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Yarliane Moreno: “No hablo de política porque no me interese, sino por prudencia”

La futbolista venezolana, que repasa sus inicios con Artículo14, reconoce que se mantiene al margen de comentar la situación politica de su país por precaución

Yarliane Glamar Moreno Hernández, “La Pantera”, aterrizó hace seis años en Tenerife con la idea de dar un paso adelante en su carrera deportiva como futbolista. Apenas cumplida la mayoría de edad dejó atrás a toda su familia en su Venezuela natal. “Al principio siempre se sufre un poco”, reconoce la centrocampista de la selección vinotinto. “El primer año en España todo me resultó especialmente difícil porque echaba mucho de menos a mi familia”. Esa añoranza se ha hecho más fuerte durante estas últimas semanas.

Los acontecimientos ocurridos en su país, que se han saldado con la detención de su presidente Nicolás Maduro a manos del ejército de Estados Unidos, le han devuelto a ese desasosiego. Y es que estar a más de 5.800 kilómetros de sus seres queridos no ayuda a tener la mente despejada.

Ahora mismo vive pegada al teléfono más que nunca. “Hablo casi todos los días con mi familia para comentar un poco la situación del país, pero lo realmente importante es que todos están bien”, espeta. En la calle también le preguntan por la delicada situación política que atraviesa su país tras la designación como nueva presidenta venezolana de Delcy Rodríguez. “Es lógico, la gente ve las noticias y está al tanto de todo”.

Callar por prudencia

Ella, sin embargo, prefiere no pronunciarse de manera pública. “Es que no tengo ni idea de esas cosas”, se justifica. Tampoco con el resto de compatriotas que juegan España comenta mucho al respecto. “No quiero que se piense que es porque no me interesa el tema, no hablo de política por prudencia y porque también tengo que estar pendiente de otras cuestiones como es mi familia”.

Lo cierto es que Guasdualito, su localidad natal de unos 70.000 habitantes que se dedican sobre todo a la ganadería, está situada en el interior del país, justo en la frontera con Colombia, a más de once horas en coche desde Caracas. Eso implica que los disturbios de la capital tengan un eco bastante menor. “Es un pueblo pequeño donde no hay muchas cosas”, indica Yarliane.

Allí vivió con su padre Martín, con su madre Silvia, “que trabaja en el comedor de una escuela”, y con sus tres hermanos (dos chicas y un chico). “Todos están muy orgullosos de lo que he conseguido hasta ahora”, subraya la mayor de los cuatro hijos.

El acontecimiento que lo cambió todo

En los meses de junio y julio 2015 el pueblo se hizo tristemente famoso por el desbordamiento de los ríos Arauca y Sarace debido a las lluvias torrenciales que cayeron en la zona. La mayoría de las calles estaban inundadas. El agua llegó a sobrepasar en algunos puntos los dos metros de altura. La familia de la futbolista permaneció veinte días sin luz después de haber sido desalojada en canoa junto a varios vecinos para que, al menos, tuviera un refugio donde dormir.

A sus quince años le tocó remar por la zona anegada para tratar de echar una mano. Aquel agua no era pura ni cristalina. Estaba sucia y una bacteria la atacó a sus pulmones. Dos meses en el hospital fue tiempo suficiente para reflexionar sobre lo que quería hacer con su vida.


Fue la primera vez que pensó en dejarlo todo, sin embargo, priorizó su sueño de ser futbolista profesional para tratar así de ayudar a sacar adelante a su familia. Lo que estaba claro es que, si permanecía en Guasdualito, iba a ser muy complicado cumplirlo. Sus primeras patadas al balón las dio con siete años en las canchas de cemento próximas a su casa en el barrio de El Gomero gracias al consejo de que le dieron a su padre -que siempre le apoyó en todas sus decisiones- para que le llevara a una escuela de niños. “Era bastante raro que allí las mujeres jugaran al fútbol”, explica.

Eso no supuso ningún obstáculo. Con solo 13 años acudió a un camping cerca de Guasdualito “donde una de las jugadoras de la selección se fijó en mí”. Se refiere a la portera Alexa Castro. Esta mujer se hizo conocida a raíz de una carta firmada por 24 futbolistas de la vinotinto en la que denunciaban los abusos y acosos sexuales tanto físicos como psicológicos que habían sufrido a manos de su exseleccionador sub 17 Kenneth Zseremeta.

La denuncia, además, incluía el testimonio de una jugadora que decía haber sufrido abusos sexuales por parte del técnico desde los 14 años hasta que le despidieron en 2017. “Aunque suene una locura, para nosotras era normal que nuestro entrenador opinara, comentara y nos preguntara sobre nuestra sexualidad e intimidad aun siendo menores de edad”, rezaba la misiva.

Seleccionada en sólo tres días

Con la ayuda de Castro, a la joven venezolana le llegó su primera oportunidad en un equipo del estado de Barina. “Solo duré tres días porque de allí me llevaron a la selección”. Su familia estaba encantada. Iba a ser la primera futbolista de la saga. “Mi padre y mi tío solo eran aficionados y hasta entonces para ellos el fútbol solo era su hobby”.

