“¿Está roto?” Esas palabras resonaban en mis oídos cuando me desperté y vi a mi maltratador encima de mí y mi ropa tirada en el suelo, la primera noche de mi matrimonio forzado. En los nueve meses que siguieron al “día de mi boda”, mi destino fue similar al de Dolores Huerta. Su historia refleja cómo me convertí en madre a los 19 años.
Como su “esposa” legal, no se me permitía practicar mi fe ni ir al colegio. No podía mantener el contacto con mi familia ni con mis amigos. Ni siquiera se me permitía salir de casa sin su permiso. A menudo me resultaba insoportable. Siendo adolescente, mis mayores preocupaciones deberían haber sido planificar mis estudios universitarios y mi carrera profesional, no intentar averiguar cómo quitarme la vida.
Así logré escapar
Al final, logré escapar. Pero escapar del confinamiento físico fue solo el principio. Para conseguir protección legal, tuve que recurrir a los tribunales de otro país y obtener una orden de protección contra el matrimonio forzado, algo que no existe en Estados Unidos. Ningún estadounidense debería tener que suplicar a otro país que le proteja.
Y no estoy sola. Alrededor de 22 millones de personas en todo el mundo se vieron obligadas a casarse en 2021, y una encuesta realizada en Estados Unidos identificó hasta 3.000 casos conocidos o presuntos de matrimonio forzado en el país en un periodo de dos años. Detrás de cada estadística hay una persona real con una vida real: alguien con quien te cruzas por la calle, un vecino, un compañero de trabajo, un compañero de clase o un amigo. Alguien como yo.
Ahora, por primera vez en Estados Unidos, hay un proyecto de ley pendiente en la Asamblea de California que supondría un cambio real. El proyecto de ley AB 2534 convertiría a California en el primer estado del país en garantizar que las supervivientes y las personas en riesgo de sufrir un matrimonio forzado puedan solicitar una orden de alejamiento. Nos proporcionaría una vía legalmente vinculante para protegernos, colmando así una laguna en la legislación sobre violencia doméstica que, en la actualidad, deja a las supervivientes de matrimonios forzados sin una protección equitativa.
El momento más peligroso
La mayoría de la gente sabe que intentar alejarse de una persona maltratadora puede ser el momento más peligroso en la vida de una superviviente; es una de las razones clave por las que resulta tan difícil ponerse a salvo. Para personas como yo, que intentamos escapar de un matrimonio forzado, a menudo es la propia familia -la madre o el padre, los hermanos, las hermanas, las tías y los tíos, o miembros de la comunidad- la que contribuye a la presión y al riesgo que supone marcharse.
En reconocimiento de estas dinámicas especialmente peligrosas, el proyecto de ley AB 2534 permitiría explícitamente a los tribunales incluir en la orden de alejamiento a cualquier persona que participe en la amenaza de matrimonio forzado, además del maltratador.
Esto es crucial porque la “comunidad” que nos obligó a casarnos también puede movilizarse para llevar a cabo acciones coercitivas, como utilizar a nuestros hijos y otras relaciones, nuestra reputación, nuestros trabajos y nuestros bienes personales para amenazarnos con que cambiemos de opinión e impedir que nos marchemos. Las leyes actuales contra la violencia doméstica no abordan adecuadamente estas dinámicas. Esto nos ha mantenido vulnerables durante demasiado tiempo.
Desde California a EE UU
Mi batalla legal lleva ya doce años en marcha, y aún no ha terminado. Si mi experiencia demuestra algo, es que el proyecto de ley AB 2534 se ha hecho esperar demasiado. Instamos al Senado a que apruebe este proyecto de ley y al gobernador a que lo promulgue como ley en esta sesión.
California ha sido pionera en muchas cuestiones importantes relacionadas con los derechos humanos, y es lógico que seamos el primer estado en empoderar a las sobrevivientes de matrimonios forzados. Lideremos también a la nación en este ámbito.
*Sadia Khan es defensora de políticas en el Family Violence Law Center y superviviente de un matrimonio forzado
Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.

