As bestas comienza con hombres enfrentándose físicamente. Un grupo de aloitadores inmoviliza a caballos salvajes con sus propios cuerpos, los derriba, los sujeta por el cuello y trata de imponerse a su fuerza. Rodrigo Sorogoyen y su coguionista, Isabel Peña, colocan esta escena antes de que conozcamos a Antoine, Olga, Xan o Lorenzo, y la imagen adquiere todo su sentido a medida que avanza la película. La fuerza, la dominación y la resistencia atraviesan una historia que durante buena parte del metraje parece pertenecer exclusivamente a los hombres.
Estrenada en 2022 y ganadora de nueve premios Goya, entre ellos los de mejor película, dirección y actor protagonista para Denis Ménochet, As bestas sitúa a Antoine y Olga, una pareja francesa, en una pequeña aldea gallega a la que se han trasladado buscando otra forma de vida. Cultivan la tierra, rehabilitan casas abandonadas y se oponen a la instalación de aerogeneradores que permitiría a sus vecinos cobrar una importante cantidad de dinero. Esa negativa convierte a los hermanos Xan y Lorenzo Anta en sus enemigos.
Sorogoyen filma la escalada del conflicto desde unos códigos reconocibles del western: la tierra, el forastero, la amenaza, el orgullo y dos hombres incapaces de abandonar una pelea que progresivamente se vuelve más peligrosa. El extraordinario enfrentamiento entre Antoine y Xan en el bar condensa esa lucha por el territorio y por quién consigue imponerse al otro. Olga está allí durante todo ese tiempo.

El precio de los principios de Antoine
Marina Foïs construye un personaje que permite revisar la primera mitad de As bestas desde otra perspectiva. Olga comparte el proyecto vital de Antoine, pero comprende antes que él hasta dónde puede llegar el enfrentamiento. Tiene miedo, discute con su marido y trata de hacerle entender que la defensa de sus principios está poniendo en peligro la vida que ambos han construido.
Antoine sabe que lo vigilan. Sabe que lo provocan. Graba a los hermanos Anta para obtener pruebas y continúa desafiándolos. Su resistencia puede resultar admirable para el espectador porque el guion deja pocas dudas sobre la brutalidad que soporta. La cuestión que introduce Olga resulta más incómoda: ¿hasta qué punto alguien puede asumir un riesgo que también afecta a la persona con la que vive?
La película evita ofrecer una respuesta sencilla. Antoine tiene razones para negarse a abandonar su casa y también para denunciar el acoso. Sin embargo, contemplar el conflicto desde Olga obliga a introducir en la idea tradicional del héroe una variable que muchas narraciones han ignorado: quién soporta las consecuencias de su heroísmo.

Cuando As bestas cambia de protagonista
Tras el asedio a Antoine, Sorogoyen ejecuta uno de los movimientos más interesantes de la película. El hombre alrededor del cual se había construido el conflicto desaparece y Olga ocupa definitivamente el centro del relato.
También desaparece buena parte de la lógica del duelo masculino. Olga permanece en Galicia, trabaja y convive con el entorno en el que están los hombres a los que considera responsables de su desaparición. Su resistencia tiene otra naturaleza y el tiempo adquiere un peso distinto. La violencia que para Antoine culminó en unos minutos se prolonga para ella durante meses.
Es entonces cuando As bestas introduce una de sus conversaciones fundamentales. Marie, la hija de la pareja, llega a Galicia y reprocha a su madre que continúe allí. Pero su crítica alcanza también al padre. Desde fuera del enfrentamiento, la conducta de Antoine deja de contemplarse únicamente como una defensa valiente de sus convicciones: Marie considera que su obstinación puso en peligro a Olga y que antepuso aquella lucha a la seguridad familiar.
El diálogo entre madre e hija abre una lectura que la película había mantenido soterrada. Las decisiones tomadas por los hombres dentro de una disputa aparentemente masculina no les pertenecen únicamente a ellos.

Las mujeres que permanecen
También resulta revelador observar a las mujeres del otro lado del conflicto. La madre de Xan y Lorenzo vive atrapada en una estructura familiar marcada por la precariedad, el aislamiento y la dependencia. As bestas retrata un medio rural en el que los hombres poseen la voz pública del conflicto, negocian, amenazan y deciden, mientras las mujeres aparecen vinculadas a los cuidados y a la supervivencia cotidiana.
Olga acaba compartiendo espacio con esa realidad aunque su posición económica, cultural y vital sea diferente. Cuando los hombres han llevado su enfrentamiento hasta el límite, son ellas quienes continúan habitando el territorio.
Sorogoyen y Peña tampoco convierten a Olga en una heroína diseñada para compensar la violencia masculina. Tiene miedo, se enfada, duda y mantiene decisiones que su propia hija es incapaz de comprender. Su fortaleza procede precisamente de esa complejidad.
Vista con gafas violetas, As bestas permite así reconsiderar dónde estaba realmente el centro de una película que durante su primera mitad parecía contar la historia de Antoine. El francés ocupa el espacio, confronta a Xan y sostiene el duelo que impulsa el thriller. Olga observa, advierte y espera hasta que la violencia rompe definitivamente aquella vida.

