TENIS

El otro partido de Venus y Serena Williams: conversaciones sin marcador en Stockton Street

Las dos leyendas cambian la pista por el micrófono para reflexionar sobre éxito, presión, dinero y liderazgo femenino desde la experiencia.

El nuevo podcast de Serena y Venus Williams, Stockton Street
Stockton Street

Tras décadas marcando una era en el tenis mundial, Venus y Serena Williams han decidido cambiar el ruido del estadio por la cercanía del micrófono. Lejos de cronómetros, rankings y raquetas, las dos campeonas abren ahora un espacio propio para contar su historia y escuchar la de otras mujeres desde un lugar más íntimo y reflexivo. Stockton Street, el podcast que conducen juntas, funciona como un regreso simbólico al punto de partida: la calle de Compton donde crecieron y donde, según ellas mismas, se forjó la mentalidad que las llevó a la cima.

El proyecto nace con una premisa clara: hablar sin intermediarios ni filtros. En cada episodio, las hermanas se entrevistan entre ellas, conversan con atletas de élite y con figuras clave del negocio deportivo, y ponen sobre la mesa cuestiones que durante años quedaron al margen del relato oficial. Desde la rivalidad entre hermanas en la alta competición hasta el desgaste emocional del éxito, pasando por la incomodidad como herramienta de crecimiento o la desigualdad económica que sigue marcando al deporte femenino. El tono es directo, a veces irónico y siempre cómplice, con la naturalidad de dos mujeres que ya no tienen nada que demostrar, pero mucho que contar.

Dos caminos hacia la cima

El punto de partida de Stockton Street no es casual. El primer episodio se graba en Arthur Ashe Stadium, un escenario cargado de historia que funciona casi como un espejo de sus trayectorias. Desde allí, las hermanas Williams revisitan su propio relato y se permiten cuestionar uno de los grandes mitos que las ha acompañado durante años: la idea de una rivalidad personal marcada por el conflicto.

Con serenidad y sin dramatismo, ambas desmontan esa narrativa. Sí, hubo competencia feroz, reconocen, pero siempre dentro de la pista. Fuera de ella, lo que predominó fue el respaldo mutuo. “Éramos rivales profesionales, no enemigas”, viene a ser el mensaje que atraviesa la conversación, alejado de la caricatura que durante años se proyectó sobre ellas.

Las hermanas Venus y Serena Williams durante un partido de tenis
EFE

El diálogo avanza hacia la gestión de la presión, un territorio que ambas conocen mejor que nadie. Venus describe una mentalidad basada en el aislamiento absoluto: desconectar del entorno y centrarse exclusivamente en la ejecución. Serena, en cambio, admite que nunca logró (ni quiso) apagar del todo el ruido exterior. Su estrategia fue otra: escucharlo, filtrarlo y convertirlo en impulso competitivo. Dos formas opuestas de afrontar la exigencia máxima que conducen a una misma conclusión: no existe un único modelo para alcanzar la excelencia.

Competir sí importa

Stockton Street abandona el formato de conversación íntima para situarse en plena acción. El podcast se traslada, en uno de sus episodios, a Athlos NYC, un evento concebido para algo más que competir: su objetivo es colocar al atletismo femenino en el centro del espectáculo y del negocio. Allí, Serena y Venus dialogan con Gabby Thomas, campeona olímpica y graduada en Harvard, sobre una idea que atraviesa todo el episodio: la incomodidad como herramienta de crecimiento.

Thomas explica que convertirse en profesional implicó entrar en un ecosistema frágil, muy distinto al de otros deportes más estructurados. “Nadie te dice qué hacer”, resume. Hay que elegir entrenadores, construir un grupo de trabajo y asumir que el camino se dibuja sobre la marcha. Su estrategia fue tan simple como exigente: buscar entornos donde no destacara de inmediato. Rodearse de atletas más rápidas, aceptar ser la última durante un tiempo y usar esa desventaja como estímulo. “El reloj no miente”, afirma, reivindicando la crudeza y la honestidad de un deporte donde todo se mide en centésimas.

Serena Williams, Venus Williams y Gabby Thomas durante uno de los episodios de Stockton Street
Stockton Street

La conversación deriva de forma natural hacia el dinero y la visibilidad, dos cuestiones inseparables. Las Williams plantean sin rodeos la pregunta incómoda: ¿el auge actual del deporte femenino responde a una convicción real o a una tendencia pasajera? La respuesta esquiva los extremos. Reconocen que existe el riesgo de la moda, pero subrayan una realidad difícil de ignorar: cuando alguien invierte de verdad, el ecosistema se transforma. Aumentan los premios, crece el interés del público y, con él, la posibilidad de contar historias que durante años quedaron relegadas al margen.

El método detrás del éxito

Uno de los episodios más reveladores del podcast gira en torno a un cambio de mentalidad tan sencillo como decisivo: dejar de participar para empezar a competir con propósito. La encargada de ponerle palabras es Melissa Jefferson-Wooden, que describe ese giro como el momento en el que dejó de conformarse con estar presente y comenzó a exigirse ser protagonista. Su método no tiene nada de sofisticado, pero sí de constante: escribir objetivos, volver a ellos y visualizarlos como parte del proceso. No para añadir presión, sino para medir el camino recorrido.

