DEPORTES

La gran victoria de Rebeca León: empezar de nuevo cuando nada vuelve a ser igual

Hoy compite, sueña con las Olimpiadas y demuestra que las mayores victorias nacen mucho antes de subir al podio.

Hay historias deportivas que se cuentan en trofeos. Otras, en récords y estadísticas. Y luego están las que se miden en valentía, en constancia y en la capacidad de empezar de nuevo cuando la vida cambia de rumbo.

La de Rebeca León es una de esas. Una historia que no se entiende solo desde los resultados, sino desde la fuerza interior que empuja a seguir adelante, a buscar nuevos caminos y a no renunciar a lo que una vez te hizo sentir viva. En conversación con Artículo 14, su voz suena serena, cercana, con la tranquilidad de quien ha aprendido a transformar las dificultades en impulso.

Antes de las sillas deportivas, de las competiciones adaptadas y de las medallas, hubo una joven que no sabía estar quieta, que vivía para entrenar, competir y superarse. Y después, una mujer que se negó a aceptar que su historia con el deporte había terminado.

El deporte era mi vida”, resume. Y hoy lo dice desde un presente distinto, pero igual de lleno de ilusión, en el que ha recuperado algo más que la competición: ha recuperado la sensación de volver a ser deportista.

La fuerza de no rendirse

Rebeca creció en Benidorm con el deporte como lenguaje cotidiano. Jugó al balonmano, probó distintas disciplinas, pero fue en el atletismo donde encontró su lugar. “Siempre me encantó hacer deporte”, recuerda. Competía en pruebas de fondo y logró situarse entre las mejores de la Comunidad Valenciana en los 1000 metros lisos. Correr no era solo una actividad: era su manera de entender la vida.

Con 21 años se trasladó a Madrid para seguir estudiando y abrirse camino. Tenía planes, ilusión y la sensación de que todo estaba por delante. Pero apenas seis meses después, un accidente de tráfico cambió el rumbo de su historia.

La lesión medular que sufrió afectó a su movilidad y la obligó a enfrentarse a una realidad completamente distinta. Fueron días de incertidumbre y de mucha fortaleza por parte de su entorno. Sin embargo, en medio de aquel escenario difícil llegó un pequeño gesto que encendió la esperanza: logró mover un dedo del pie.

Ese movimiento marcó el inicio de un nuevo camino. Después vinieron operaciones, meses de hospital y un largo proceso de rehabilitación. “Lo más complicado han sido los brazos y las manos”, explica. Aún hoy su mano derecha apenas se abre, pero aprendió a adaptarse, a buscar soluciones y a hacer las cosas a su manera.

Porque si algo tuvo claro desde el principio es que su historia no terminaba allí. “Yo pensaba: aquí no me voy a quedar. Yo tengo que hacer cosas”

Volver a sentirse deportista

Durante años, Rebeca tuvo que aprender a habitar un cuerpo distinto y una vida que ya no se parecía a la de antes. En ese proceso probó varios deportes adaptados, buscó sensaciones, intentó reconocerse en nuevas rutinas, pero algo no terminaba de encajar. “Yo necesitaba volver a sentirme deportista”, confiesa.

La respuesta llegó casi por casualidad, el día que vio un anuncio sobre de fútbol en silla en Madrid. “Vi deporte adaptado y dije: voy a ver qué es”. Se acercó por curiosidad, lo probó… y ya no se bajó.

Lo que encontró fue mucho más que una actividad física. “Es muy divertido, muy seguro y muy familiar. Te sientes parte de algo”, explica. En esta modalidad, las sillas llevan protecciones frontales con las que se golpea el balón, y cada jugador adapta los movimientos a sus capacidades. “Yo tengo unos pomos arriba y golpeo con las muñecas”.

Rebeca León junto a sus compañeros de equipo de A-ball, durante una exhibición del deporte
@futbolensilla

Rebeca suele desempeñar roles defensivos, aunque las posiciones cambian según el estado de cada compañera. “Depende del día, de cómo esté cada persona. Todos tenemos un lugar”. Esa flexibilidad, esa manera de entender el equipo, es lo que más valora. Porque más allá del juego, encontró algo que llevaba tiempo buscando: pertenencia. “El equipo es una familia”.

El esfuerzo que no se ve

Lo que el público ve dura unos minutos sobre la pista. Lo que no se ve empieza mucho antes. En el fútbol en silla, cada partido implica una organización compleja. Viajar no es simplemente preparar una bolsa de deporte: hay que coordinar sillas deportivas, sillas personales, vehículos adaptados, accesos a pabellones y tiempos de descanso para cuerpos que no responden igual que los demás.

No es tan fácil. Hay gente que no puede ir sola, que necesita ayuda para entrar a un pabellón”, explica Rebeca. A eso se suma el desgaste físico. Los trayectos largos, las horas sentados y el esfuerzo de la competición dejan huella. “Nuestros cuerpos se resienten muchísimo. Hay compañeros con úlceras, otros que no pueden estar tantas horas sentados”.

Por eso, cuando habla del futuro de su deporte, no menciona primero resultados ni títulos. Pide algo más básico, pero igual de decisivo: visibilidad. “Muchísima más visibilidad”. Porque ser vistos significa recibir más apoyo, contar con instalaciones mejor adaptadas y abrir la puerta a que otras personas con discapacidad se animen a probar.

