Entrevista

Kate Winslet: “Me di cuenta de que podría vivir arrepintiéndome”

La actriz estadounidense debuta como directora con 'Goodbye June', empujada por una convicción formada con el tiempo. “Me sentí preparada”, admite

Kate Winslet llega a la 82ª ceremonia anual de los Premios Globo de Oro.
EFE/EPA/CAROLINE BREHMAN

Kate Winslet llevaba años aprendiendo a dirigir observando a los cineastas con los que trabajaba. Ir entendiendo la mecánica de los rodajes, fue despertando su curiosidad y entusiasmo por la dirección. A su debut tras la cámara lo hace con Goodbye June, cinta que puede verse en Netflix. Su debut no responde a una necesidad de control creativo, se trata en realidad de una convicción formada con el tiempo.

Durante más de tres décadas de carrera, Winslet ha trabajado con directores de estilos muy distintos. De todos ha extraído lecciones, tanto de aquello que funcionaba como de lo que resultaba menos útil para los intérpretes. “Siempre he amado compartir espacio con grandes actores”, explica. “No hay nada más estimulante que estar en una habitación llena de intérpretes extraordinarios”. Esa atención constante a la interpretación ha definido su trayectoria y ahora marca también su forma de dirigir.

Algunos colegas lo vieron antes que ella. Danny Boyle o Francis Lee llegaron a comentarle que pensaba como una directora. Winslet recuerda esas observaciones con cierta sorpresa. Durante años no persiguió la idea. Hasta que apareció el guion de Goodbye June. Entonces, dice, “me sentí preparada”.

La actriz Kate Elizabeth Winslet nació en Reading, Inglaterra, en 1975
La actriz Kate Elizabeth Winslet nació en Reading, Inglaterra, en 1975

La película se rodó con un presupuesto ajustado y un calendario exigente de 35 días, con Helen Mirren disponible solo durante 16. En ese contexto, Winslet entendió hasta qué punto el cine depende de la confianza y de las relaciones construidas a lo largo del tiempo. Se rodeó de un equipo en gran parte conocido, encabezado por el director de fotografía Alwin Küchler, con quien había trabajado en tres ocasiones. “Cuando haces una película así, necesitas amor y buena voluntad a tu alrededor para pensar rápido y anticiparte”, resume.

Más allá de la logística, Winslet tenía una idea clara del ambiente que quería crear. Su objetivo era ofrecer a los actores un espacio distinto al habitual, menos invadido por la maquinaria técnica. En algunos momentos del rodaje, decidió fijar las cámaras y pedir al equipo que se retirara del set. Los intérpretes se quedaban solos, con cámaras rodando, sin apenas ser conscientes de ello. Buscaba desarmarlos de cualquier distracción y permitir que la escena respirara con mayor verdad. Salvo el hospital —recreado como decorado—, el resto de localizaciones eran reales.

Ese deseo de calidez atraviesa toda la película. Goodbye June aborda la pérdida y el duelo, pero también el humor que emerge en los momentos más difíciles. “A veces, cuando estamos enfrentando algo muy duro, ocurren cosas absurdas o hacemos bromas porque no sabemos qué más hacer”, explica Winslet. En ese equilibrio entre lo doloroso y lo cotidiano, la directora reivindica una tradición muy británica.

No oculta sus referencias personales a la hora de rodar “una mezcla entre Secrets & Lies, de Mike Leigh, y Cuatro bodas y un funeral. Es cierto que comparten un latido”, dice. Hospitales, pubs, pasillos de espera. Espacios reconocibles donde la vida sucede entre muchas emociones. “Me siento honrada de haber tocado al público con esta historia”, admite.

El origen del guion añade una dimensión decisiva al proyecto. Goodbye June está escrito por su hijo, Joe Anders, que desde pequeño ha cultivado la escritura en distintas formas: poesía, teatro, cortometrajes. Winslet no se sorprendió de que hubiera escrito un guion. “Escribir siempre ha sido parte de su vida. Lo que me sorprendió fue el nivel del texto. Me impactó lo bueno que era”, recuerda. Hijo de Winslet y del director Sam Mendes, uno podría decir que de casta le viene al galgo.