La conversación enlaza con una sensación común entre atletas de élite: la dificultad para detenerse a celebrar. Jefferson-Wooden reconoce que, tras una victoria, el disfrute dura poco. “Tu cuerpo gana, pero tu mente ya está en lo siguiente”, admite. Serena Williams asiente desde la experiencia y pone el foco en lo esencial: en la alta competición, el verdadero éxito no es el trofeo, sino comprobar que el método funciona y puede repetirse una y otra vez.

Serena y Venus Williams entrevistando a Melissa Jefferson-Wooden en uno de los episodios de su podcast
Stockton Street

El episodio también abre la puerta a la cara menos visible del alto rendimiento. Vestuarios marcados por la tensión, la competencia constante y, en ocasiones, por la hostilidad. Sin edulcorar el relato, el podcast asume una realidad incómoda: los haters forman parte del camino. La clave, coinciden, no es su existencia, sino la respuesta. Jefferson-Wooden lo resume con pragmatismo: ignorarlos no siempre basta; a veces conviene aprovechar esa negatividad como impulso. Un superpoder forjado con experiencia y resistencia.

El liderazgo sin aplausos

El relato de Stockton Street se expande más allá de la pista cuando entra en escena Jeanie Buss, presidenta de los Los Angeles Lakers. La conversación se mueve entre la memoria personal y la gestión del poder, pero encuentra pronto su eje central: liderar implica decidir, incluso cuando la decisión incomoda.

Buss recuerda sus primeros encuentros con las hermanas Williams y la determinación casi innegociable de su padre, Jerry Buss. Sin embargo, el foco no está en la nostalgia, sino en el aprendizaje. Crecer dentro de una franquicia legendaria, explica, supone heredar privilegios, sí, pero también una presión constante por estar a la altura del legado. “No siempre puedes agradar. Si intentas gustar a todo el mundo, no lideras”, viene a resumir su experiencia.

Jeannie Buss, presidenta de los Lakers
@jeanniebuss

Esa idea conecta de forma natural con el espíritu del podcast. Para Buss, dirigir un equipo no es sólo gestionar talento, sino entender al deportista como una persona completa. De ahí surgen reflexiones sobre vestuarios que funcionan como familias, entrenadores capaces de crear cultura más allá de los resultados y la dificultad de sostener la excelencia en el tiempo. Especialmente cuando las decisiones correctas no son las más populares. Porque, como deja claro el episodio, el liderazgo real rara vez es cómodo.

El peso de ser la primera

El programa amplía su mirada más allá del deporte para adentrarse en el terreno de la representación y el poder simbólico. En un episodio grabado en Inglaterra, Serena y Venus conversan con Emma Thynn, la primera marquesa negra del Reino Unido, sobre lo que significa ocupar un lugar para el que no existen precedentes ni instrucciones.

Lejos de los discursos solemnes, la charla se instala en lo cotidiano: los titulares que reducen una trayectoria a una etiqueta, las expectativas externas y esa presión silenciosa que empuja a convertirse en portavoz de muchos sin haberlo elegido. Thynn lo explica desde la experiencia: la visibilidad llega de golpe, y con ella una carga que no siempre se ve desde fuera.

Emma Thyn junto con Venus y Serena Williams en un episodio de Stockton Street
Stockton Street

La conclusión del episodio es tan sencilla como honesta. En la mayoría de los casos, abrir camino no es un gesto deliberado, sino una consecuencia. Primero está el intento de hacer bien el trabajo, después llega la conciencia de lo que ese logro representa para otros. Y, con ella, una responsabilidad que no se busca, pero que acaba formando parte del trayecto.

El valor de la conversación

Este formato funciona, precisamente, porque rehúye la tentación de pontificar. Serena y Venus no se colocan en el papel de maestras ni de gurús: preguntan, discrepan, se ríen y se permiten dudar. Ese intercambio constante, honesto y sin solemnidad es lo que da forma a un retrato poco habitual del alto rendimiento femenino, donde conviven la ambición sin complejos, la vulnerabilidad sin exhibicionismo y una mirada lúcida sobre el negocio que impulsa, o limita, al deporte.

El podcast va más allá del formato clásico de entrevistas. Se convierte en un archivo vivo de experiencias y aprendizajes, construido a partir de conversaciones que rara vez encuentran espacio en el discurso público. Desde la presión del éxito hasta las decisiones incómodas, pasando por el dinero, la identidad y el liderazgo, todo aparece sin filtros ni consignas prefabricadas.

En ese sentido, Stockton Street confirma algo esencial: incluso lejos de las pistas, las hermanas Williams siguen compitiendo. No por trofeos ni récords, sino por algo más duradero y menos tangible: apropiarse del relato y contarlo con sus propias palabras.

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