Vienen del lejano Oriente, y también producen en suelo europeo. Hace unos años, nadie hablaba de ellos, y ahora están en boca de todos. Y ni las restricciones en las ayudas como el Plan Auto+ parecen frenarles. De hecho, les ha hecho ser más creativos.
Los coches eléctricos de China han hecho saltar las alarmas en la Unión Europea, con el líder en la producción mundial de EV duplicando la capacidad de fabricación europea en el sector y arrasando entre los consumidores.
Las cifras de los coches eléctricos chinos que asustan a Bruselas

El coche eléctrico chino está en su mejor momento, y no parece que su estatus vaya a ir a peor. Todo lo contrario, lo difícil será pararlo. Ya superan las 34,5 millones de unidades producidas, y duplican el ritmo de los fabricantes europeos.
Es más, hay países donde los vehículos eléctricos de origen chino superan una cuarta parte de la cuota de mercado. En España, por ejemplo, se sitúa en el 23,3%, según datos de ANFAC.
Cada vez es más común ver en nuestras calles coches de BYD, MG, Chery… Son un total de 22 fabricantes de origen chino en nuestro país. Por no hablar de que los rompe récords de Xiaomi podrían tener su desembarco en el año 2027, y ya hay mucha gente pendiente de su venida.
Este dominio no es fruto del azar, pues China llevaba ya un par de décadas trabajando en la movilidad eléctrica. Asimismo, el gigante asiático aglutina prácticamente cada aspecto de la producción. En dicho país, se produce desde la extracción de litio hasta la fabricación de celdas de batería de última generación.
Para frenar este avance masivo, y tras las investigaciones por subsidios desleales, la Unión Europea ha impuesto serios aranceles a algunas de las marcas. Destacan el 35,3% impuesto a SAIC (MC), el gravamen de 17,4% a BYD y el 19,9% a Gelly (Volvo/Polestar).
No obstante, ni con estos tributos adicionales se frena la competitividad de la movilidad eléctrica de los fabricantes asiáticos. Gracias a sus bajos costes de producción (sin reducción destacable en la calidad), pueden ajustar los precios incluso contando con los aranceles europeos.
A los europeos y europeas parece no importarles el origen de la marca. La inflación y otros quebraderos de cabeza han hecho que muchas personas apuesten por las opciones más económicas y funcionales, facilitando el auge del vehículo chino a niveles de confianza que no hace mucho tiempo parecía imposibles de darse.
Situación en España: estado de las ayudas y las fábricas chinas en suelo español

El Plan Auto+ funcionará como una subvención con fondos europeos que podría exigir que hasta el 70% de piezas y componentes sean fabricados en Europa para poder beneficiarse de la ayuda en la compra.
¿Y esto en qué posición deja a los coches eléctricos de China? Pues, para empezar, Europa apenas fabrica baterías propias. Son los gigantes chinos como BYD o CATL los que se las proporcionan, así como varios componentes importantes de los vehículos.
Por lo tanto, incluso las casas de origen europeo se verían afectadas por esta medida, si finalmente se aplicase.
Respecto a las marcas asiáticas, la respuesta a los aranceles y a las restricciones en las subvenciones lleva ya un tiempo en marcha: llevar la producción a la UE. Y España, precisamente, se ha posicionado como la localización favorita de las empresas chinas.
Sin ir más lejos, Chery fabrica en la Zona Franca de Barcelona modelos como el EBRO. Además, algunas piezas prefabricadas de SAIC se producen en Linares. Omoda y Jaecoo prevén generar más de 1.200 empleos y empezar a fabricar coches en España para 2026. Y estas son sólo algunas muestras.
Proyectos como estos permiten a los asiáticos esquivar los aranceles y generar más confianza en los compradores de España y de Europa, ofreciendo vehículos de “producción local” (parcial o totalmente).
En definitiva, el vehículo eléctrico de origen chino siempre encuentra una respuesta a los baches en su camino. Su anticipación a las inconveniencias le ha permitido alcanzar el estatus del que actualmente goza.
Ahora, Europa debe dar con la clave para acelerar su ritmo, e incluso reinventarse si es necesario, para poder competir con unos rivales asiáticos que parecen no tener techo.