Su deseo es simple y rotundo: “Que nadie se quede en casa”.

París, rugby y una decisión difícil

Antes de encontrar su lugar en el A-ball, Rebeca también se dejó conquistar por otro deporte de equipo: el rugby en silla. Más físico, más intenso y con una enorme carga táctica, le ofrecía todo lo que siempre le había apasionado: compañerismo, competición y adrenalina.

Su nivel la llevó a competir a escala internacional en un equipo femenino formado por jugadoras de distintos países. “Estuve jugando con chicas que han estado en los Juegos Paralímpicos. Eso me lo voy a llevar para siempre”, cuenta con una mezcla de orgullo y emoción. En París vivió uno de los momentos más especiales de su trayectoria deportiva, compartiendo pista con algunas de las mejores del mundo.

Rebeca León haciendo tiro con arco
@rebecaleongonzalez

Pero el deporte de alto nivel también exige escuchar al cuerpo. Los golpes, las caídas y el desgaste acumulado comenzaron a pasar factura. Una fisura en una costilla y el riesgo de agravar su lesión medular la colocaron ante una decisión tan dura como necesaria. “Creo que lo he dejado en lo mejor. Me dolía todo, y en mi caso una hernia puede significar no poder caminar”.

Entonces entendió que el coraje no siempre está en seguir. A veces también está en saber frenar. Porque cuidarse, también es una forma de seguir ganando.

El sueño olímpico

Con el paso del tiempo, Rebeca fue ampliando su horizonte deportivo y encontró en el tiro con arco un nuevo desafío. Compite en categoría W1 y, pese a las limitaciones en su mano, dispara gracias a un mecanismo adaptado que acciona con un botón. “Es muy metódico, muy mental. Me relaja y me desestresa”, explica.

El arco se convirtió en un nuevo espacio de superación. Horas de entrenamiento, repetición de gestos y una búsqueda constante de la perfección que ya ha dado frutos: Rebeca ha logrado el oro en la modalidad W1 del Campeonato de España. Un logro que no solo premia su puntería, sino también su constancia.

Rebeca León en el campeonato de Rugby de París
@rebecaleongonzalez

Pero su mirada no se detiene ahí. Ahora apunta más lejos, hacia una diana mucho mayor. “Me gustaría llegar a los Juegos de 2028”, dice con una naturalidad que impresiona. Como si soñar en grande no fuera una excepción, sino la consecuencia lógica de todo lo que ha aprendido en el camino.

Para quien ha tenido que reconstruir su vida paso a paso, fijarse una meta olímpica no es una locura: es simplemente el siguiente objetivo.

Un mensaje que va mucho más allá

Cuando se le pregunta cómo le gustaría que la recordaran, Rebeca no habla de títulos ni de medallas. Su respuesta es sencilla y directa: “Por ayudar a los demás. Por encima del deporte y de todo”.

Esa vocación de acompañar y animar forma parte de su manera de entender la vida. Por eso insiste una y otra vez en un mensaje que va más allá de la competición: “Que nadie se quede en casa. Siempre hay un hueco para todos. A lo mejor no es lo que tú estabas pensando, pero aparece otra cosa en la que encajas”.

Su historia, marcada por un giro inesperado, no terminó en el momento más difícil. Al contrario: fue el punto de partida de una nueva forma de luchar, de competir y de vivir. Rebeca León no solo volvió a sentirse deportista, también se convirtió en referente para quienes buscan un lugar después de que todo cambie.

Porque su mayor victoria no está en un podio, sino en demostrar que, incluso cuando la vida obliga a empezar de otra manera, todavía se puede seguir avanzando.

El impulso de un nuevo deporte

El recorrido de Rebeca forma parte de algo más amplio. Su experiencia coincide con el impulso de una modalidad que está encontrando, poco a poco, su espacio en el panorama deportivo español. Mientras ella persigue metas personales, también integra una generación de deportistas que está empujando los límites y abriendo oportunidades para quienes vendrán detrás.

El fútbol en silla de ruedas eléctrica, conocido como A-Ball, atraviesa una etapa decisiva. Esta temporada ha comenzado su primera liga de ámbito nacional, un paso histórico para el deporte de personas con discapacidad. Detrás de esta competición hay años de desarrollo técnico, incluida una silla diseñada específicamente para este juego, que permite controlar y lanzar el balón mediante sistemas adaptados a cada jugador.

Un entrenamiento de A-Ball en las instalaciones de la Universidad Politécnica de Valencia

Los primeros encuentros confirmaron el potencial del proyecto. En Valencia, el conjunto UPV IN arrancó con una victoria contundente; el Valencia CF también se impuso con claridad en su desplazamiento a Cantabria; y la jornada inaugural se completó con un nuevo triunfo del equipo valenciano en Madrid. Resultados que, más allá de los marcadores, reflejan que la estructura competitiva empieza a consolidarse.

Este crecimiento va acompañado de nuevas iniciativas para ampliar la oferta deportiva adaptada, sumar disciplinas y dar mayor estabilidad a las competiciones. Es el tipo de avance que deportistas como Rebeca llevan tiempo reclamando: más visibilidad, más recursos y más caminos para que nadie se quede sin la posibilidad de probar. Porque cada nueva liga no solo organiza partidos, también abre puertas. Y en ese movimiento colectivo, historias como la suya dejan de ser casos aislados para convertirse en parte de un cambio que ya está en marcha.

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