Con 13 años era internacional en categorías inferiores con Venezuela y ya jugaba con el número 10 a la espalda en el Zamora, un equipo amateur que se había fundado un año antes de su llegada. Como el resto de clubes no tenía la obligación de firmar un contrato a sus jugadoras.

Doce horas de bus

Ese amateurismo desapareció un año más tarde con la creación de la Superliga, donde las futbolistas de 14 equipos empezaron a cobrar salarios y a estar aseguradas. Y luego estaba lo de ir a entrenar, que también tenía su miga. Salía de casa de madrugada, y se pasaba seis horas en el autobús para dar unas cuantas patadas a un balón. Luego entrenaba, y de nuevo viaje de vuelta en la guagua.


Dos años en el Zamora, un club sin ningún título hasta la fecha, le abrieron las puertas del Deportivo Tachira, el actual subcampeón de la Superliga, y a la posibilidad de acudir en 2016 con su selección al campeonato Sudamericano Femenino sub 17, donde fueron campeonas, y a la Copa del Mundo de esa misma categoría.

Tras solo un año en Tachira partió rumbo al Flor de Patria, el segundo conjunto más laureado del país después de la Academia Integral de Fútbol Femenino (ADIFFEM), con sede en Montalbán. Su último equipo antes de dar el salto a Europa fue el Cúcuta Deportivo, que durante seis meses le permitió conocer más de cerca otra liga como la colombiana. Fue en esa misma época cuando intervino en el documental “Nos llaman las guerreras” donde aparecen sus padres y ella misma narrando en primera persona las vicisitudes que tuvo que atravesar la joven antes de ser conocida como “La Pantera”.

Una doble elección

Un buen día recibió de su agente la llamada que tantos años llevaba esperando. “Recuerdo que estábamos concentradas en plena pandemia con la selección para jugar una eliminatoria contra Argentina”. La sorpresa fue mayúscula cuando le comunicaron que, en realidad, había una doble propuesta. Tenía que elegir entre el Deportivo de A Coruña y el Granadilla Tenerife. “Me habían hablado muy bien de la isla y en el equipo estaban otras dos venezolanas, Nayusca Cáceres y Wilmary Argüelles, así que no me costó mucho decidirme”, precisa. A las primeras de cambió ya notó las diferencias de competir en Europa. “El aspecto técnico es mucho más elevado, pero, sobre todo, por el dinero”. Y es que, por ejemplo, Yarliane Moreno comenta que en Venezuela es “imposible” vivir del fútbol “mientras que acá te puedes manejar muy bien con lo que ganas”, añade la futbolista que se define como una centrocampista “más defensiva que ofensiva” con bastante fuerza y velocidad.

“En Venezuela es imposible vivir del fútbol”

La elección de la isla no obedeció solo a la presencia de dos compatriotas. Históricamente el archipiélago mantiene un vínculo muy fuete con Venezuela, al punto de considerarla de modo cariñoso como la “octava isla” -antes de que fuera oficialmente designada La Graciosa- debido al gran flujo de canarios que fueron a su país a buscar fortuna desde el siglo XVI. “Me costó mucho adaptarme, aunque tengo que reconocer que el ambiente aquí es muy parecido porque tenemos muchas cosas en común y también porque hay mucha gente venezolana que me hacen sentir como en casa”, asegura. Ni siquiera echa en falta la comida de su país. “Bueno, algo sí, pero es que aquí todo está superbueno”, se apresura a decir. Por encima de todo la paella, sin depreciar algunos pescados que le encantan “como el cherne”.

La parte más dura del fútbol

En la isla es feliz. La afición del Costa Adeje Tenerife le adora. “Es que ya llevo aquí seis años lo que permite que la gente me vaya conociendo”. Ahora bien, no todo han sido alegrías a lo largo de todo este tiempo. “La verdad es que, desafortunadamente, las lesiones me han tenido mucho tiempo fuera de los campos, pero creo que al final es una parte del proceso futbolístico”.

Se refiere a una lesión de menisco de la que tuvo que ser intervenida y que le tuvo más de un año parada hace tres temporadas. Fue un momento tan complicado que hasta volvió a pensar por segunda vez en abandonar el fútbol. Luego le siguieron otras lesiones que le apartaron varios meses de los terrenos de juego, lo que le provocó de nuevo la lógica frustración. El paso de los años le ha hecho ser más pragmática. “Al final sabes que hay que seguir superando todos los obstáculos para seguir trabajando y convertirte en una mejor futbolista”, asegura.

Su mejor experiencia es, “sin duda”, haber jugado tantos partidos “como lo he hecho hasta ahora”. Hacerlo con su selección “ha sido siempre un auténtico orgullo” y vestir la camiseta del Costa Adeje Tenerife colma todas sus aspiraciones. Eso no quiere decir que una mujer tan ambiciosa como ella haya dejado de aspirar a la idea de acabar su carrera deportiva en un club de campanillas ya sea de España o de Europa. De momento, solo piensa en el día a día y en seguir jugando “hasta que las rodillas me lo permitan”.

La idea de la maternidad Yarliane la tiene aparcada. Sonríe incluso cuando le preguntan por el tema. “Estoy sola y sin pareja, así que no tengo a nadie metiéndome prisa para ser madre”.

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