Su hijo había sido admitido en un programa de guion como el alumno más joven con diferencia. Allí recibió el consejo habitual de escribir sobre lo que conocía. La muerte de su abuela, en 2017, y la reunión familiar posterior se convirtieron en el punto de partida emocional de la historia. A partir de ahí, construyó una familia ficticia y unas circunstancias inventadas. Cuando Winslet leyó el guion por primera vez, aún estaba incompleto, aun así, lo tuvo claro. “Esto es una película. Vamos a hacerla”, le dijo. Él no la creyó del todo.

Durante más de un año trabajaron juntos en el proceso de reescritura. Winslet le dio notas, y él las incorporó con una rapidez y una precisión que ella describe como sorprendentes. “Se volvió increíblemente eficiente y reflexivo”, explica. Cuando el guion estuvo listo y Netflix se incorporó al proyecto, Winslet entendió que no podía dejarlo en manos de otro director. “Me di cuenta de que podría vivir arrepintiéndome”, admite. Además, quería que su hijo siguiera implicado. “Eso no siempre sucede cuando entra un director. Yo quería que él permaneciera ahí. Y fue maravilloso”.

Como directora debutante, uno de sus mayores retos fue acompañar emocionalmente a un reparto excepcional en escenas de una intimidad extrema. Winslet habla de ese trabajo desde un profundo respeto por su oficio. “He aprendido muy bien qué no decirle a un actor”, afirma. Antes del rodaje, dedicaron tiempo a hablar, a compartir vínculos personales con la historia. Se creó lo que ella describe como un círculo de confianza, un lenguaje común basado en la delicadeza y la honestidad.

Cada intérprete necesitaba algo distinto. Helen Mirren, por ejemplo, pedía indicaciones prácticas y concretas. El papel le resultaba especialmente duro. De hecho, había jurado no volver a interpretar personajes con demencia o enfermedades terminales. Aun así, aceptó leer el guion para apoyar a Winslet como directora novel y acabó rompiendo su propia regla. “Quise devolverle eso”, explica Winslet.

Ese impulso de “ayudar hacia adelante” se reflejó también en su apuesta por nuevos talentos en puestos clave. Varias jefaturas de departamento asumían por primera vez una responsabilidad de ese tamaño. La compositora había sido profesora de música de sus hijos. La diseñadora de producción y la figurinista afrontaban uno de sus primeros largometrajes. El equipo alcanzó una paridad casi exacta entre hombres y mujeres, algo que Winslet considera una responsabilidad más que un logro excepcional. La ausencia de pértigas visibles y el uso de micrófonos ocultos redujeron la sensación de rodaje. “Helen me preguntó un día dónde estaban los micros”, recuerda Winslet. No se había dado cuenta de que no estaban allí. Para la directora, ese comentario fue uno de los mayores elogios del proceso.

Además de dirigir, Winslet interpreta a Julia, un personaje contenido, práctico, cargado de responsabilidad emocional.. “Fue muy difícil hacer este papel y dirigir”, admite. La muerte de su propia madre atraviesa inevitablemente el personaje. Escuchar ciertos diálogos entre otros actores fue, para ella, como presenciar conversaciones que nunca pudo vivir.

Julia es una mujer que sostiene a los demás, que anticipa, que organiza. “No me había dado cuenta de lo parecida que es a mí como madre trabajadora”, reconoce Winslet. La película también explora la complejidad de las relaciones entre hermanos, esa mezcla de fricción y lealtad que se origina en la infancia compartida. “A veces, lo que más une a una familia es precisamente eso”, señala.

Winslet espera que la película resulte reconfortante y que anime a hablar de lo que normalmente se evita. “Nunca sabes cuánto tiempo tienes”, concluye. “Es muy valioso”.

En su debut como directora, Kate Winslet no busca demostrar nada. Amplía un gesto que ha definido toda su carrera y que, en esta ocasión, se extiende también a su propio hijo. “Quiero crear un espacio donde las historias pueden contarse con cuidado, tiempo y verdad”.

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