Resiliencia, sería la mejor palabra para definir la vida de Sheila Martínez. Nacida en Valencia (1998) comenzó su andadura deportiva en los terrenos de juego y con un balón entre sus piernas. “Siempre en la hora del patio del colegio tenía un balón encima“, recuerda en exclusiva con Artículo 14. Formó parte de las dos canteras más importantes de la ‘terreta’, Valencia y Levante. Este último el club de su vida, el conjunto granota ya la homenajeó cuando se proclamó Campeona de Europa, cumpliendo uno de sus sueños, pisar el Ciutat de València.
Aunque ahora se encuentre en un buen momento tanto deportivo como personal, no siempre ha sido así. Su vida podría ser perfectamente una película de cine. Con 17 años, y tras ser maltratada por sus padres, hizo el equipaje y se fue de casa. Estuvo viviendo en la calle durante 15 días. “Mi primera meta era jugar en un equipo grande en el fútbol. Esa época a nivel deportivo fue buena, pero a nivel personal muy mala”, cuenta aparentemente emocionada.
Y, entre balones de fútbol, encontró su vía de escape a una situación nada fácil de gestionar a esa edad, el boxeo le ‘salvo’. “La primera vez que me puse los guantes sentí que era mi deporte. La ilusión de ser jugadora profesional de fútbol se me fue, y empecé a soñar con ser campeona del mundo de boxeo. Fue duro tener que dejar uno de mis sueños atrás, pero el boxeo me dio ese impulso de dejarlo (el fútbol) y dedicarme al ring plenamente”, relata.
Los inicios de Sheila en el boxeo
Empezó a boxear para dejar un poco las preocupaciones del día a día y esa etapa tan desafortunada que le tocó vivir. Con sus guantes en las manos, sus vendas y tocando el suelo de su gimnasio de entrenamiento, empezó a hacerse un hueco en el boxeo. Primero amateur donde consiguió ser Campeona de España (2019), ese primer título la convenció para dejar el fútbol y poner todos sus sentidos en las artes marciales.
“Mis inicios en el boxeo fue una mezcla de muchas emociones. Desde el primer momento sentía que era mi deporte a nivel profesional, porque es muy diferente el boxeo amateur que profesional. En el profesional tienes que valer, yo sentía que valía”, recuerda.
El boxeo es uno de los deportes que más preparación física y mental se necesita. Sheila lo tiene claro desde el primer momento, por ello, entrena a un total de cinco-seis horas al día. Mucho sacrifico y constancia diaria para llegar al mejor nivel en cada una de las competiciones. “Cuando tengo un mal día, intento pensar en ese sueño que tengo desde que me puse los guantes por primera vez. Me preparo en cada entrenamiento a mi 200% para el día de la pelea estar al 300%”, explica.

Y, como toda boxeadora tiene sus propios rituales antes de saltar al ring. Las horas previas al combate no le gusta estar con nadie, solo pasear con su equipo y con su entrenador. Y, cuando se acerca el momento de la pelea, Sheila confiesa que la música le ayuda a recordar su pasado. “Me da esa rabia y ese impulso a la hora de subir al ring, cuando subo al ring me sale esa vena asesina”, cuenta con una pequeña sonrisa en la cara.
Sus sueños y un recordatorio para toda la vida
Pero, cuando le preguntamos a quién dedica sus triunfos, el silencio se hace protagonista de la conversación y unas pequeñas lágrimas de emoción aparecen en la cara de una Sheila Martínez que ha pasado por mucho para ser la que es hoy. Emocionada coge aire, respira y reconoce que la pregunta le ha tocado en lo más profundo de su corazón. Tras varios minutos, se limpia la cara y se recompone. “Me lo dedico primero de todo a mí, mejor dicho a mi niña pequeña, porque diría que si pudiese volver al pasado y decirle a mi niña pequeña lo que ha logrado, yo creo que no se lo creería, entonces se lo dedicaría a ella”, confiesa aún con alguna lágrima en su rostro.
Ahora, consolidada en el boxeo español, tiene entre ceja y ceja un único sueño, ser Campeona del Mundo profesional. Ese anhelo que va a perseguir hasta que las fuerzas flaqueen, aunque no deshecha otros objetivos por el camino. “No descarto nunca la idea de ser olímpica, a cualquier deportista de élite le gustaría estar en unas olimpiadas. Pero, diría que ahora mismo mi objetivo no es ese, mi objetivo es ser campeona del mundo”.

Y, para ello cuenta con una cosa que también ha tenido que trabajar mucho, la confianza en ella misma. Se conoce a la perfección y sabe cuáles son sus puntos fuertes. Además, en cada pelea, tal y como ella misma cuenta, examina al rival con lupa y prepara cada combate en función de su oponente, algo que hace que vaya mucho más preparada en cada desafío.
La desigualdad en el deporte: “No se puede vivir del boxeo”
Aunque sobre el ring las cosas le están yendo bastante bien, fuera de él todavía hay mucho camino que recorrer. Sheila es consciente de que de las artes marciales es difícil vivir. “Del boxeo no se puede vivir y si eres española, menos. Y, si eres mujer tampoco, pero los hombres, igual. Hay muy pocos hombres que puedan vivir del boxeo”, declara.
Asimismo, la boxeadora valenciana explica la diferencia salarial que existe entre hombres y mujeres dentro del boxeo. “Los hombres cobran más que las mujeres, porque al final ellos pelean tres asaltos y nosotras peleamos dos”. Pero, aún así alza la voz para que esto se modifique. “A mí personalmente me gustaría que esto se cambiase para que no digan, no es que cobráis menos porque hacéis menos minutos. A mí me gustaría hacer asaltos de tres minutos, pero bueno, yo creo que en un futuro eso poco a poco irá cambiando”, explica.

Además, Sheila quiere dejar claro que no recibe ayudas para sus peleas, por eso, compagina su pasión con un trabajo. En muchas de sus peleas no ha recibido ninguna compensación económica y cuando la recibe, ella misma reconoce que “es penosa”. Una precariedad que la valenciana quiere cambiar para que las deportistas españolas que se dedican al boxeo puedan vivir de ello, como ocurre en otros países. Pero, hasta que llegué ese momento, Sheila Martínez promete a Artículo 14 cumplir el que sería el sueño de su vida. “Voy a quedar campeona de Europa y voy a optar a pelear por un título del mundo y voy a ganar el título del mundo”, concluye.
