre. Les preocupa también que Leticia termine convertida en una cifra, en una víctima más después del minuto de silencio. Carmen participó en el libro “Después del minuto de silencio” para mantener viva su memoria.

La familia siente que el duelo sigue abierto mientras espera una respuesta que considere justa. Aroa lo resume así: “Simplemente que tenga lo que se merece por el delito que cometió. Nada más”. Y, cuando piensa en los niños, vuelve a lo que más desea para ellos: “Lo que queremos es tranquilidad para el presente y para el futuro de esos niños”.

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.