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Todo lo que me fascinó de ‘Criaturas grandes y pequeñas’

La serie británica convierte lo cotidiano en relato y recupera un tipo de ficción sin estridencias, donde el ritmo lento, los cuidados y los personajes femeninos sostienen el verdadero conflicto

Todo lo que me fascinó de 'Criaturas grandes y pequeñas'
Todo lo que me fascinó de 'Criaturas grandes y pequeñas'
Montaje: kiloycuarto

Hay algo poco frecuente en Todas las criaturas grandes y pequeñas: su capacidad para sostener la atención sin recurrir al conflicto constante. Es una serie que se podría definir como “blanca”, en el sentido más literal del término. No hay violencia explícita, no hay giros dramáticos forzados, no hay tensión que obligue a seguir viendo capítulo tras capítulo. Y, sin embargo, funciona.

Parte de esa eficacia está en su ritmo. La serie se mueve en una cadencia lenta, casi contemplativa, que contrasta con el tipo de ficción dominante. Después de una jornada exigente, lo que propone no es más intensidad, sino una forma de descanso. No solo para el espectador, sino también para la propia narración, que se permite detenerse en lo cotidiano sin la necesidad de justificarlo.

Todas las criaturas grandes y pequeñas', la serie perfecta para ver con tus hijos
Todas las criaturas grandes y pequeñas’, la serie perfecta para ver con tus hijos

El paisaje tiene un papel central en esa construcción. Las colinas verdes, las granjas abiertas, las carreteras que parecen no llevar a ninguna parte concreta funcionan como un elemento narrativo más. No se trata únicamente de una decisión estética. Es una manera de situar la historia en un entorno donde el tiempo transcurre de otra forma, donde las urgencias son distintas y donde la relación con el trabajo, los animales y la comunidad define el día a día.

A nivel formal, la serie responde a un tipo de producción reconocible dentro de la televisión británica. Hay un cuidado evidente en la puesta en escena, en el vestuario, en la ambientación. Todo está medido sin resultar excesivo. La sencillez no implica descuido. Al contrario: es una sencillez trabajada, sostenida por una producción que apuesta por la coherencia visual y narrativa.

Dentro de ese marco, los personajes femeninos adquieren una relevancia que no siempre es evidente a primera vista. La serie respeta la ambientación de época, pero introduce matices que permiten leer a estas mujeres desde una perspectiva más compleja.

Fotograma de 'Todas las criaturas grandes y pequeñas'
Fotograma de ‘Todas las criaturas grandes y pequeñas’

Mrs. Hall es uno de los personajes más representativos en ese sentido. Su función visible es la del cuidado doméstico, la organización de la casa, la gestión de lo cotidiano. Sin embargo, su papel va más allá de esa superficie. Interviene en las decisiones, orienta las situaciones y lo hace desde una posición que no cuestiona directamente la autoridad masculina, pero que la condiciona. Su forma de actuar es indirecta, con una capacidad de maniobra que se ejerce sin confrontación.

A esa dimensión se suma un pasado personal que introduce una capa adicional de lectura. Las decisiones que ha tomado en su vida, especialmente como madre, apuntan a una experiencia marcada por la responsabilidad y la renuncia. No es un personaje que se defina por el dramatismo, pero sí por una densidad que se va revelando con el tiempo.

Helen Alderson, por su parte, representa otro tipo de figura femenina dentro del relato. Su papel al frente de una granja la sitúa en un espacio que combina trabajo, gestión y autonomía. No se presenta como una excepción dentro de la historia, sino como una continuidad natural de su entorno. Esa normalización es lo que le da fuerza al personaje: no necesita justificarse.

'Todas las criaturas grandes y pequeñas' está basada en los libros autobiográficos de James Herriot
‘Todas las criaturas grandes y pequeñas’ está basada en los libros autobiográficos de James Herriot

En paralelo, su hermana Jenny introduce una dimensión distinta. La de la elección. Su decisión de dedicarse a la granja, de mantenerse en ese espacio, plantea una idea que atraviesa toda la serie: la legitimidad de optar por una vida que no necesariamente responde a expectativas externas. No hay grandilocuencia en ese gesto, pero sí una afirmación clara de identidad.

Más allá de los personajes, lo que define a Todas las criaturas grandes y pequeñas es su forma de abordar el conflicto. No hay grandes enfrentamientos, sino pequeños ajustes, decisiones cotidianas, relaciones que se construyen con el tiempo. En ese contexto, lo que está en juego no es la supervivencia, sino la convivencia.

La serie prescinde de elementos habituales en la ficción contemporánea —violencia, dramatización extrema, tensión constante— y apuesta por otro tipo de relato. Uno donde los animales, el trabajo diario y las relaciones humanas ocupan el centro. Perros, ovejas, vacas. Historias pequeñas que, en su acumulación, construyen un universo coherente.

La serie está basada en los libros autobiográficos del veterinario británico James Herriot, seudónimo de Alf Wight, que narró su experiencia profesional en la Inglaterra rural de los años treinta y cuarenta. Esta adaptación reciente, producida por Channel 5, actualiza ese universo manteniendo su esencia.

El reparto está encabezado por Nicholas Ralph en el papel de James Herriot, junto a Samuel West como Siegfried Farnon, Anna Madeley como Mrs. Hall y Rachel Shenton como Helen Alderson. Un elenco que sostiene el tono contenido de la serie y refuerza esa idea de relato coral en el que lo importante no es un solo personaje, sino el equilibrio entre todos.

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