Erotismo, ritual y tradición balcánica se funden en Balkan Erotic Epic, una de las propuestas más radicales de Marina Abramović, que llega al Gran Teatre del Liceu de Barcelona tras su paso por el teatro con 7 Deaths of Maria Callas en 2023. La pieza, presentada como un espectáculo inclasificable “entre la danza y la performance”, se instala en un territorio que Abramović conoce como pocas artistas: el cuerpo como archivo político y como campo de batalla simbólico.
El Liceu programa Balkan Erotic Epic del 24 al 30 de enero de 2026, con funciones que subrayan el carácter extraordinario del montaje, señalado además como estreno mundial de su versión escénica. En paralelo, se anuncia con una advertencia explícita que, lejos de ser anecdótica, funciona como síntoma del tipo de frontera que la obra va a tensar: se trata de un espectáculo solo para mayores de 18 años, con controles de identidad a la entrada, desnudos integrales y escenas sexuales.

Un “epic” de erotismo ritual, no de provocación vacía
Abramović lleva décadas demostrando que el escándalo no es su objetivo, sino —si aparece— el efecto secundario de mirar donde la cultura prefiere no mirar. En esta obra, el erotismo no se presenta como consumo, sino como energía ritual, una fuerza ligada a la fertilidad, la muerte, el duelo, la comunidad y la memoria. Esa es, precisamente, una de las claves que han destacado varias crónicas internacionales: el montaje se apoya en rituales antiguos y folclore balcánico y despliega una imaginería frontal (cuerpos desnudos, símbolos fálicos, escenas funerarias) para hablar de lo que suele permanecer reprimido o domesticado.
El proyecto nace con vocación de gran formato. La versión inmersiva se estrenó en Manchester (Factory International / Aviva Studios) en octubre de 2025 y se ha descrito como una experiencia de larga duración, con decenas de intérpretes y múltiples escenas rituales. La escala no es caprichosa: Abramović convierte el teatro en una especie de templo civil donde el público no “mira” una obra, sino que atraviesa un dispositivo sensorial que activa incomodidad, extrañeza y fascinación.

El cuerpo femenino como origen, ofrenda y amenaza
Desde un enfoque feminista, Balkan Erotic Epic es especialmente relevante porque sitúa el cuerpo —y, en particular, el cuerpo femenino— en el lugar que históricamente se le ha negado: no como objeto, sino como sujeto ritual. Abramović vuelve al imaginario precristiano y a tradiciones paganas de Europa del Este, donde el erotismo aparece ligado a la naturaleza, la sangre, el duelo, la maternidad, la sexualidad y lo sagrado, desmontando la lógica patriarcal que separa lo sexual de lo espiritual para controlar ambos.
La obra no “celebra” el deseo en términos complacientes: lo devuelve a su cualidad ambivalente, capaz de dar vida y, también, de inquietar al orden. En ese gesto hay una operación política. El patriarcado teme el deseo femenino no cuando se expresa, sino cuando se organiza simbólicamente: cuando deja de ser espectáculo para convertirse en rito, comunidad y lenguaje autónomo.
Una pieza europea (y contemporánea) sobre identidad balcánica
Otro de los puntos de interés es el modo en que Abramović toma “lo balcánico” como un territorio cultural marcado por capas de historia, guerra, contradicción y orgullo, y lo convierte en un material escénico de enorme potencia. Una lectura crítica devuelve la presencia de memoria colectiva y trauma histórico como parte orgánica del trabajo, uniendo lo íntimo y lo político.
En el caso del Liceu, además, la obra se presenta como un cruce formal de disciplinas que encaja en una tendencia europea cada vez más visible: instituciones líricas tradicionales abriendo sus espacios a lenguajes híbridos, performativos y contemporáneos, con grandes equipos artísticos y producción internacional.

