Sacudiendo el canon cinematográfico: el curioso caso de Jeanne Dielman

De cómo una película semi abandonada en la videoteca del cine y dirigida por una mujer da el sorpaso y se convierte en la mejor de la historia

Jeanne Dielman

Jeanne Dielman (Delphine Seyrig) pela patatas sin saber que también está haciendo historia

En 2022 la revista Sight and Sound, para muchos el sanctasanctórum de las publicaciones cinematográficas, un trasunto de BOE del British Film Institute y autoerigida en guardiana de la ortodoxia cinematográfica, publicaba, como cada diez años desde 1952, su lista de las 100 mejores películas de la historia del cine.

En los días previos, cinéfilos de todo el mundo contienen –contenemos– la respiración ante la inminente aparición del ranking, votado por más de 1.500 expertos en cine de todo el planeta entre críticos (los más), teóricos e historiadores, directores y algún productor, pese a que, fiel al estilo inmovilista que toda institución con vocación de permanencia ha de tener, presenta mínimos cambios de posición, especialmente en el inaccesible panteón de las diez mejores películas de la historia del cine.

Desbancando a Hitchcock

Pues bien, en esta última entrega Sight and Sound sorprendía a propios y extraños concediendo a la belga Jeanne Dielman 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles (Chantal Akerman, 1975), el honor –al menos por 10 años– de ser considerada la mejor película de la historia del cine, desbancando del Olimpo a, ahí es nada, Vértigo (Alfred Hitchcock, 1959) –la cual, a su vez, había hecho lo propio en el listado de 2012 con Citizen Kane (Orson Welles, 1941)– y, de paso, provocando un terremoto entre los sumos sacerdotes del arte cinematográfico.

Jeanne Dielman (resumamos el título completo por el bien de todos) es una rara avis (su título, insisto, ya nos va avisando) de más de tres horas de duración dirigida por la cineasta belga Chantal Akerman a la edad de 25 años (curiosamente la misma precocidad con la que Welles hizo su Kane): 193 minutos de cámara inmóvil que muestra, de manera cuasi documental y obviando la acción narrativa, los quehaceres de un ama de casa viuda y con un hijo en la Bélgica de los años 70 (plancha, cose, prepara la comida, friega los platos) y que además se prostituye para poder pagar el alquiler y vivir de una manera ‘más o menos digna’ (menudo eufemismo).

La directora de cine Chantal Akerman

La directora de cine belga Chantal Akerman

Jeanne Dielman se presenta así como un filme de tesis y un aparente ejercicio de entomología humana que sin embargo esconde una profunda reflexión sobre el hastío y la alienación que determinados roles femeninos provocan: estirando la cuerda podría decirse que Jeanne Dielman es una película ‘anticinematográfica’ puesto que subvierte el propio propósito del lenguaje y la narrativa cinematográfica para conseguir justo lo contrario: que la aparente inanidad de su puesta en escena provoque el mismo hastío que pretende denunciar –hace poco hemos visto algo parecido en la extraordinaria La zona de interés (Jonathan Glazer, 2023)–.

De cualquier forma, la controversia que su condición de GOAT del cine ha provocado no se relaciona tanto con sus hallazgos cinematográficos como con el hecho de quebrar los cánones de Sight and Sound y saltar por encima de media historia del cine hasta situarse en la primera posición del ranking (en el listado de 2012 estaba en la posición 35).

Y como suele ocurrir ante cualquier hecho sorpresivo y que pilla con el pie cambiado al sanedrín del dogma cinematográfico, aparece la catarata de sospechosos habituales en forma de preguntas capciosas: ¿cuánto hay de coyuntura social en esta elección?, ¿cuánto de rigor cinematográfico?, ¿cuánto de corrección política?, ¿cuánto pesa su condición de película dirigida por una mujer en el contexto actual de reivindicación feminista? Bla, bla, bla…

Si partimos de la base de que todo ranking o encuesta se fundamenta en criterios subjetivos y democráticos (y más en la liquidez del arte), el debate se antoja estéril: que Jeanne Dielman sea considerada la número uno es tan injusto como que, por ejemplo, no aparezca ninguna película de Howard Hawks, uno de los maestros del mejor cine clásico estadounidense, o que figuren únicamente dos obras de animación o que solamente haya once películas dirigidas por mujeres, así hasta el infinito y más allá (por cierto tampoco aparece nada de Pixar en este listado).

Entonces… ¿de qué se queja Schrader?

Entonces… ¿de qué se queja Schrader? Frente a los que señalan el resultado de la votación como el acto simbólico de un nuevo paradigma cinematográfico, no tanto narrativo y estético sino como una nueva forma de situar al cine en el mundo, una asunción de cambio y una manera de decir que el arte cinematográfico tiene la obligación de situarse en su época y ser altavoz de todas las Jeanne Dielman del mundo, otras voces del mundo del cine han reaccionado de manera virulenta ante esta disrupción.

'Jeanne Dielman 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles'

Fotograma de ‘Jeanne Dielman 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles’

Quizá el más notorio sea el prestigioso cineasta Paul Schrader, muy poco sospechoso de pertenecer a una tribu cinematográfica rival de Akerman (los dos comparten los mismos códigos en el análisis de la alienación del ser humano en una sociedad que los rechaza abiertamente): el guionista de Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) o Toro salvaje (Martin Scorsese, 1980) considera la decisión como “un reajuste políticamente correcto” y sostiene que “la aparición de Jeanne Dielman en el número uno socava la credibilidad de la encuesta de Sight and Sound“. Y aunque defiende la obra como “una gran película” acaba sentenciando la decisión de los 1.649 votantes “como un hito de la revalorización distorsionada woke“.

Otros simplemente afirman que Jeanne Dielman no sería la mejor película si no estuviera dirigida por una mujer… La queja, obviamente, trasciende el universo cinematográfico y entra de de lleno en un asunto más esquinado: la batalla contra el feminismo que, por fin, llega al celuloide. De eso se trata.

Desde luego, y poniendo a Jeanne Dielman en el contexto de la historia del cine, resulta cuando menos revelador que una mujer sea considerada la autora mejor de todos los tiempos, teniendo en cuenta que, hasta hace relativamente pocos años, el número de directoras podía contarse con los dedos de una mano: Riefenstahl (probablemente la más talentosa pero canceladísima y enterrada en la Historia por sus simpatías nazis), Denis, Varda… hasta las más contemporáneas Bigelow o Campion. Eso ya de por sí es tan extraordinario como justo y meritorio. ¿Justo? ¿Meritorio? La guerra de trincheras cultural favorita del siglo XXI suma un nuevo objetivo.

Está claro que la multitudinaria votación supone un cambio de paradigma y así hay que verlo, y es una lástima. Es una lástima que los hallazgos cinematográficos de Jeanne Dielman, su condición de obra fundacional y su mirada, desacomplejada, sincera y claramente feminista, se vea enturbiada por una absurda polémica que, como suele suceder en la mayoría de las ocasiones no hace sino esconder los valores artísticos de la obra.

Jeanne Dielman es una extraordinaria película, tanto en la osadía de su temática y tono como en su puesta en escena disruptiva y enormemente influyente en muchos autores posteriores: y si, como se afirma, el arte cinematográfico sirve para abrir nuevos caminos narrativos (Ciudadano Kane) o cartografiar los rincones oscuros del alma humana (Vértigo), está claro que Akerman consigue su propósito y construye un filme fundamental para entender la evolución del cine… y eso le ha llevado a ser considerada la mejor película de la historia. Al menos para Sight and Sound.

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