Tocar la campana. Para los afortunados que no hayan tenido de cerca el cáncer en su familia o círculo íntimo, quizá no saben qué significa esta frase y porqué es crucial.
Un paciente oncológico la hace sonar el día que ha terminado con su tratamiento. Hoy, como si fuese un símil aunque es real, tras muchas lluvias ha salido el sol en Madrid capital. Nos dirigimos hasta el Hospital Universitario de La Paz donde Elena, de 14 años, va a tocar al fin la campana, la que deja atrás la leucemia.
Tras el último ciclo de quimio ha recibido el alta. Nos recibe “muy nerviosa, feliz, con una mezcla de emociones “. Hoy es una mañana especialmente concurrida. Sus padres y algunas amigas que han hecho ‘novillos’ en el cole forman parte de la comitiva para asistir a un momento tan especial.

“Significa que ya ha pasado todo“, nos cuenta con lágrimas en los ojos. Estas son de felicidad, aunque en el último año ha derramado muchas de amargura, impotencia e incomprensión. “Sobre todo en el primer mes”, nos confiesa.
Un diagnóstico inesperado
Porque Elena recibió un diagnóstico demoledor que venía de algo aparentemente tan cotidiano como un dolor de tobillo. Jugadora de baloncesto desde niña, parecía en principio algo relacionado con un mal gesto en la cancha. La fiebre y un derrame en un ojo alertaron a la familia a acudir al médico.
Apenas un mes antes de que la vida se les diese la vuelta, Elena y su equipo, el Daganzo habían sido parte de la campaña Canastas y goles por la investigación de 2025, que ponía en marcha como cada año desde hace cuatro, la Fundación Unoentrecienmil. “Aunque yo ahí no sabía lo que era esta enfermedad”, nos reconoce.
No podía imaginar que en la de 2026 ella sería la madrina de la campaña. El destino de una enfermedad “que no avisa, y que nunca puedes imaginar que te vaya a tocar”, nos comenta su madre, Isabel. “Tampoco buscar razones. De nada sirve pensar que he comido, si he hecho algo mal, culparte… porque es completamente aleatorio“.
Reorientar la vida para la recuperación
A partir de ese primer diagnóstico llegaron al Hospital de La Paz donde su vida y la de la familia giró por completo para centrarse en la recuperación de Elena.
Elena: “Al principio te haces mil preguntas que no puedes contestarte”
“Al principio no quería salir de la habitación, sólo lloraba, no sabes lo que te pasa, no entiendes, piensas lo injusto que es el mundo y en tu cabeza sólo hay mil preguntas que no puedes contestarte”.
Para ella encontrar un grupo de adolescentes que estaban pasando por lo mismo le cambió por completo la forma de enfrentarse a la enfermedad. Manuel, Carlota y Marta. “Podíamos hablar de cómo nos sentíamos, me entendían, porque estaban pasando por lo mismo que yo, les dolía igual que a mi”, nos cuenta Elena.
“Sólo quieres que pase el tiempo, que pase rápido. Volver a ser tú. Volver a vivir. Todo el mundo debe tener la oportunidad de vivir”.

“En la cabeza tienes continuamente volver a la normalidad, hasta que aprendes que también es importante valorar y aprender del proceso“, nos comenta con una madurez que nos asombra.
Durante estos meses el colegio de Elena y las clases que ha recibido allí en el Hospital se han ido coordinando para que esa normalidad sea la mayor posible una vez que vuelva. “No va a perder este curso“, nos cuenta Isabel para quien el cáncer de su hija ha supuesto un cambio de vida completo. “Tener que dejar el trabajo y centrarse solo en ella”, comenta mirándola.
Ahora que la rutina parece que regresa a su vida nos asegura contundente “No voy a volverme a quejar de ir a trabajar un lunes”.
La importancia de la investigación
Desde las instalaciones de la Aceleradora, Lourdes Amayas, directora de comunicación de Unoentrecienmil nos explica los procesos de los pacientes y los servicios con los que cuentan dependiendo de la fase de la enfermedad en la que estén. “El deporte es importantísimo para su recuperación”, nos explica.

Para Elena el haber podido entrenar a pesar de no seguir el día a día con su equipo ha sido fundamental. “Pensaba que no iba a encontrar momentos de felicidad durante este proceso pero sí los he tenido. Y lo tengo claro: yo soy más que el cáncer”, asegura.
El último día, el primero
El ascensor se abre en la sexta planta. El equipo médico recibe a Elena, también Manuel y Carlota, que sujetan un ramo de flores de peluche para ella. Se funden en una piña. En el día a día ya no estarán juntos, en los estudios o los juegos de mesa de los domingos, “pero esta amistad ya es para siempre” nos dice Elena.
Marta, no ha podido acudir. “No puede salir porque acaba de ser operada de un trasplante, pero la puerta de su habitación está abierta para que pueda oírlo“, nos explica Elena cada vez más emocionada.
El sonido del instrumento se funde con los aplausos. Las lágrimas de Elena e Isabel se contagian al resto. La madre de Carlota nos mira mientras suspira un “ojalá nosotros la semana que viene”.

A los niños que puedan estar leyéndonos y estén en ese primer mes, en esos días que salir de la habitación parezca imposible, Elena sólo quiere animales con su voz y su testimonio lleno de fuerza “que se expresen, que busquen apoyo, que intenten encontrar un grupo con el que compartir todo, y que se puede, que se puede” repite con una sonrisa que hoy no puede borrar de su cara.
Nosotros tampoco.