Abramović sitúa el origen de Balkan Erotic Epic en una biografía atravesada por la memoria ritual: “Nací en los Balcanes. Cuando era niña, estuve expuesta a muchos rituales espirituales en casa de mi abuela que me marcaron profundamente y aún siguen dando forma a la manera en que veo el mundo hoy”. Desde ahí, reivindica una investigación que no busca el exotismo, sino la raíz: “Hace tiempo que tengo interés por investigar las creencias antiguas y paganas, los cuentos populares y los ritos arraigados en las mitologías de esta región” —que nombra explícitamente en su amplitud, de Rumanía a Montenegro, junto con las culturas gitanas y viajeras—.
En esa genealogía, el erotismo aparece como conocimiento y vínculo: “Me gustaría centrar mi investigación en descubrir conexiones eróticas entre los seres humanos y el universo”, afirma, al tiempo que denuncia el presente: “En el mundo contemporáneo en el que vivimos, existe mucha confusión entre el erotismo y la pornografía”. Para la artista, recuperar ese pasado no es nostalgia, sino una operación política y estética: “Al redescubrir este pasado olvidado, me gustaría crear una nueva interpretación y un nuevo contexto para el público de hoy en día”, articulando los rituales “combinando los límites físicos del cuerpo que baila y actúa con música inspirada en el canto folclórico y gutural”, y completando lo irrepresentable en vivo con “vídeos, dibujos y material de archivo”.

Vestuario, rito y construcción de imágenes: la alianza con Roksanda Ilinčić
En un montaje donde el cuerpo es el texto principal, el vestuario es un código. La diseñadora Roksanda Ilinčić ha colaborado en el diseño de vestuario de la pieza, releyendo elementos de indumentaria tradicional balcánica desde un lenguaje contemporáneo y teatral. Vogue y Wallpaper han subrayado el valor simbólico de esas prendas: ropajes fúnebres, referencias nupciales, texturas rituales, austeridad y exceso conviviendo como en un mito.
Desde una mirada feminista, este detalle no es menor: el vestuario suele ser el lugar donde la cultura codifica el control del cuerpo femenino (taparlo, moralizarlo, erotizarlo para otros). Aquí ocurre lo contrario: la ropa participa del rito y devuelve al cuerpo la autoridad sobre su significado.
La pieza llega al Liceu sostenida por una ficha artística de gran formato que confirma que Balkan Erotic Epic es, además de una obra de autor, una maquinaria escénica colectiva. Marina Abramović firma como artista, directora y responsable del concepto y el diseño, acompañada por la directora asociada Georgine Maria-Magdalena Balk. La coreografía corre a cargo de Blenard Azizaj, con dirección de performance de Billy Zhao, mientras que la dimensión cinematográfica —clave en la propuesta— la lidera el director Nabil Elderkin. La música original está firmada por el compositor Marko Nikodijević, junto al compositor y diseñador de sonido Luka Kozlovački; el diseño de luces lo firman Georg Veit y Urs Schönebaum; la escenografía, Anna Schöttl; el vestuario, Roksanda Ilinčić; y la animación, Sonia Alcón & Fredrik Nordbeck, con fotografía de Marco Anel, completando así un equipo multidisciplinar que traduce el imaginario ritual de Abramović en lenguaje escénico contemporáneo.

Por qué importa hoy: erotismo contra pornografía, rito contra mercado
Abramović ha descrito este trabajo como uno de los más ambiciosos de su trayectoria, y algunas entrevistas recientes lo enmarcan como respuesta a una cultura visual donde lo sexual se ha vuelto consumo rápido y sin misterio. En ese sentido, Balkan Erotic Epic plantea una pregunta incómoda, especialmente vigente en un momento de saturación pornográfica y mercantilización constante: ¿qué queda del erotismo cuando el cuerpo se convierte en producto?
La obra responde con una propuesta radical: recuperar lo erótico como lenguaje ancestral, como energía transformadora y comunitaria. Y ahí, precisamente, emerge su potencia política: no hay nada más subversivo que devolver al cuerpo —y sobre todo al cuerpo de las mujeres— su derecho a significar por sí mismo, sin permiso, sin culpa, sin ser simplificado.
En el escenario del Liceu, ese regreso va a ser todo un acontecimiento. No solo porque Abramović sea una figura histórica de la performance, sino porque Balkan Erotic Epic llega como un recordatorio brutal de que el cuerpo sigue siendo el gran territorio en disputa: el lugar donde se cruzan deseo y poder, tradición y violencia, libertad y vigilancia.


