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Alfredo Sanzol estrena ‘La última noche con mi hermano’: “No puede sacarse el tema de la muerte sin producir convulsión”

El director y dramaturgo explora el duelo, los lazos familiares y la idea de fraternidad en su nuevo montaje

Alfredo Sanzol y Carme Portaceli posan con el reparto de 'La última noche con mi hermano' tras la presentación de la obra en el Teatro María Guerrero

Tras el éxito de montajes como La casa de Bernarda Alba Ensimismada, el dramaturgo y director Alfredo Sanzol presenta La última noche con mi hermano, una obra que indaga en el duelo y en la fraternidad como experiencia íntima y también política. El montaje se estrena el 13 de febrero en el Teatro María Guerrero y saldrá de gira por España en abril.

La pieza gira en torno a Nagore (Nuria Mencía), diagnosticada de cáncer, y su hermano Alberto (Jesús Noguero), incapaz de aceptar su enfermedad y, finalmente, la muerte. A su alrededor orbitan otras relaciones fraternales: la de Ainhoa (Elisabet Gelabert) con su hermano Claudio (Cristóbal Suárez), oncólogo con quien no se habla al inicio de la obra, y la de los hijos que tiene ella con Alberto, Nahia (Ariadna Llobet) y Oiel (Biel Montoro), hermanastros entre sí. Tres formas distintas de entender la hermandad en diferentes etapas de la vida.

Más allá del vínculo biológico, la obra recupera la fraternidad como el principio olvidado del tríptico republicano —libertad, igualdad y fraternidad— y la contrapone a una época marcada por el individualismo. La fragilidad del otro, parece sugerir Sanzol, no nos es ajena.

El teatro como espacio para hablar de la muerte

Con este montaje, Sanzol sitúa en primer plano un tipo de duelo poco acompañado socialmente y propone abordarlo de forma colectiva. Durante la presentación de la obra, a la que Artículo 14 ha tenido acceso, el también director del Centro Dramático Nacional subrayó que, en estos momentos, varias producciones en Madrid están abordando la muerte desde distintos ángulos —Tres noches en Ítaca en Nave 10, Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán en La Abadía o Constelaciones en el Valle Inclán—: “Yo creo que el teatro sigue siendo un instrumento esencial para poder hablar y reflexionar sobre la muerte en colectivo de manera social”, afirmó. Sanzol aludió a esta “mente colectiva” que hace que determinados temas emerjan simultáneamente en distintos escenarios, como si formaran parte de “un gran bosque que se llama la humanidad”, definiéndose como “un influido más”. 

Una escena de ‘La última noche con mi hermano’
Bárbara Sánchez Palomero / Centro Dramático Nacional

El dispositivo escénico se articula a través de una historia narrada por Nagore ya fallecida, un recurso poco habitual en la ficción contemporánea pero presente en la tradición clásica: “teatro de difuntos hecho para dar fuerza a los vivos”, resume el director.

Humor, investigación y experiencia personal

El proyecto nació del deseo de Sanzol de volver a colaborar con Nuria Mencía, que se vinculó a la obra antes incluso de que el texto estuviera terminado. La actriz describe a su personaje como alguien “lleno de vida, aunque se muere, y con mucha suerte porque tiene una familia increíble y para mí es importante valorar lo importante que es el amor durante tu vida”.

La idea inicial tomó forma tras una conversación del director con una amiga que había perdido a su hermano en diciembre de 2024. Pasar la última noche con él transformó su forma de entender la muerte y el sentido de la vida. Una experiencia trágica, pero atravesada también por momentos descritos como surrealistas e incluso cómicos.

“Todos los pequeños momentos que hay en la función, que tienen que ver con el humor, son reales”, explica Sanzol. “Me los han contado. No quería meter nada mío, no quería apretar nada, no quería hacerme el gracioso”. El director reconoce haber sentido cierto “síndrome del impostor” al abordar un tema que no le tocaba de manera directa. El proceso incluyó consultas con profesionales médicos y entrevistas a personas que habían perdido a un hermano o hermana, entre ellas Carme Portaceli, directora artística del Teatre Nacional de Catalunya, coproductor del montaje.

El dramaturgo y director de escena Alfredo Sanzol estrena su nuevo montaje, ‘La última noche con mi hermano’
Bárbara Sánchez Palomero / Centro Dramático Nacional

Construir una familia en escena

Uno de los principales retos fue dotar de verosimilitud a los lazos familiares sin renunciar al conflicto. Parte del reparto recurrió a su experiencia personal. Elisabet Gelabert reconoció el paralelismo con su personaje: “Personalmente yo también tengo una relación terrible con mi hermana. Y esta función te da esperanza. Yo ahora mismo no me hablo con ella, pero no pierdo la esperanza. Creo que es otra manera de intentar que en este silencio pasen cosas y algún día nos encontremos. Creo que esta función nos puede hacer mejores en algo”.

Otros actores se apoyaron en un texto que fue mutando durante los ensayos. “En la esencia del texto, en sus sutilezas, ya está presente”, señala Biel Montoro. “Era muy emocionante en las primeras lecturas sentir que eso estaba ahí, y es tan difícil de conseguir”. 

La última noche con mi hermano propone así una mirada coral sobre la pérdida y la hermandad, invitando al espectador a pensar en el duelo no como un asunto estrictamente privado, sino como una experiencia compartida que también interpela a la comunidad. Porque, como apunta Sanzol, no siempre se puede sacar el tema de la muerte en cualquier reunión sin provocar convulsión; el teatro, quizá, sea uno de los pocos lugares donde hacerlo posible.

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