Humanidades

Incarnatus est, la escuela renacentista para recuperar cabeza, corazón y manos en una cultura encarnada

El filósofo francés Fabrice Hadjadj, miembro del Consejo Pontificio para los Laicos, impulsa en España el proyecto Incarnatus est, un instituto que reivindica la encarnación frente a la cultura del dato y la “batalla cultural”

El filósofo francés Fabrice Hadjadj es el impulsor de Incarnatus est
El filósofo francés Fabrice Hadjadj es el impulsor de Incarnatus est
Montaje: kiloycuarto

Durante trece años, Fabrice Hadjadj dirigió el Instituto Philanthropos en Friburgo, Suiza, un centro dedicado a la formación integral desde una perspectiva cristiana y humanista. Convertido al catolicismo tras una juventud marcada por el ateísmo militante, el pensador francés —nacido en 1971 en Nanterre, de familia judía tunecina— se ha consolidado como una de las voces más singulares del pensamiento europeo contemporáneo. El Papa Francisco lo nombró miembro del entonces Consejo Pontificio para los Laicos, reconociendo una trayectoria que combina filosofía, literatura, teatro y reflexión cultural.

Su bibliografía, tan provocadora como lúcida, revela ya su tono: La fe de los demonios, El ateísmo superado, El paraíso a las puertas. Ensayo sobre una alegría que perturba, ¿Cómo hablar de Dios hoy? Antimanual de evangelización, Tenga usted éxito en su muerte. Antimétodo para vivir o Ecología trágica. Libros que rehúyen la fórmula fácil y buscan, como él mismo dice, no “perorar”, sino “orar”. “El orador perora; el orante ora”, recordó en Madrid, en la presentación de Incarnatus est, el nuevo proyecto que ha motivado su traslado a España.

'La suerte de haber nacido en nuestro tiempo', de Fabrice Hadjadj
‘La suerte de haber nacido en nuestro tiempo’, de Fabrice Hadjadj

Un traslado imprevisible

“Hace solo un año no habría imaginado encontrarme aquí frente a vosotros”, confesó. Con su habitual mezcla de ironía y gravedad, explicó que él y su mujer pensaban dejar Suiza para regresar a Francia. “Y de repente ocurrió lo imprevisible, lo inimaginable, lo imposible: el paralítico baila”.

La decisión no fue estratégica. Mudarse con siete hijos —los otros tres viven en París—, comenzar de cero en otro idioma y renunciar a la comodidad de una posición consolidada implicaba asumir fragilidad. “A veces me pregunto: ¿hemos hecho una auténtica tontería?”, dijo, evocando la sensación de extranjería, la torpeza lingüística y el vértigo de empezar “con cinturón blanco cuando éramos maestros con cinturón negro séptimo dan”.

Su explicación rehúye el lenguaje empresarial. “Estar en misión significa ser llamado por otro para otros, llevando un mensaje ajeno que sobrepasa nuestra comprensión”. No habla de proyecto en términos de éxito, desarrollo o crecimiento. Habla de misión. Y la misión, subrayó, no nace de la evidencia sino de la llamada.

Fabrice Hadjadj con uno de sus hijos
El filósofo Fabrice Hadjadj con uno de sus hijos

España como horizonte

Hadjadj no entiende su llegada como un destino casual. Recordó la referencia paulina a España como confín del mundo conocido, meta simbólica del anuncio cristiano. “España aparece al cabo de la palabra de Dios”, afirmó, citando la carta a los Romanos.

También evocó la figura de Osio de Córdoba, consejero teológico en el Concilio de Nicea, quien defendió la consustancialidad del Hijo frente al arrianismo. Para Hadjadj, ese obispo cordobés encarna una intuición decisiva: la distinción entre poder temporal y poder espiritual. “Ni a nosotros nos es lícito tener potestad en la tierra, ni tú, oh emperador, la tienes en las cosas sagradas”, citó.

Esta referencia es una advertencia. “La gran tentación aquí es la confusión entre lo político y lo religioso”, señaló, rechazando cualquier nostalgia de teocracia o de “nacionalcatolicismo”. Insiste en “ordenar y no subordinar” las realidades temporales al Reino de Dios, evitando tanto la instrumentalización religiosa de la política como la politización del cristianismo.

Encarnación frente a información

El núcleo de Incarnatus est se sitúa en el artículo del Credo que afirma que el Hijo “por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen”. Para Hadjadj, no se trata de una teoría sobre Dios, sino de un acontecimiento histórico. La encarnación exige cuerpo, nombre propio, narración. En una época dominada por la abstracción digital, la tesis adquiere un tono cultural y antropológico. “Lo digital nos ha hecho perder los dedos”, afirmó con una de sus imágenes características. “La red nos ha hecho perder la red del pescador”.

Critica una cultura que reduce la realidad a datos manipulables. “Se calcula, no se cultiva. Se consume, no se consuma”. A su juicio, el verdadero adversario no es una cultura alternativa, sino el “dataísmo”: la reducción de lo real a variables optimizables. Frente a ello, reivindica la experiencia concreta, la corporeidad, el trabajo manual, la educación entendida como coreografía de la esperanza.

El filósofo francés Fabrice Hadjadj, durante su ponencia en EncuentroMadrid
El filósofo francés Fabrice Hadjadj, durante su ponencia en EncuentroMadrid
EncuentroMadrid

Contra la “batalla cultural”

Fabrice Hadjadj dedicó una parte central de su intervención a cuestionar la expresión “batalla cultural”. La considera heredera de un paradigma moderno ya agotado. “Lo moderno ha muerto”, afirmó, describiendo un tiempo marcado por la desesperación más que por el entusiasmo revolucionario.

Niega que existan dos culturas enfrentadas —una de la vida y otra de la muerte—. El problema no es una cultura contra otra, sino la cultura frente a la anticultura, entendida como disolución de la forma, pérdida del don y del asombro.

“No se trata de defender a Cristo como si Él necesitara defensores”, declaró. “La misión no es defenderlo, sino ofrecerlo”. Frente a la mentalidad de fortaleza asediada, propone una actitud de hospitalidad y testimonio. No soldados delante del jardín, sino jardineros que cultivan.

Un comienzo incierto

Fabrice Hadjadj no promete seguridad. Recurrió a versos de San Juan de la Cruz: “Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes”. El camino, dice, se revela paso a paso.

En un contexto europeo marcado por la fragmentación cultural y la incertidumbre, Incarnatus est nace como apuesta por la encarnación, por la educación integral y por una fe que no se repliega ni se confunde con ideología. “Cristo ya es victorioso”, afirmó citando el Apocalipsis. “La gran pregunta es si aceptamos participar en su victoria”.

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