La gala de los Premios Oscar 2026 estuvo marcada por una sensación repetida a lo largo de la noche: había muchas mujeres subiendo al escenario, pero no siempre en los mismos lugares. La 98ª edición de los Premios de la Academia dejó varios hitos importantes —algunos históricos— y un número significativo de galardones en manos femeninas, especialmente en categorías técnicas, artísticas y de diseño. Sin embargo, el reparto en las categorías consideradas principales volvió a mostrar un equilibrio irregular, con presencia femenina destacada, aunque no dominante.
El momento más simbólico llegó con el Oscar a mejor fotografía para Autumn Durald Arkapaw por Los pecadores, un premio que rompió una barrera de casi cien años. Nunca antes una mujer había ganado en esta categoría, una de las más masculinizadas de la industria. Arkapaw, además, se convirtió en la primera directora de fotografía de ascendencia filipina y afroamericana en lograrlo, en una victoria que fue celebrada dentro y fuera de la sala como uno de los hitos de la noche.

La película también marcó la gala por su dominio técnico, pero no fue la única categoría en la que el nombre de una mujer sonó como ganador. En diseño de vestuario, el Oscar fue para Kate Hawley por Frankenstein, confirmando la fortaleza de las profesionales en un área donde la presencia femenina ha sido tradicionalmente más alta, aunque no siempre reconocida en premios. La misma película se llevó además el galardón a maquillaje y peluquería, otro departamento donde el trabajo de mujeres ha sido históricamente fundamental, aunque muchas veces invisible para el gran público.
En total, si se contabilizan las categorías interpretativas, técnicas y artísticas más relevantes, alrededor de cuatro de cada diez estatuillas terminaron en manos de mujeres o equipos con liderazgo femenino, un porcentaje que refleja el crecimiento de su presencia en la Academia desde las reformas impulsadas tras las protestas de 2015 y 2016 por la falta de diversidad en las nominaciones.
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En los premios de interpretación, la victoria de Jessie Buckley como mejor actriz por Hamnet reforzó esa sensación de avance. La intérprete irlandesa dominó toda la temporada de premios y culminó su recorrido con un Oscar que la convirtió en la primera actriz de Irlanda en ganar en la categoría protagonista. Su discurso, dedicado a la maternidad y al legado de las mujeres que crean contra todo pronóstico, fue uno de los momentos más recordados de la noche.
La categoría de mejor actriz volvió a ser, además, una de las más equilibradas en términos de presencia femenina, con nominadas que habían liderado algunas de las películas más importantes del año. En este terreno, Hollywood lleva años mostrando una paridad mayor que en otras áreas, en parte porque el número de papeles protagonistas femeninos ha crecido en la última década.
El reparto cambia, sin embargo, cuando se observan los premios considerados centrales dentro de la industria. En mejor película, el galardón fue para Los pecadores, la gran favorita de la noche, una producción dirigida por Ryan Coogler y escrita por él mismo, que se impuso a títulos con fuerte presencia femenina en el equipo creativo, como Hamnet, dirigida por Chloé Zhao y escrita junto a Maggie O’Farrell, o Valor sentimental, de Joachim Trier, que contaba con la actriz Renate Reinsve como uno de los nombres más destacados de la temporada.

En mejor dirección, el premio también quedó en manos masculinas, consolidando una tendencia que se repite en la Academia, donde las cineastas llegan cada vez con más frecuencia a la nominación, pero no siempre al escenario final. Chloé Zhao volvió a estar entre las candidatas por Hamnet, y su nombre sonaba como posible sorpresa, pero el reconocimiento terminó recayendo en una producción de gran escala firmada por un director ya consolidado dentro del sistema de estudios. Algo similar ocurrió en guion, donde varias películas con participación femenina en la escritura —entre ellas el propio libreto de Hamnet y otros títulos independientes muy presentes en el circuito de festivales— partían con opciones, pero los premios se concentraron en proyectos liderados por hombres. El resultado dejó una sensación compartida durante la gala: el número de mujeres premiadas crece en áreas técnicas, artísticas y de interpretación, pero los galardones que definen el rumbo de la industria siguen repartiéndose de forma más conservadora.
La propia estructura de la Academia ayuda a entender este resultado. Aunque el número de mujeres miembros ha aumentado de forma notable en los últimos años, muchas de las ramas profesionales —especialmente dirección, fotografía, sonido o efectos visuales— siguen teniendo mayoría masculina. Eso se refleja en las votaciones, sobre todo en las categorías donde votan los especialistas de cada área.
Aun así, la fotografía de los Oscar 2026 es distinta a la de hace apenas una década. Una directora de fotografía haciendo historia, varias ganadoras en departamentos clave, una actriz protagonista dominando la temporada y nombres femeninos en casi todas las categorías artísticas dibujan una gala más diversa que las de años anteriores. No es todavía una distribución equilibrada, pero sí un cambio visible en la forma en que la industria reconoce el trabajo de las mujeres.
El dato del 38-40% de premios femeninos no marca una ruptura definitiva, pero confirma una tendencia que se repite en los últimos años: el número de mujeres premiadas crece, especialmente en los campos creativos y técnicos, mientras que los grandes galardones avanzan con más lentitud. La imagen final de la noche, con varias ganadoras históricas pero sin una mayoría femenina en los premios principales, resume el momento actual de Hollywood: un sistema en transformación, todavía desigual, pero claramente distinto al que existía no hace tanto tiempo.
